Parte I
La ciudad no dormía. Solo aprendía a cerrar los ojos durante unos segundos.
Desde la ventana del apartamento, las luces de los edificios parecían atrapadas entre el concreto. Los motores seguían rugiendo en las avenidas, una sirena se alejaba por alguna calle y , en algún lugar, un perro ladraba hacia una oscuridad que nadie más parecía notar.
Angel sostenía una taza de café que llevaba demasiado tiempo fría. No buscaba inspiración. Tampoco respuestas. Solo esperaba que pasaran los minutos
Había descubierto que el tiempo era una de las pocas cosas que continuaban avanzando incluso cuando una persona sentía que su propia vida llevaba meses detenida
El reloj de la oina marcó las 3:33
Angel levantó la mirada
no sabia por que aquella hora le resultaba familiar. No recordaba haberla asociado jamás con algo concreto, pero cada vez que aparecía sentía la misma presión en el pecho. Una sensación absurda, casi física, como si alguien acabara de pronunciar su nombre desde una habitación vacía
Desvió la mirada
—-Que tonteria…
Terminó el café y dejó la taza sobre la mesa.
El apartamento era pequeño y demasiado ordenado. Una estantería con algunos libros.Una lámpara. Una mesa de madera marcada por los años. Una planta que sobrevivió contra toda lógica
Y un marco vacío junto a la puerta
Ángel se detuvo frente a él.
No recordaba haber colocado aquel marco allí.
Sin embargo,cada vez que pasaba delante sentía una impresión extraña: la certeza de que había habido una fotografía dentro. No podía imaginarla. No podía recordar quien aparecía en ella. solo sabía que faltaba algo .
Últimamente le ocurrían demasiadas cosas así.
llaves que aparecen en lugares donde juraba no haberlas dejado, Canciones que podía tararear completas, pero cuyo nombre era incapaz de recordar. Rostros familiares que se desdibujan cuando intentaba reconstruirlos.
Nada lo bastante grave para preocupar a nadie.
pero sí lo bastante extraño para hacerle sentir que algo, en algún lugar, estaba cambiando .
Ángel se volvió.
LAs ventanas estaban cerradas
EL aire olía a papel antiguo.
Entonces sonó el timbre
Una sola vez.
Seco. PReciso
Miro el reloj.
3:34.
Se acercó a la puerta y miró por la mirilla
Nadie.
Abrió con cautela.
El pasillo estaba vacío.
Las luces parpadeaban con la lentitud enfermiza. No había ascensor en movimiento.
Solo silencio.
Angel estaba a punto de cerrar cuando lo vio.
Un sobre negro descansaba exactamente en el centro del felpudo.
No tenía sello. No tenía remitente. Solo llevaba escrito un nombre.
Angel.
Lo recogió
El papel era grueso y frío, casi impropio de un sobre. Al abrirlo una tarjeta blanca.
Una dirección
Y una frase.
«Lo que haz perdido aún puede recuperarse»
Debajo aparece la dirección de un edificio que Ángel conocía solo de nombre. Al final , escrito con tinta roja , había algo más
Piso 99.
Angel soltó una risa breve.
Parte II
No existe ningún edificio de noventa y nueve pisos en aquella zona.
Dejo la tarjeta sobre la mesa.
Intentó convencerse de que era una broma.
Pero volvió a leer la frase.
«Lo que has perdido aún puede recuperarse.»
Esta vez no se rio.
Algo dentro de él había reaccionado antes que su razón.
¿Qué había perdido?
Busco una respuesta.
No encontró ninguna.
Solo aquella sensación de estar frente a una puerta que su memoria se negaba a abrir.
___________
Por la mañana, Angel salió de casa con el sobre guardado en el bolsillo interior de la chaqueta.
Se repitió varias veces que no pensaba seguir aquella dirección.
Lo dijo hasta que llegó a la avenida.
Las personas caminaban con normalidad. Un hombre alimentaba palomas. Una mujer hablaba por teléfono. Un repartidor cruzaba la calle con prisa.
Todo parecía normal.
Demasiado normal.
Entonces un niño se detuvo frente a Ángel.
lo miró fijamente.
–Llegas tarde.
La madre tiró suavemente su brazo.
–Perdón, señor. Mi hijo tiene mucha imaginación
Continuaron caminando.
Angel se quedo inmovil.
MIro hacia atrás.
El niño también lo observaba.
Pero ya no sonreía.
Angel siguió caminando.
En una cafetería escucho una anciana decir algo que no pudo evitar recordar:
—Algunos ascensores no suben…
Una pausa.
—Te llevan
Unos minutos después, un vendedor ambulante le entregó por error un folleto. En el reverso había dibujado un ascensor.
Debajo aparece el número 99
Angel lo devolvió sin decir nada.
Cuando levanté la vista comprendí que había caminado mucho más de lo que recordaba.
Frente a él estaba la avenida de la tarjeta.
No había ningún edificio de noventa y nueve pisos.
Suspiro.
Se dio media vuelta.
—¿Buscas este edificio?
La voz pertenecía a un anciano con uniforme azul de barrendero.
Angel miro al hombre.
—Si…bueno. No exactamente.
El anciano sonrió.
PARTE III
—Casi nadie lo busca. Es él quien llama.
Señaló un espacio vacío entre los edificios.
Angel frunció el ceño.
Allí solo había un callejón.
Parpadeo.
Y el callejón ya no estaba.
En su lugar se levantaba un edificio oscuro y elegante. La fachada de piedra negra parecía absorber la luz del día.
No tenía letrero.
No tenía ventanas abiertas.
Parecía llevar siglos allí.
Angel estaba seguro de que un instante antes no existía.
Volvió la mirada al anciano.
Había desaparecido.
Solo quedaba la escoba apoyada contra un poste de luz.
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Editado: 25.08.2026