Lo trasladaban por uno de los corredores subterráneos cuando dos científicos comenzaron a discutir detrás de él. Los guardias caminaban a ambos lados, atentos a sus manos, como si el simple movimiento de sus dedos pudiera quebrar el mundo. No estaban del todo equivocados..Cronos avanzaba en silencio.
La instalación seguía siendo igual en todas partes: paredes blancas, luces artificiales, puertas metálicas y ninguna ventana. Tampoco había relojes. Ni siquiera los paneles electrónicos mostraban la hora.
Todo estaba diseñado para arrancarle la sensación del paso del tiempo. Pero nadie podía impedirle escuchar. Las voces de los pensamientos llegaban aunque las bocas permanecieran cerradas.
Si Aión consigue estabilizar la transferencia, necesitaremos más candidatos.
Cronos levantó apenas la cabeza. Aión. Una de las científicas pensó inmediatamente:
El director quiere comenzar la fase de replicación apenas terminemos el mapeo cerebral.
El muchacho siguió caminando. No debía reaccionar. No todavía. Había aprendido algo desde que despertó en aquella instalación: cada vez que demostraba saber demasiado, ellos aprendían algo sobre él. Así que guardó silencio. Y escuchó. Lo introdujeron en una sala circular.
Había una silla en el centro y, alrededor, enormes paneles cubiertos de gráficos que no comprendió completamente. Sí reconoció una cosa. Su energía. Habían representado mediante líneas azules y blancas las alteraciones que producía cada vez que manipulaba el tiempo. Cronos sintió un escalofrío. Había meses de registros. Quizá años. Los científicos no habían exagerado. Lo habían observado durante muchísimo tiempo..Una mujer señaló la silla.
—Siéntate.
Cronos no obedeció.
—No.
Uno de los guardias avanzó..El director, que observaba desde el otro extremo de la habitación, levantó una mano.
—Déjenlo.
Cronos lo miró. Escuchó inmediatamente su pensamiento.
Todavía necesitamos cooperación espontánea para comparar resultados.
El muchacho casi sonrió.
—No voy a cooperar.
El director levantó una ceja.
—No te lo pregunté.
—Lo pensaste.
Silencio. La expresión del hombre cambió apenas..Cronos se sentó por decisión propia. Precisamente por eso..Quería que supieran que todavía podía elegir..Un aro metálico descendió desde el techo. Cronos se tensó.
—No.
—No va a tocarte —dijo una científica.
—No te creo.
El director suspiró.
—Es un lector energético.
Cronos miró la máquina..Después escuchó otra mente.
No queremos contacto hasta determinar si responde defensivamente.
Verdad..Por ahora. Se quedó quieto. El aro comenzó a girar. Una luz azul recorrió su cuerpo. Cronos sintió el campo temporal reaccionar..El zumbido de los inhibidores aumentó..Intentó tocar mentalmente el tiempo..Nada..Entonces apareció una imagen en las pantallas..Una estructura compleja. Espirales. Ondas.
Puntos de energía que parecían desplazarse hacia delante y hacia atrás al mismo tiempo. Los científicos se acercaron fascinados.
—Ahí está —murmuró uno.
Cronos lo escuchó pensar antes de que continuara.
La matriz Aión.
El niño levantó los ojos.
—Así se llama.
Silencio. El director hizo una mueca..Cronos miró las pantallas.
—Proyecto Aión.
Nadie respondió. No hacía falta..El nombre estaba en todas sus mentes.
—¿Qué significa? —preguntó Cronos.
El director permaneció callado..El muchacho lo observó.
—Puedo escuchar la respuesta igualmente.
—Entonces para qué preguntas.
—Porque quiero saber si eres capaz de decir en voz alta lo que estás haciendo.
La frase golpeó. Algunos científicos desviaron la mirada. El director no.
—Aión es el intento más avanzado de la humanidad por independizarse de las limitaciones del tiempo.
Cronos frunció el ceño.
—Eso suena muy bonito.
—Es verdad.
—No completa.
Silencio. El muchacho escuchó. Y esta vez no encontró una sola mente. Encontró decenas. Todas alrededor. Todas repitiendo fragmentos de un mismo proyecto.
Extracción.
Replicación.
Transferencia.
Compatibilidad.
Candidatos.
Cronos sintió que el estómago se le cerraba.
—Quieren copiarme.
El director sostuvo su mirada.
—Queremos reproducir tus capacidades.
—Es lo mismo.
—No.
—Para mí sí.
Una pantalla cambió. Cronos vio fotografías. Hombres. Mujeres. Algunos jóvenes. Otros mayores. Nombres. Expedientes. Gráficos psicológicos. Una columna se repetía en todos.
ÍNDICE DE EMPATÍA: BAJO.
Otra:
AGRESIVIDAD: ALTA.
Otra:
INHIBICIÓN MORAL: REDUCIDA.
Cronos sintió frío.
—Quiénes son.
Nadie respondió. Entonces escuchó la mente de una científica.
Fase de selección.
El niño miró al director.
—Los candidatos.
El hombre no negó. Cronos se levantó.
—Esas son las personas a las que quieren dar mis poderes.
Los guardias se tensaron.
—Siéntate —ordenó uno.
Cronos giró la cabeza.
—No.
El guardia dio un paso. Entonces se detuvo sin saber por qué. Cronos había implantado una idea mínima.
No avances.
Nada más. El hombre quedó inmóvil. El director lo observó con fascinación. Eso enfureció todavía más al muchacho.
—Deja de mirarme así.
—Acabas de demostrar exactamente por qué Aión es necesario.
Cronos abrió mucho los ojos.
—¿Necesario?
—Posible.
—No dijiste posible. Dijiste necesario.
El director se acercó lentamente.
—Imagínalo. Personas capaces de detener un atentado antes de que ocurra. Soldados capaces de impedir una guerra alterando segundos críticos. Agentes capaces de conocer la intención de un enemigo antes de que actúe.