Subió por los nudillos, rodeó la muñeca y continuó hasta alcanzar el antebrazo. Cronos despertó sobresaltado. Durante un instante no recordó dónde estaba. Después escuchó el zumbido constante de los inhibidores. Vio las paredes blancas. La puerta metálica. La ausencia absoluta de ventanas. Y recordó. Aión. La prisión. Los experimentos. Se incorporó rápidamente y miró su brazo. La luz seguía allí. Más intensa que nunca.
—Otra vez...
La había visto anteriormente, pero jamás de aquella manera. Ahora podía distinguir finísimos hilos de energía entrelazados formando algo semejante a una cinta luminosa alrededor de su mano y su brazo. Cronos intentó tocarla. Esperaba calor. Quizá dolor. No sintió ninguna de las dos cosas. Sintió un cielo. El niño abrió mucho los ojos. Por un segundo la habitación desapareció.
No físicamente. Continuaba sentado sobre aquella cama estrecha, pero algo atravesó su conciencia. Nubes. Tormenta. El olor imaginario de la lluvia sobre piedra antigua. Montañas. Un poder inmenso. Y una presencia. Cronos retiró la mano. La visión desapareció. Respiró con dificultad.
—¿Qué eres?
La luz pulsó. Volvió a tocarla. Esta vez sintió autoridad..No la autoridad miserable de los hombres que lo mantenían encerrado. Aquello era distinto. Antiguo..Una presencia acostumbrada a ser obedecida. Una fuerza capaz de hacer temblar cielos. Cronos cerró los ojos. Y detrás de todo aquello encontró algo más. Alguien.
Muy lejos..Tan lejos que parecía encontrarse al otro extremo del mundo. Quizá todavía más allá. Cronos intentó alcanzarlo mediante telepatía. No pudo. Había demasiada distancia. Pero supo una cosa. Aquella luz no era una marca.
Cronos conocía las marcas. Sabía lo suficiente sobre dioses y destructores para comprender lo que significaban. Una marca reclamaba. Sujetaba. Podía imponer. Aquello no hacía ninguna de esas cosas..No sentía una orden. No sentía propiedad. No sentía una voluntad invadiendo la suya..La luz simplemente estaba allí. Uniéndolo a alguien.Cronos pasó los dedos sobre ella.
—Un vínculo...
La palabra pareció correcta. El verde brilló. Cronos sonrió apenas.
—Sí.
Por primera vez desde su captura, algo dentro de aquella instalación pertenecía exclusivamente a él. Y ellos no lo habían construido. La puerta se abrió. Cronos bajó inmediatamente la manga. Demasiado tarde. La científica había visto el resplandor.
—¿Qué era eso?
—Nada.
—Cronos.
—Nada.
Entraron dos guardias. El niño retrocedió contra la pared.
—No voy a hacer otra prueba.
—No depende de ti.
Cronos sintió miedo. Aquella frase ya comenzaba a provocarle una reacción inmediata. La científica lo advirtió. No le importó.
—Hoy estudiaremos memoria temporal.
Cronos palideció.
—¿Qué significa?
Nadie respondió. Pero las mentes sí.
Desorientación.
Privación.
Secuencias falsas.
Estimulación repetitiva.
Cronos tragó saliva.
—No.
Los guardias avanzaron.
—No quiero.
Uno tomó su brazo. Cronos intentó implantar una orden.
Suéltame.
El guardia vaciló. El inhibidor de la habitación emitió un pulso. La concentración de Cronos se quebró..El hombre volvió a sujetarlo.
—¡No!
Cronos forcejeó.
—¡Suéltenme!
La manga se desplazó. El verde apareció. Los tres lo vieron. La científica se detuvo.
—Ahí está.
Cronos intentó cubrirlo.
—No lo toques.
—Necesitamos analizarlo.
El miedo se convirtió inmediatamente en rabia.
—¡NO!
Las luces temblaron. Durante una fracción de segundo, el tiempo se detuvo. Después el inhibidor respondió. Cronos cayó de rodillas. Lo llevaron a otra sala. Esta era diferente. Oscura. Había una silla en el centro y pantallas alrededor. Cronos comprendió demasiado rápido.
—No quiero sentarme.
Los guardias lo hicieron sentarse. No utilizaron procedimientos físicos crueles. No necesitaban hacerlo. Aión había descubierto algo mucho más eficaz. La mente. Sujetaron sensores alrededor de la silla y abandonaron la habitación. Cronos quedó solo. Una pantalla se encendió. Londres. Cronos dejó de respirar. La lluvia. El callejón. Él mismo corriendo.
—No.
La imagen desapareció. Oscuridad. Después volvió. La captura.
—Apáguenlo.
Otra vez. Londres. Otra vez. La aguja. Otra vez. El callejón..Otra vez. Su propio grito mental.
Zeus.
Cronos cerró los ojos.
—¡Basta!
Las imágenes continuaron. Pero empezaron a cambiar. En una conseguía escapar. En otra era capturado. En otra nunca había llegado al puente. En otra uno de los agentes le decía que llevaba dos semanas huyendo. Después tres meses. Después una noche. Después años. Cronos abrió los ojos. Comprendió. Querían romper su percepción temporal.
—No son recuerdos reales.
La pantalla cambió.
—No son reales. ¡Eso no ocurrió!
Desde la sala de observación, los investigadores tomaban notas..Cronos podía escuchar algunos pensamientos.
Debe empezar a dudar.
Si pierde confianza en su memoria temporal, su precisión disminuirá.
El niño apretó los puños.
—Los escucho.— Silencio al otro lado—Sé lo que están haciendo.
El experimento continuó. No sabía cuánto duró. Eso era exactamente lo que ellos buscaban. Cinco minutos podían sentirse como horas. Una hora podía parecerle diez minutos. Las luces nunca cambiaban. No había hambre a horarios regulares. No le permitían dormir siguiendo ningún patrón. A veces lo despertaban poco después de cerrar los ojos.
Otras lo dejaban dormir durante un periodo imposible de calcular. Cronos empezó a perder referencias. Para cualquier otra persona habría sido desagradable. Para él era una forma de violencia especialmente precisa. Su relación con el tiempo formaba parte de su propia identidad. Ellos intentaban hacer que dejara de confiar en ella.