Siempre había alguien hablando..El problema era que casi nunca utilizaban la voz.
Deberíamos aumentar la intensidad mañana.
Cronos abrió los ojos. Estaba acostado.
Si conseguimos quebrar su resistencia emocional, quizá podamos estudiar la implantación sin cooperación.
Se cubrió la cabeza con la almohada. La voz mental continuó.
El director quiere resultados.
Otra apareció.
Treinta segundos. ¿Cómo demonios anuló el campo durante treinta segundos?
Después otra.
Los prisioneros no habrían escapado si ese monstruo no hubiera abierto las celdas.
Cronos apretó los ojos.
—Cállense.
Nadie podía escucharlo. El científico que pensaba aquello se encontraba probablemente varios corredores más allá. Eso era lo peor..Su telepatía estaba creciendo..Antes necesitaba cierta proximidad..Después de tantos experimentos, algo había cambiado. Quizá el agotamiento había debilitado los filtros naturales de su mente. Quizá los científicos, intentando amplificar su telepatía para estudiarla, habían conseguido precisamente lo que buscaban. Cronos podía escuchar más lejos. Mucho más. Y no sabía cómo detenerlo.
Necesitamos recuperar a los fugitivos.
Quiero verlo intentar escapar otra vez.
Si yo tuviera ese poder...
Podríamos obligar a gobiernos enteros.
La transferencia funcionará.
Cronos se incorporó violentamente.
—¡BASTA!
Silencio físico. Ruido mental. Siempre. Se llevó las manos a las sienes. Intentó pensar en otra cosa. Londres. La lluvia. Mala idea. Recordó la captura. Pensó en el cielo. Mejor. Cielo azul. Nubes. Tormenta. Zeus. El lazo verde apareció.. Cronos respiró.
—Papá.
La palabra consiguió apartar algunas voces. Solo algunas.
—Necesito que se callen.
El vínculo brilló.
—Todos.
Cronos apretó el brazo contra el pecho.
—Aunque sea un minuto.
Nada cambió. La puerta se abrió. Dos guardias entraron. Cronos escuchó sus pensamientos antes de mirarlos.
Pobre chico.
Aquello pertenecía al primero. El segundo pensó:
No debería haber regresado por los prisioneros. Estúpido.
Cronos levantó la cabeza.
—No fue estúpido.
El guardia se detuvo.
—Qué.
—Volver.
El hombre palideció. Cronos señaló su propia cabeza.
—Lo pensaste.
—Deja de escucharme.
La expresión del muchacho cambió. Dolor. Cansancio. Rabia.
—¿Crees que quiero hacerlo?
El hombre guardó silencio.
—¿Crees que me interesa saber lo que piensas?
Cronos se levantó.
—No puedo apagarlo.
Los llevaron a otra prueba. Cada paso por los corredores era peor. Mentes. Decenas. Después cientos..Los científicos.
Hay que abrir su cerebro.
Cronos sintió náuseas..Un técnico.
El Proyecto Aión cambiará el mundo.
Una investigadora.
Esto está yendo demasiado lejos.
Cronos giró la cabeza.
No consiguió identificarla..Otra mente la cubrió.
Cuando consigamos la transferencia, quiero ser candidato.
Después otra.
Imaginen detener una bala.
Otra.
Imaginen detener una ciudad.
Otra.
Imaginen entrar en la mente de cualquiera.
Otra.
No existirían secretos.
Otra.
Ni voluntad.
Cronos se detuvo.
Los guardias tiraron de él.
—Continúa.
—No puedo.
—Cronos.
—¡No puedo!
Se llevó ambas manos a la cabeza.
—¡Son demasiados!
El inhibidor reaccionó a su alteración. El zumbido aumentó. Eso empeoró todo. La cronoquinesis retrocedió, pero la telepatía quedó completamente abierta. Cronos gritó. Las mentes entraron. Ambición. Violencia. Miedo. Deseo. Odio. Los candidatos de Aión estaban cerca. Los reconoció inmediatamente. Sus pensamientos eran diferentes. No porque fueran más fuertes.
Porque no tenían freno. Uno imaginaba qué haría si pudiera detener el tiempo. Otro fantaseaba con controlar a quienes lo habían humillado. Una mujer imaginaba entrar en la mente de dirigentes y modificar decisiones. Otro quería borrar recuerdos. Cronos cayó de rodillas.
—No...
Una imagen particularmente cruel atravesó su conciencia.
—¡NO QUIERO VER ESO!
Los guardias retrocedieron. Cronos perdió el control. No del tiempo. De la telepatía. Su mente lanzó un impulso hacia afuera.
¡CÁLLENSE!
La orden recorrió el corredor. Los guardias quedaron inmóviles..Los científicos detrás de varias puertas también. Incluso algunos candidatos. Durante tres segundos, decenas de mentes dejaron de producir pensamientos conscientes. Cronos abrió los ojos. Silencio. Silencio verdadero. Hermoso. Absoluto. Y aterrador..El efecto terminó..Las personas comenzaron a reaccionar. Cronos se miró las manos.
—Yo hice eso...
Podía silenciar una mente. No solamente escucharla. El director apareció al final del corredor. Y, naturalmente, su primera reacción fue fascinación.
Extraordinario.
Cronos lo escuchó. Levantó la cabeza.
—No.
El director se acercó.
—Has conseguido una supresión colectiva.
—No quería hacerlo.
—Afectaste a veintitrés personas simultáneamente.
—¡No quería hacerlo!
—Esto cambia nuestros cálculos.
Cronos retrocedió.
—No soy un experimento.
—Acabas de demostrar una capacidad que ni siquiera sabíamos que poseías.
Cronos sintió que las lágrimas llenaban sus ojos.
—Porque ustedes no dejan de empujarme.
El director lo estudió.