El último recital

La estrella

              Era increíble lo cansado que se sentía. A pesar de ello siguió con el show, debía hacerlo, por algo habían pagado todo ese dinero. Solo querían verlo a él. En realidad formaba parte de una banda pero en el fondo sabía que iban a verlo a él y lo que había en el fondo de su alma. Miró a la multitud agolpada en el recinto amplio. Todos gritaban a la vez, el sonido repercutía en sus oídos a pesar del retorno que tenía puesto. Buscó en medio de la marea de fans que se movía a toda prisa. Y entonces la eligió. Sabía que no podía pasar las noches solo, debía encontrar a alguien que reemplazara a la de la noche anterior. Sus fantasmas aparecían nuevamente en las noches solitarias, cuando el sudor del amor no los aplacaba. La rubia teñida le sonrió y él le hizo un gesto. Ella entendió. Cuando finalmente dejara el escenario enviaría a Gustav a buscarla. Decenas de manos querían tocarlo mientras emitía las últimas notas de "CORAZÓN ROTO".
          Entre los arduos entrenamientos de kikboxing, los ensayos y las pruebas de sonido, no le quedaban energías para pensar. Y eso era lo que necesitaba: no pensar, no sentir, no vibrar. Solo estar donde debía estar, como un autómata. Le tocaba cantar la parte que decía "si tan solo Dios conociera mi dolor...". Y era muy cierto: si Dios supiera no se sentiría tan miserable a veces.
          Por un momento evocó sus recuerdos mejor guardados pero rápidamente se esfumaron con los últimos aplausos y el murmullo implacable de la muchedumbre. La batería emitió su último gong y salió despedido detras de bambalinas. Debía prepararse para el encuentro. Bebió un par de copas que sus ayudantes le acercaban, sabía que por el ejercicio físico que realizaba no debía abusar de la bebida, sería mejor que le dieran un jugo de frutas o algo que lo rehidratara ya que sudaba profusamente y su pecho subía y bajaba violentamente. Estaba la adrenalina ahí, a flor de piel. 
     Se metió en el camarín solitario y comenzó a desnudarse para darse una ducha refrescante. Observó su cuerpo bien marcado en el gran espejo de pared, los brazos tonificados, los hombros erguidos, el abdomen marcado. Gustav tocó la puerta, entró y le dijo que ella estaba esperando, solo que esta vez debían pagarle un poco más que lo habitual para que no difundiera a los periodistas ni a las redes sociales lo que ocurría en la intimidad. Maldijo esa desventaja que tenía como figura famosa. No podía entrar a defecar sin que hubiera que pagar a alguien para que no lo dijera a los cuatro vientos. Dijo que lo hiciera pues ya era tarde para mandar a buscar a otra. Hizo un repaso mental de las que estarían "disponibles" para emergencias pero ninguna le satisfizo. Por un instante se sintió vacío. ¡Que rara sensación!, tener todo pero a la vez no tener nada. Recordó su infancia en Irlanda, en esos paisajes profundos y gélidos que se habían quedado en los recovecos de su mente. Era allí tan sencillo, podía caminar por las calles de tierra y nadie lo seguía ni sacaba fotos. Tampoco es que hubiera toda la tecnología de hoy, pero de igual manera se hubieran dado maña para estorbar su caminar y acribillarlo a preguntas. De todas maneras ese periodo tambien fue corto, luego toda la familia se mudó y siempre vivieron en caos.

          Perdió la noción de las mujeres que le escribían a diario diciendo que lo amaban...como podían hacerlo? si ni siquiera lo conocían!!! Él mismo no se conocía, ¿cómo podían ellas hacerlo? Tampoco llegó a conocer a nadie tan profundamente como para amarla. De todas maneras sabía que debía seguir vigente, era parte de la fama, por lo que debía revisar sus redes sociales a diario. No la cuenta de la banda, sino la suya propia. Debía controlar que todos los días se agregaran nuevos seguidores. Decidió sacarse una foto así como estaba, despeinado, recién bañado, aun mojado. Sabía que atraía mucho a las mujeres, tuvo muchas propuestas indecentes de damas de todo el mundo y de distintas edades mas jamás ninguna le movió el piso como para formalizar algo. Desde su primera vez allá en un bar en el que se iniciaba como artista, decidió que usaría a las mujeres para su propio placer y a su conveniencia.

          Alguien tocó a la puerta, le dijo que pasara. La muchacha entró tímidamente, mirandolo con ansias, pues lo había admirado siempre y esa fascinación ocasionaba como una especie de pared que impedía acercarse a aquel hombre recién bañado que la esperaba prácticamente semidesnudo. Él le pidió que se acercara y sin más, le quitó rápidamente la ropa, poniendo a la rubia mujer de espaldas y apoyando su torso en la mesa en la que un instante antes había estado sentado sacándose la foto. Le pellizcó los pezones, a lo que la chica empezó a gemir. Estaba entre extasiada y asustada. El encuentro romántico con el hombre con el que soñó toda la vida se convirtió en una unión violenta pero agradable a la vez. Él le gustaba tanto y era tan talentoso que merecía se le soportara las apuradas estocadas y la furia de sus gemidos. No hubo ni besos románticos ni palabras dulces. Solo acción pura a la que correspondió como pudo y con lo poco que él le permitió hacer. No pudo siquiera tocar su aceitunada piel por la que se mojaba por las noches. Cuando todo terminó fue como si estuviera en shock, se alejó de ella, dándole un momento para que recuperara el ritmo de la respiración. La mujer empezó a vestirse lentamente, mirándolo a la cara, a lo que él solo esbozó una leve sonrisa. Solo le dijo que se le pagaría al salir.

          Danny era un hombre que no podía amar a ninguna mujer. Amaba la música desde que tenía recuerdos. Nació amándola y todos los días alimentaba ese amor. De eso era de lo único que estaba seguro, que era su amor y siempre lo tendría cuando todo lo demás le faltara.



 




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