El último recital

La convocatoria

          El edificio de Corpus abarcaba más o menos una manzana del centro mismo de Ciudad de Pozos. Tenía diez pisos de altura y cientos de empleados. Tan solo en seis meses, Danny se vio envuelto en una vorágine de documentos, reuniones y toma de decisiones que le ocupaban prácticamente todo el día. No tenía tiempo ni de pensar en su vida pasada. Tuvo que hacer un cambio brusco de look, ya que cuando apareció el primer día con su campera de cuero con tachas y su peinado hacia arriba, los empleados no podían creer que este fuera el nuevo jefe. Buscó a su asesor de imagen y llegaron a un acuerdo. Elegante pero no aburrido. Marcel estaba encantado. Al fin pudo quitarle el maquillaje oscuro que se ponía debajo de los ojos. Ahora se podía ver el verde intenso que había en ellos. Lo único que que conservó de su vida de famoso fueron sus tatuajes, la camisa los cubría casi por completo por lo que no representaba un problema para interactuar con los socios o clientes.
          Salió del ascensor y tuvo una avalancha de gente a su alrededor en busca de una firma, una cita, una sugerencia. Tenía la cabeza pesada. Prácticamente corrió y cuando llegó a su oficina cerró abruptamente la puerta, dejando a todos con la boca abierta del otro lado.
          Se sentó y suspiró recordando que siempre estuvo rodeado de fans y no le molestaba en absoluto, pero también tenía personas alrededor para hacer todo. ¡Ni siquiera sabía hacer compras!! Su manager manejaba sus cuentas bancarias y él no tenía idea de cuanto era su fortuna. Tampoco le interesaba mucho. Él cantaba porque le apasionaba hacerlo. En los primeros tiempos, cuando se fue de casa de sus padres, tocaba en bares de mala muerte y siempre olía a cigarro barato y alcohol y no se hacía problema por ello. Tomó el teléfono y se le escuchó decir:
—Ven a mi oficina. 
          Al rato asomó Mike. Todo un huracán, un abogado adicto al trabajo y a las chicas también. Entró como tromba a la oficina.
—Necesito un asistente. Alguien que pueda hacerse cargo de las nimiedades que yo no puedo hacer. Tiene que tener ciertas cualidades —dijo Danny
—Bien, tomaré nota. Debo consultar con el sector finanzas porque hay que arreglar lo del sueldo, pero no creo que sea un problema —expresó Mike no muy convencido.
—No importa, le pagaré yo mismo. Tengo los ingresos por derechos de autor y de las ventas, además del dinero que inverti...eso me recuerda...que también debe saber contabilidad y llevar mi agenda estrictamente.
—Empezaré buscando entre las sucursales a ver que hay. Sería ideal que fuera alguien que ya tiene experiencia en la empresa. Me tomaré unas horas y buscaré en la base de datos. ¿Necesitas algo mas?
—Si..busca a todos los que cumplan los requisitos y convócalos aquí para que yo mismo les haga la entrevista.
—Pero...¡así sabrán que estás aquí!! ¿Cómo harás si se divulga que el gran Danny West es el presidente de Corpus?

—Redacta un contrato antes del ingreso de cada postulante a esta oficina. Allí se debe aclarar que no pueden divulgar nada de lo que aquí se hable ni acerca de mi persona. Esperemos que con mi cambio de look nadie me reconozca. No sacrifiqué mis cueros y botas por estos incómodos trajes en vano.
—Tienes razón. Ni yo te reconozco!! Ahora eres todo un señor!! Muy serio, por cierto. Ya no quieres ni salir. ¿Qué tal un antro en la calle principal? Es una bomba!!  Van las mujeres más espectaculares que te puedas imaginar. ¿Quieres que vayamos una de estas noches? A ver si te quitan la cara de amagura que traes. Te conozco de toda la vida, Danny. No deberías castigarte asi.
´—Noo, por favor. No tengo tiempo ni ganas. Llego y quedo muerto en mi cama. Ya no estoy para esos trotes.
—¡Que aburrido eres!! Te buscaré a alguien para que te haga pasar esa modorra!! ¿Que prefieres? ¿Rubia, morena o pelirroja? —Y salió de la oficina riendo de su propia ocurrencia y rápidamente en cuanto Danny  hizo ademán de mandarle el cesto de basura por la cabeza.
          Danny guardó silencio. Miró el reloj. Faltaba poco para ir al gimnasio, necesitaba descargar la energía que traía guardada desde aquel último recital que quedó trunco.




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