El último retoque del asesino

Capítulo 5

Durante el día, el tanatorio de San Bernardo irradiaba solemnidad, respeto… todo lo que tenía que transmitir un edificio donde se le daba el último adiós a personas que alguna vez habían sido queridas por otros. Pero por la noche, cuando no había personas que transmitieran esa paz, se mostraba como lo que era: una construcción de los 90, tirando a fea. Paco aparcó el coche frente a la puerta de atrás a eso de las 22.30, cuando ya no debería haber ni una persona viva por allí.

Golpeó dos veces la puerta, como habían quedado y un segundo después Amelia le abría con el pelo recogido de cualquier manera y una bata oscura encima de la ropa de calle.

—Pensaba que te habías rajado —susurró.

—No, hombre no —respondió Paco—. Pero estaba esperando a que la calle se quedara vacía. A ver si nos va a pillar el gilipollas de tu jefe con las manos en el muerto.

Amelia sonrió y abrió la puerta lo justo para que entrara. Cerró con cuidado, como si pudiera despertar a alguno de los muertos del tanatorio. Paco olfateó el aire.

—¿Siempre huele así por la noche o es que hoy ha tocado ambientador con olor a vertedero?

—Los de la limpieza usan un limpiador industrial —contestó ella encogiéndose de hombros—. Aquí no se salva de los recortes ni Dios. Yo ya casi ni me entero.

Avanzaron por los pasillos hasta la sala donde estaba el cuerpo de Antonio Ortega. Ya estaba maquillado y listo para el viaje.

—Vamos al lío —dijo Amelia frotándose las manos—. Espero que luego no tenga que volver a maquillarlo entero de nuevo.

Habían quedado en que lo sacarían entre los dos para no mover la camilla de su sitio, pero al levantar el cadáver, empezaron a arrepentirse de su decisión. Mover un peso muerto parecía más fácil en las películas. En la práctica, el cuerpo pesaba más de lo que uno esperaba, como si engordasen después de muertos. Y es que Antonio Ortega no colaboraba en absoluto.

—¿Por qué siempre parecen pesar el doble? —gruñó Paco.

—Porque ya no se sostienen solos, como los jubilados en la Seguridad Social.

Paco la miró de reojo, con un poco de resquemor en la mirada. La cercanía a la jubilación le hacía más sensible a ese tipo de chistes. Sacaron a Ortega con cuidado por el pasillo, evitando esquinas y puertas y resoplando por el esfuerzo. Cuando llegaron a la salida trasera, Paco abrió el coche y se quedó mirando el asiento de atrás.

—No cabe.

—Claro que cabe.

—Amelia, este señor medía metro ochenta y cinco cuando estaba vivo y no ha menguado después de muerto. Y yo tengo un coche pensado para llevar las bolsas del Mercadona. Te digo que no cabe.

Tras varios intentos fallidos, Antonio acabó sentado de lado, con la cabeza apoyada en la ventanilla y las piernas dobladas de una forma poco digna. Le habían dado varios golpes con el techo el coche, pero lo bueno era que se quejaba poco.

—Parece que va a decir algo —comentó Paco.

—Si habla, yo me pido la baja.

En ese momento, la cabeza del cadáver cayó hacia adelante con un golpe seco contra el asiento delantero.

—¡Hostia! —exclamaron los dos a la vez.

Paco lo recolocó como pudo.

—Como nos pare la policía…

—Diles que es un maniquí —propuso Amelia.

—Sí, claro. Un maniquí con marcapasos y cara de mafioso.

Arrancaron. Durante los primeros minutos nadie habló. Amelia no paraba de mirar hacia atrás en cada curva, porque el cuerpo de Antonio se balanceaba peligrosamente, y su cara pegada al cristal se escurría hacia abajo.

—No mires atrás —dijo Amelia.

—Estoy conduciendo, si miro para atrás nos estampamos.

—Pues no mires por el retrovisor.

Pero como siempre cuando te dicen que no mires, Paco miró.

—Joder—exclamó—. Se llega a imaginar este hombre el viajecito que iba a hacer después de muerto y nos mete una cabeza de caballo en la cama.

—¿Que nos hace qué?

—¿Pero es que tú no has visto El Padrino, o qué?

—Me aburren las películas de mafiosos—contestó Amelia quitándole importancia con la mano.

—Pues para aburrirte, te has metido de lleno en una—contestó él.

Pararon en un semáforo en rojo, y Antonio se venció hacia un lado con tan mala suerte que su mano cayó sobre el hombro de Paco.

—¡Me cago en la puta! —grito Paco pisando el acelerador sin querer y saltándose el semáforo.

Un coche tuvo que frenar para no llevárselos por delante.

—Paco, joder, que como nos pare la policía la cagamos—le gritó Amelia.

—¡Pues sujétalo, coño, que me ha dado un susto de muerte!

—¡Ni de coña! ¡No pienso tocarlo otra vez!—gritó ella.

—¡Quítame al muerto de encima o te bajas tú y el muerto!

Amelia se puso a maldecir por lo bajo, pero acabó sujetándole el brazo con dos dedos, como si fuera radiactivo. Llegaron al anatómico forense sin más sobresaltos y vieron a Julián apoyado en la pared al lado de la puerta trasera. El forense era un poco más joven que Paco, llevaba gafas redondas, una bata blanca mal abrochada y cara de haber empalmado tres guardias seguidas.

—Sois idiotas —dijo cuando vio dónde llevaban al muerto—. Anda, pasad antes de que os vea alguien.

Entre los tres cargaron con el cuerpo hasta la sala de autopsias y lo dejaron sobre la mesa metálica. Paco sacó la botella de whisky de la bolsa y se la tendió.

—Por las molestias.

—Gracias, Paquiño. Luego me tomaré un chupito a tu salud—dijo dejando la botella en una mesa detrás de él.

Miró a Amelia y le tendió la mano.

—Tú debes de ser la niña que maquilla muertos, ¿no?—dijo sonriéndole.

—La misma—contestó ella estrechando su mano.

—Tienes una forma extraña de pasar el rato, pero te agradezco que saques a pasear a Paco. Ya le estaban saliendo telarañas—dijo con cariño.

—Déjate de gilipolleces—cortó Paco ruborizado—. ¿Se puede saber por qué no le han hecho la autopsia a este?

El forense bufó.

—El nuevo jefe es un crío. No es mala gente, pero le asusta el papeleo y enfrentarse con la gente con poder. Si la familia insistió y el muerto tenía antecedentes cardíacos, habrá pensado que mejor no complicarse.



#283 en Detective
#258 en Novela negra
#251 en Thriller
#78 en Suspenso

En el texto hay: crimen, thriller, cozycrime

Editado: 08.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.