El último retoque del asesino

Capítulo 11

Paco aparcó de nuevo frente al tanatorio y suspiró con gesto cansado. Apagó el motor y se quedó unos segundos mirando al edificio.

—¿Qué, pasa, te has dejado algo en casa?—preguntó Amelia, abriendo la puerta.

—Sí. Las ganas de entrar.

Ella sonrió de medio lado.

—Ya somos dos. Pero venga, que nos toca sacar sangre a un muerto—dijo ella.

—Para dar ánimos, eres la leche.

Bajaron del coche y caminaron hacia la entrada despacio. Dentro del tanatorio, el ambiente había cambiado por completo. La sala ya no parecía el Festival del mafioso. Era la hora de la comida, y hasta a los ladrones les da hambre de vez en cuando. Quedaban muy poquitas personas dentro, sólo dos hombres trajeados que parecía que estaban hablando del último partido de fútbol, una mujer mayor que no le quitaba ojo al cadáver como si se fuera a levantar en cualquier momento, un chico joven que parecía que se había perdido, y la hija, que seguía llorando desconsolada pegada al cristal. Pedro Ruiz estaban en la puerta, hablando por teléfono y de espaldas a su suegro.

—Menos mal que se han ido los malos—murmuró Paco.

—Mejor, a ver si podemos echar a los demás—respondió Amelia—. Déjame a mí.

Entraron con naturalidad en el velatorio y Amelia se colocó en el centro de la sala tratando de adoptar un aire profesional.

—Buenas tardes a todos—comenzó—. Voy a aprovechar que es la hora de la comida para realizarle unos retoques al difunto. Con su permiso, por supuesto.

Como imaginaba Amelia, nadie se opuso. Eso suele ocurrir cuando alguien habla con absoluta seguridad de un tema que los demás no controlan. Los hombres trajeados fueron los primeros en irse, como si les importase poco hablar de fútbol en el velatorio o en el bar de abajo. La mujer mayor salió poco después, seguida por el chaval que parecía que se había equivocado de velatorio. La que no se apartaba de su lugar frente al cadáver de Antonio era su hija, que ya estaba llorando en piloto automático. Su marido se acercó a ella y le tocó el hombro con delicadeza.

—Cariño, vamos a comer algo—le dijo en voz baja—. Te hará bien descansar un poco.

La chica tardó un poco en reaccionar, pero terminó levantándose, arrastrando los pies. Amelia estaba prácticamente convencida de que se había tomado un ansiolítico, porque parecía anestesiada.

—Al lío—dijo Paco tras dar una palmada.

Amelia asintió, entraron en la sala contigua, donde estaba el cadáver, y cerraron con cuidado. El cristal transparente que separaba ambas estancias les dejaba en una posición vulnerable si alguien entraba, pero esperaban tener al menos unos minutos.

—Venga, sácale sangre y nos vamos, que como entre alguien a ver cómo explicamos esto—dijo Paco nervioso.

—Tú echa un vistazo hacia fuera y si viene alguien le entretienes—respondió Amelia poniéndose los guantes.

Levantó ligeramente la tela que cubría el cuerpo tratando de dejar cubiertos sus genitales. Ella estaba curada de espanto, pero si les pillaban, iba a ser más fácil explicarse si Antonio no tenía las vergüenzas al aire. Comenzó a palpar la zona inguinal hasta que dio con la vena. Lo ideal hubiera sido hacerle una pequeña incisión para llegar a ella, pero tenía que ser lo más sutil posible.

—Tengo la femoral—murmuró—. Paco, sácame la jeringuilla de ese bolso que he dejado sobre la mesa.

Paco abrió el bolso y sacó una jeringuilla que parecía la espada del Rey Arturo.

—Niña, ¿era necesario este calibre?—dijo mirando la aguja como si fuera a él a quien le iban a pinchar.

—Si quiero llegar hasta la femoral, sí. Hay otras venas más accesibles, pero no puedo sacarle sangre de ahí a un muerto porque los análisis podrían salir alterados—contestó ella sin apartar la vista de la vena de Antonio—. Luego te doy una clase si quieres, pero ahora me pillas liada.

Paco le dio la jeringuilla y volvió a su labor de vigía, pero lo hizo demasiado tarde. La viuda acababa de entrar en la sala y miraba con curiosidad hacia el féretro de su marido. Paco se abalanzó hacia allí sin dudarlo. Tocaba improvisar.

—Buenas tardes, señora—dijo sonriendo cuando entró en la sala de los asistentes al velatorio colocándose frente al cristal—¿Puedo ayudarla en algo?

—¿Trabaja usted aquí?—preguntó ella parpadeando demasiado—. No le había visto antes.

—Vengo de refuerzo en los eventos más importantes—contestó Paco.

—Ya veo…

Cristina le sonrió lamiendo su labio inferior con coquetería. O al menos eso intentaba ella, porque Paco tuvo que invertir toda su fuerza de voluntad en reprimir un rictus de asco. La mujer dio un par de pasos hacia adelante acercándose a Paco y trató de mirar detrás de él para ver qué estaba ocurriendo tras el cristal.

—¿Qué está haciendo esa chica?—preguntó.

—Es nuestra tanatopractora y está realizándole unos ligeros retoques a su marido—. Respondió él volviéndose a colocar para taparle la visión—. Le recomiendo que no mire ahora, a veces estos trabajos no son agradables.

Ella le miró sorprendida.

—¿Qué es una tanatopractora?—preguntó.

—La que maquilla a los difuntos—contestó él tratando de tener tacto.

—Bueno, a lo mejor usted no está acostumbrado a una sesión de maquillaje, pero de ahí a decir que no es agradable…

Paco se puso a pensar rápidamente algo que decirle a esa mujer entrometida.

—Bueno, no sé si sabrá que, con el tiempo, los cadáveres supuran líquidos y la piel se les va descolgando, como si se derritieran—a la mierda el tacto—. La chica le está inyectando formol para que eso no ocurra.

Cristina se tapó la boca con la mano, pero su gesto no era de pena, sino de asco.

—De verdad, no querrá mirar en este momento—concluyó.

Ella se quitó la mano de la boca, miró a Paco a los ojos y su boca comenzó a curvarse en un atisbo de sonrisa.

—No crea. Quizá hasta le haga una foto—contestó ella.

Si el policía se sorprendió ante esa confesión, no se notó



#370 en Detective
#317 en Novela negra
#371 en Thriller
#114 en Suspenso

En el texto hay: crimen, thriller, cozycrime

Editado: 18.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.