Paco entró en el bar donde había quedado con su compañero. Era un local castizo, de los que tiene palillos y huesos de aceituna tirados por el suelo y en los que puedes comer un menú del día por 12 euros. Cada vez quedaban menos bares de esos por el centro de Madrid, que eran sustituidos por franquicias. Había más hamburgueserías y cafeterías con nombres ingleses que sitios donde comerte un cocido madrileño, al igual que ocurría en otras ciudades como Berlín o París.
De un solo vistazo, localizó a su compañero sentado en una de las mesas que había pegada a la ventana tomándose una cerveza mientras miraba hacia la calle, absorto en sus pensamientos.
—Siento llegar tarde, Luis—le dijo mientras tomaba asiento frente a él—. He tenido… un pequeño percance.
—A saber qué percance habrás tenido tú—le dijo el otro policía sonriéndole—. ¿Cómo te trata la vida, Paquito?
—Bien, bien… llevo un par de días de locos, pero estoy bien. Me hacía falta un poco de acción.
Le miró mientras apuraba su cerveza. Ambos policías tenían la misma edad, pero a Luis le habían tratado mejor los años. Tenía un físico fuerte y trabajado y aunque ya peinaba canas y tenía alguna que otra arruga, parecía un hombre enérgico y juvenil.
—Así me gusta, Paco. Hacía tiempo que no me decías algo así.
Hizo un gesto al camarero para que les tomase nota y cuando pidieron su comida y un poco más de bebida, Luis sacó una carpeta con unos cuantos papeles.
—¿Por qué me has pedido información de Antonio el mafioso?—le preguntó—. Le ha dado un infarto, ¿no? Que yo sepa estaba mal del corazón.
—Que no salga de aquí, pero no estoy del todo seguro que haya sido un infarto sin más—le confió.
—No me jodas que le han matado—preguntó el otro abriendo mucho los ojos—. Joder, la que se va a liar…
—Todavía no estoy seguro. El hijo puta de Montero no me ha hecho ni caso, pero estoy investigando por mi cuenta. Podré decirte algo en breve.
—No te vayas a meter en un lío…
Paco se encogió de hombros.
—Tranquilo, estamos siendo muy discretos.
—¿Estamos? ¿Con quién lo estás llevando?
Paco se quedó dudando un segundo. Siempre había podido confiar en Luis, pero mejor no exponer a Amelia más de lo necesario.
—Es una novata que me han colado en la comisaría, no la conoces—mintió—. Pero tiene olfato… y sobre todo ganas.
El camarero les llevó una cerveza a cada uno y Paco cogió el dossier que le había llevado Luis mientras daba un largo trago a la suya. Leyó unos minutos en silencio hasta que se hartó, dejó el dossier en la mesa y apuró su bebida.
—Venga, hazme un resumen—le dijo a su amigo.
—Ortega controlaba una gran sección de la venta de droga de la capital, pero el clan del Juanito es quien controla la zona sur. El otro llevaba años intentando meterse en la zona de Juanito, pero no había manera. Y en los últimos meses parecía que se había hartado y los enfrentamientos habían empezado a ser más violentos.
—No me jodas que hay una guerra de mafias en Madrid y no nos habíamos enterado.
—Siempre hay conatos de violencia entre mafias, Paco. Si os contásemos todo, no haríais otra cosa—se justificó—. Pero ahora estaba yendo a peor. Los de Ortega se habían cargado al segundo al mando del Juanito y se había cabreado como una mona.
—¿Crees que le ha podido matar él?
—No sé, Paco. Juanito no es demasiado sutil como para matarlo y fingir un infarto. Es más de freírte a balazos, de rajarte el vientre y sacarte los intestinos, de meterte una paliza y desparramar tus sesos por la acera…
—Vale, vale, lo pillo.
En ese momento llegó el camarero con los primeros y durante unos minutos sólo se escuchó el sonido de los cubiertos sobre la loza.
—En el dossier también te vas a encontrar información de algunas de sus sociedades que más movimiento tienen y que usa para blanquear dinero de las drogas. Es bastante farragoso, así que leelo con calma.
Paco apuró su plato y asintió con la cabeza mientras se limpiaba la comisura de los labios.
—No sé si voy a tener tiempo para leermelo con calma antes de que lo incineren y se lleven por delante todas las pruebas—le contestó.
—¿Y cuándo va a ser eso?
—Mañana—contestó Paco resoplando.
El tenedor de Luis se quedó a medio camino entre su boca y el plato mientras miraba a su compañero con la boca abierta.
—Suerte amigo, lo tienes jodido—le dijo.
Él se encogió de hombros mientras se movía para dejar vía libre al camarero para que recogiese su plato y le trajera el segundo.
Pasaron unos minutos en silencio, centrados en la comida, hasta que Luis habló de nuevo, pero esta vez en un tono ligeramente distinto.
—Y de lo tuyo, Paquito... lo siento, pero no tengo nada nuevo.
Paco no levantó la cabeza. Ya sabía que iba a decirle eso, pero por mucho que lo supiese, siempre se sentía decepcionado. Ya hacía 15 años que su mujer había desaparecido de la faz de la tierra tras salir del mercado. La única pista que se encontró en su momento fue su carrito de la compra tirado en la parte de atrás del mercado, en la zona de carga y descarga. Las naranjas y las manzanas estaban tiradas por el suelo, y del carrito asomaba el ramo de flores que había comprado para adornar el salón, como hacía todas las semanas.
—Ya lo sabía, Luis. No te preocupes.
—Si es que no hay ni un sólo hilo del que tirar, ni una sola pista nueva... nada— dudó unos segundos antes de continuar—. Y no sé cuánto tiempo más voy a poder seguir investigando sin que me abran expediente. Mi jefe se ha jubilado y han ascendido al cabrón de Miranda.
Paco levantó la vista por fin.
—¿Miranda? La de culos que habrá tenido que lamer para que le dieran el ascenso. Es un patán.
—Un patán muy bien relacionado—contestó Luis asintiendo—. Ya sabes lo que opinaba él del tema de tu mujer, Paco.
El policía se removió incómodo en su silla.
—Mi mujer no se fue por propia voluntad, joder—gruñó—. Estábamos bien, ya había pasado mucho tiempo desde el último tratamiento... no estaba deprimida, como decían esos hijos de puta. Pero si había comprado un rodaballo y una botella de vino blanco para celebrar nuestro aniversario, coño. ¿Tú crees que alguien que planea irse porque no soporta a su marido le compra su comida favorita? ¿Y cómo se fue? Si encontraron en el carrito su cartera con toda su documentación y en las cuentas no faltaba ni un euro, joder.