El último retoque del asesino

Capítulo 14

Amelia se quedó unos segundos parada frente al hotel, con las manos en los bolsillos de la chaqueta y mirando la fachada del edificio con la boca abierta.

—Joder… —murmuró.

El edificio era imponente. No en plan moderno y minimalista de esos que parecen hospitales caros, sino algo más clásico, más antiguo. Piedra pulida, columnas, cristaleras enormes y un portero uniformado que parecía sacado de otra época. De esos sitios donde incluso el aire parece caro y te cobran sólo por entrar. Vamos, que ella ni siquiera había pasado por la puerta en su vida.

Se miró de reojo en el reflejo de la puerta giratoria, que era de un cristal impoluto. Vaqueros, zapatillas, pelo recogido deprisa en una coleta mal hecha y cara de necesitar unas cuantas horitas de sueño. No tenía pinta de mear colonia, como toda la gente que veía en ese vestíbulo, pero si entraba con seguridad a lo mejor los demás no se daban cuenta. Aunque a juzgar por las miradas de reojo que le dedicaban los trabajadores y algún que otro cliente, o no estaba actuando con la suficiente seguridad, o su teoría no era demasiado fiable.

Se dio cuenta de que tenía un problema nada más ponerse en la fila de las personas que estaban esperando a que les atendiesen en recepción. No sabía si Antonio era un habitual del hotel, un cliente esporádico, o si había pasado por ahí por casualidad. Así que no sabía cómo sacarles información a esos hombres trajeados que había tras el mostrador. Mientras esperaba a que llegase su turno, la determinación que le había llevado hasta allí se fue esfumando poco a poco. Había mil razones por las que Antonio podía tener un sobre de ese hotel en el bolsillo, esos trabajadores no tenían por qué conocerle... pero no tenía ningún otro cable del que tirar, así que decidió seguir adelante. No tenía nada que perder.

Cuando le tocó su turno, el chico del mostrador apartó la vista de la pantalla del ordenador y se la quedó mirando durante un par de segundos más de la cuenta antes de empezar a hablar.

—Buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarla?—preguntó mirándola de arriba abajo sin ningún pudor.

—Buenas tardes a usted también. Busco la habitación de Antonio Ortega—levantó un poco la barbilla sin cortar el contacto visual con el recepcionista. Trataba de aparentar aplomo pero le temblaba tanto el labio inferior que no sabía si lo estaba consiguiendo.

El otro recepcionista que no estaba atendiendo a Amelia dejó lo que estaba haciendo y también la inspeccionó con la boca levemente abierta. Después se miraron entre ellos y comenzaron a reírse. No eran carcajadas, sino que más bien se les escapaba el aire por la nariz a trompicones por no dejarlo salir por la boca.

—¿Eres nueva? —preguntó el que le estaba atendiendo, apoyándose ligeramente en el mostrador y dirigiéndole una mirada cómplice.

Amelia frunció el ceño. Suponía que tenía que saber a qué se refería, pero estaba completamente perdida.

—¿Perdona?—contestó confusa.

—Nada, nada… —intervino el otro, intentando disimular—. Es solo que… bueno, es curioso. Eres distinta a las que suelen venir por aquí.

—Hombre, eso es evidente, no acabas de descubrir la pólvora—contestó ella un poco molesta.

El primero volvió a sonreír, esta vez con un punto de malicia.

—No me refería a los clientes habituales del hotel, aunque tampoco es que te parezcas demasiado—dijo señalándola de la cabeza hasta los pies con un gesto de la mano—. Me refería más bien a las mujeres que solían venir con Ortega. Digamos que… tiene otros gustos.

Amelia tardó medio segundo en entenderlo. La estaban tomando por una amante. O por una prostituta. O por una amante prostituta. Lo cierto es que le daba lo mismo, podían confundirla con quien les diese la gana si le dejaban subir a la habitación que Antonio seguro que tenía en ese hotel. Porque si algo le había quedado claro es que Ortega era un habitual. Si le conocían lo suficiente como para conocer sus gustos en cuanto a mujeres, sería que pasaba por allí a menudo. Y otra cosa que le había quedado clara, es que esos hombres no sabían que Antonio había muerto.

—Mira —dijo Amelia tratando de sonar coqueta y bajando la voz como si compartiera un secreto—. He quedado con él aquí otras veces. Hoy… he venido un poco justa de tiempo y me he dejado una cosa en la habitación. Necesito subir.

Los dos chicos intercambiaron otra mirada.

—Ya —respondió uno—. No es que dude de ti, es que no podemos dejar subir a nadie sin autorización.

—Claro —añadió el otro—. Normas del hotel.

—Pero si ya he estado aquí —insistió Amelia—. Es sólo que cuando he venido había otros compañeros en recepción, por eso no me habíais visto hasta ahora.

—Seguro que sí, pero aun así, no podemos—dijo el primero volviendo la vista hacia la pantalla con aparente falta de interés—. Y si no te importa apartarte un momento, hay gente esperando.

Amelia se giró. Una pequeña cola empezaba a formarse. Se apartó ligeramente hacia un lado para dejar pasar al siguiente, pero no abandonó la recepción Cogió uno de los folletos turísticos que había sobre el mostrador y comenzó a ojearlo para hacer tiempo mientras se le ocurría qué hacer.

Entonces, en uno de esos giros del destino que a veces caen a nuestro favor, se oyó un grito desde la entrada.

—¡QUE TE DIGO QUE ME DEJES PASAR!

Amelia levantó la vista.

Una mujer, visiblemente alterada, estaba intentando entrar a empujones mientras el portero trataba de contenerla.

—Señora, por favor, tiene que calmarse.

—¡QUE ME HA ROBADO! ¡ESTÁ AHÍ DENTRO!

La señora en cuestión tenía unas pintas cuestionables y señalaba a un grupo de señoronas que la miraban tapándose la boca con una mano atestada de joyas. No se debe juzgar a las personas por las apariencias, pero Amelia dudaba que esas mujeres que apestaban a perfume caro le hubiesen robado nada a la que se desgañitaba desde la puerta. Pero una cosa había que concederle: tenía fuerza, porque el de la puerta no podía sujetarla. Los dos recepcionistas salieron corriendo para ayudar a su compañero dejando el mostrador desatendido y Amelia vio su oportunidad.



#369 en Detective
#318 en Novela negra
#367 en Thriller
#120 en Suspenso

En el texto hay: crimen, thriller, cozycrime

Editado: 18.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.