El Último Sagrado

Capítulo 4; heredero oculto

Patricia seguía sentada al lado de su padre. En la oscuridad de la habitación mirando las horas del móvil para cuando entrara la madrugada, irse a la oficina de su padre para ver qué había en ese ordenador. Y una vez allí descubrir que estaba viendo Julián. Para que que se pusiera tan malo.

Eran ya las 3 de la mañana cuando Patricia consiguió salir del hospital. Para dirigirse a la oficina. La noche era muy fría, había mucha niebla, no se oía nadade ruido por las calles, solo el silbido del viento.

Cuando ya estaba frente a la puerta de la oficina se aseguró de que no hubiera nadie por la calle. Una vez dentro tuvo que quitar la alarma para que no se enterase nadie. La oficina estaba oscura pero ella no quiso dar ninguna luz con las luces de emergencia se conformaba, una vez en la puerta del despacho de su padre, se dispuso a abrir la puerta.

Aquel despacho estaba lleno de libros, con la mesa de roble en medio. Donde se sentaba Julián a trabajar. Y justo allí se encontraba el ordenador, el que ella misma había cerrado sin mirar que había puesto en la pantalla.

Abrió el ordenador pero se había apagado, así que se dispuso a encenderlo. Mientras ella pensaba:

"Qué es eso papá que te puso tan malo" "Acaso estabas viendo algo que te asustó"Porque nunca nos dijiste que tenía sun hijo más” “Dónde demonios se encuentra ese que se repente se puede quedar con todo” “pero no se quedará con todo si yo puedo evitarlo”

Unas horas antes:

Juana tras haber pasado la noche en vela pensando donde se encontraba su marido. Se levantó muy temprano para ir hacer unas compras, y luego estaba dispuesta a llamar a su hija Patricia para decirle que era mentira lo que le había contado.

Juana salía de la panadería con una bolsa de papel entre las manos. El aroma a pan recién hecho era lo único que parecía normal en una mañana cargada de una extraña pesadez. Al girar la esquina hacia su coche, una mujer se interpuso en su camino. Llevaba un delantal desgastado y la mirada de quien ha tenido que pelear por cada céntimo en la vida.

—Juana! —la llamó la mujer. Su voz era áspera, nada que ver con el tono refinado de las amistades de Juana—. Menudo susto el de Julián, ¿eh? Todo el pueblo está hablando de lo mismo.

Juana se detuvo en seco, forzando una sonrisa de cortesía mientras buscaba las llaves en su bolso. No recordaba el nombre de esa mujer, aunque sabía quevivía en las afueras.

—Buenos días... Elena, ¿verdad? —respondió Juana con frialdad—. No sé a qué te refieres. Mi marido está en un viaje de negocios. Patricia se está encargando. de la empresa estos días. Elena soltó una risotada seca que hizo que Juana se tensara.

—¿Negocios? Juana, por Dios, que en Sagrado las paredes oyen. Mi hijastro, Óscar, trabaja en el hospital y ayer mismo vio cómo metían a Julián en la UCI. Dice que llegó casi sin pulso.La bolsa de pan crujió bajo la presión de los dedos de Juana. El aire parecía escaparse de sus pulmones.

—¿La UCI? —repitió con un hilo de voz—. Eso es imposible. Patricia me llamó anoche, ella... Ella me dijo que estaba con él en una reunión en la ciudad.

—Pues tu hija te miente mejor de lo que camina —sentenció Elena, acercándose un paso más—. Porque mi Óscar no se inventa esas cosas. Él mismo estuvo allí cuando lo estabilizaron. Menuda estampa, Juana: el gran Julián Sagrado muriéndose solo mientras su mujer compra el pan como si no pasara nada.

Juana sintió un mareo súbito. El nombre de Óscar quedó flotando en su mente, pero la rabia hacia Patricia era mucho mayor que la curiosidad por saber quién era ese chico. Sin decir palabra, caminó hacia su coche. Entró, cerró la puerta y se quedó mirando al vacío.

Patricia la había engañado. Su propia sangre la había dejado fuera del hospital mientras su marido luchaba por su vida. Arrancó el motor con un rugido, decidida a conducir hasta el hospital y descubrir qué clase de juego macabro estaba jugando su hija.

Patricia seguía en la oficina ya con el ordenador encendido. Empezó a mirar los datos que tenía su padre guardados, llevaba varios minutos mirando cuando se encontró esa foto de aquel hombre con bastante parecido a sus padre.

Lo que ella pensaba mientras miraba la foto: “era verdad lo que decía Constancio que había un hombre muy parecido a mi padre” “tengo que encontrar a este hombre como sea” “ hacerlo desaparecer” "O acepte algún trato conmigo porque no estoy dispuesta a quedarme sin nada”

Cerró la foto y se puso a mirar los documentos que tenía su padre guardados. En una carpeta qué estaba puesta como privada, había dos documentos que eran los testamentos de su padre. En uno de ellos le dejaba como absoluto dueño de la empresa a Óscar, pero lo más sorprendente, que José también aprecia como heredero. De lo que ella se sorprendió porque José estaba como heredero. A lo mejor José le había chantajeado a su padre para que le pusiera como heredero a cambio de mantener su silencio.




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