El Último Sagrado

Capítulo 5: La mentira de Patricia

Juana tras enterarse de la mentira de su hija y que no comprendía porque lo había hecho , llamó a sus otros tres hijos.Pero estaba quedo con ellos en una cafetería a las afuera del pueblo.

Al primero que llamó fue a su hijo Adrián:

'-Adrian tienes que venir a la cafetería que está afuera del pueblo, tú hermana Patricia nos ha mentido sobre dónde está tú padre- tras unos segundos de silencio.

Como nos va a mentir Patricia en una cosa tan importante, algo me huele raro en esta situación- Juana que estaba al otro lado del teléfono solo le dijo:

-Ahora te cuento igual que a tus hermanos Marc y Griselda el asunto es bastante grave.

Colgó con Adrián y llamó a sus otros dos hijos, con los que quedó en la cafetería que había afuera del pueblo.

Juana esperaba a sus tres hijos con el rostro tenso. En cuanto Adrián, Marc y Griselda se sentaron, ella no perdió tiempo en rodeos.

-Vuestra hermana Patricia nos está viendo la cara —soltó Juana con una frialdad que asustó a sus hijos.

-He hablado con Elena —explicó Juana—. Ya sabéis que su hijo, Óscar, trabaja en el Hospital Central. Me ha llamado hace un rato porque Óscar ha visto entrar a vuestro padre en una camilla directamente hacia la UCI. Los tres hermanos se miraron, procesando la información.

-Elena dice que Óscar se quedó de piedra al ver el apellido en el registro de ingreso —continuó Juana—. Mientras Patricia me decía por teléfono que vuestro padre estaba en una reunión y que luego se iría a descansar a una clínica privada, se iría a descansar a una clínica privada, Óscar lo estaba viendo luchar por su vida en el hospital público de la ciudad.

-Entonces Patricia no solo nos ha ocultado que papá está grave... —dijo Marc apretando los dientes—, sino que está allí con él ahora mismo, manejando la situación a nuestras espaldas.

-Elena me ha pedido discreción por el trabajo de su hijo —añadió Juana levantándose y cogiendo su bolso—, pero no me voy a quedar aquí sentada. Si Óscar no llega a avisarnos, vuestra hermana nos hubiera engañado quién sabe cuánto tiempo. ¡Vamos al hospital ahora mismo!

Eran las 10 de la mañana cuando llegaron los cuatro al hospital. Justo en ese momento salía Patricia de la cafetería quien no se dio cuenta que entraban por la puerta, del hospital Juana,Griselda,Marc y Adrian.

Juana que la vio les dijo a sus tres hijos:

-No le digáis nada que no nos ha visto quiero ver su reacción cuando nos veaentrar a los cuatro- sus hijos le hicieron caso.

Preguntaron en qué planta se encontraba Julián Sagrado. Les dijeron que estaba en la UCI en la segunda planta. Subieron a la segunda planta en la habitación 110.

Patricia apuraba el último sorbo de su café mientras caminaba por el pasillo de la segunda planta. Revisaba unos documentos en su tablet, repasando cómo explicaría la "ausencia" de su padre en la junta de mañana. Tenía el guion perfecto.

Estaba tan absorta en sus planes que ni siquiera se fijó en las cuatro sombras que caminaban con paso firme unos metros por delante de ella hacia la habitación 110. Juana se detuvo frente a la puerta. Su pecho subía y bajaba con fuerza. Marc le puso una mano en el hombro, dándole fuerzas, y Adrián abrió la puerta con un movimiento seco.

Dentro, el pitido rítmico y constante de las máquinas de la UCI era el único sonido. Julián yacía pálido, rodeado de cables. Juana sintió que el corazón se le encogía al verlo así, pero el dolor se convirtió en puro fuego cuando escuchó unos tacones acercándose por el pasillo.

-!Espero que los de contabilidad tengan listos los...! —Patricia entró en la habitación hablando sola, con la mirada puesta en su tablet. Al levantar la vista, el dispositivo casi se le resbala de las manos. Se quedó petrificada en el umbral. Sus ojos saltaban de Adrián a Marc, luego a Griselda y finalmente se clavaron en la mirada gélida de su madre. El color desapareció de su rostro en un segundo, dejándola tan pálida como el hombre que estaba en la cama.

-¿Mamá? ¿Qué... ¿Qué hacéis aquí todos? —balbuceó Patricia, tratando de recomponer su máscara de hierro, aunque su voz la traicionaba—. Os dije que papá estaba descansando en una clínica privada para evitar el estrés...

-Míralo, Patricia —dijo Juana señalando la cama con una mano temblorosa de rabia—. Mira a tu padre. ¿Esto te parece una "clínica de descanso"? ¿Desdecuándo la UCI es un balneario?

Puedo explicarlo... el traslado fue de última hora y no quería alarmaros hasta tener un diagnóstico claro... —intentó defenderse ella, dando un paso hacia atrás. -!Mientes! —gritó Adrián—.

Sabemos yque lleva aquí desde anoche. Lo sabemos todo.Patricia se quedó en silencio, acorralada. Por primera vez en su vida, el control que tanto amaba se le había escurrido entre los dedos. Pero lo que ella no sabía era que, en ese mismo pasillo, Óscar estaba a punto de entrar para revisar las constantes de Julián, completando la reunión que cambiaría la historia de los Sagrado para siempre.

La puerta de la habitación se abrió de nuevo con un chirrido metálico. Un joven con uniforme sanitario y una carpeta en la mano entró sin levantar la vista.

-Buenas tardes, vengo a revisar las constantes del señor Julián y... B—Óscar se detuvo en seco al ver la habitación llena. Su mirada se cruzó con la de Juana y luego con la de una Patricia que parecía querer fulminarlo con la vista. El silencio en la 110 se volvió asfixiante. El secreto de Julián Sagrado estaba a solo un paso de salir a la luz.




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