El Último Sagrado

Capítulo 9: tormenta familiar

Tras la muerte de Julián en el hospital, le trasladaron al tanatorio del pueblo de Sagrado. No era muy grande, lo que hacía más difícil el esquivarse para no verse.Cuando Óscar certificó la muerte de Julián, Patricia llamó a su familia. Cogió el móvil y llamó a su madre:

—Mamá, tengo algo que contarte. Papá acaba de fallecer —entre sollozos se lo contó a su madre. Juana, al otro lado del teléfono, respondió:

—No puede ser verdad. Ahora se lo comunicó a tus hermanos. En ese momento en el que Juana tenía que estar destruida, era lo que menos estaba. A la mente se le vino el problemón que le había dejado su marido: unos millones que ella sabía perfectamente de dónde venían tras haber leído los documentos que había en la caja fuerte.

Cuando acabó de hablar con el resto de sus hijos se dirigió al tanatorio. Allí se encontró con su hija Patricia que estaba en sala sentada enfrente de su padre.Juana abrió la puerta de la sala. Una sala un poco pequeña pero que a la vez respiraba un ambiente un poco raro.

El saludo entre madre e hija fue un poco frío más por parte de Juana que de Patricia. En ese momento llegaron el resto de los hijos Marc,Adrian y Griselda.

Ellos tres saludaron a su hermana, se abrazaron los cuatro pero en el fondo desconfiaban uno de los otros.

Se sentaron en la sala donde ya se notaba un poco de tensión. Porque Patricia seguía sentada sola y resto todos juntos.El ambiente frío, distante y donde se veía que cada uno pensaba mal del otro.

Juana se levantó para dirigirse a donde estaba su hija patricia.

Ella le dijo:

-Patricia tengo que hablar contigo vamos a fuera y hablamos- se fueron las dos fuera de la sala.Patricia no sabía lo que le iba a decir su madre y estaba con un poco de miedo.Una vez fuera de la sala Juana empezó hablar.

-Patricia una vez que acabe todo esto ahí muchas cosas por resolver, pero no quiero ninguna mentira más.- a lo que la hija contestó:

-Todas las mentiras que hay o las que he podido decir ha sido por protegeros- ella sabía en el fondo que lo había hecho por dinero y por ganar tiempo para descubrir dónde se encontraba el hijo secreto de sus padre.Juana cansada de que su hija siguiera diciendo que lo hacía por protegerlo se empezó a cabrear.

-¡NO! SIGAS CON ESA MENTIRA PORQUE YO NO ME LA CREO MÁS! respondió Juana alzando la voz.

-Me parece fatal lo que estás haciendo mamá, ponerte a dar voces en este momento-respondió Patricia.

Cómo Juana estaba dando voces lo escucho Adrián quien estaba saliendo para ir al baño. Se dirigió a ellas:

-se puede saber que estais haciendo dando estas voces aquí en este momento-ellas dos se callaron de inmediato.Pero la madre no puede quedarse sin decir nada.

-Tu también eres un mentiroso porque ahí muchas que no me has contado y que me he enterado por otro lado- soltó Juana.Adrian y Patricia no entendieron nada en ese momento. Nunca su madre los había hablado de esa forma tan agresiva y dando voces. Siempre había sido una mujer que no levantaba la voz por nada.Casi siempre se mantenía al margen de todo. Lo que les extraño a sus hijos.

Ellos no sabían los documentos que su madre había visto en la caja fuerte.Patricia en ese momento empezó a recordar las últimas palabras de su padre "ayuda a tu madre”. Recordó cómo se había encontrado a su padre en la oficina tirado en el suelo casi sin vida. Pero mientras las palabras salían de su boca, la mente de Patricia se desconectó por completo del pasillo del tanatorio. Las voces de su madre y de Adrián se volvieron un eco lejano. En ese instante de máxima tensión, empezó a recordar,como si lo tuviera delante, las últimas palabras de su padre: «Ayuda a tu madre...».

El recuerdo la golpeó con fuerza. Se vio a sí misma entrando en la oficina una semana atrás, encontrándose a su padre tirado en el suelo, con el pecho agitado y casi sin vida. Recordó el pánico, el olor a papel de la oficina y cómo se arrodilló a su lado mientras él le apretaba la mano con las pocas fuerzas que le quedaban. Julián no solo le había pedido ayuda para Juana; en esa última mirada desesperada, Patricia había entendido que había algo más.

Algo que descubrió días después cuando José le contó que su padre tenía una hijo secreto. Todo lo que había hecho desde entonces —las mentiras, las evasivas, el dinero retenido— no era por maldad. Era para cumplir la última voluntad de un moribundo y para ganar tiempo antes de que toda la familia se despedazara por la herencia.

Un parpadeo de Juana la devolvió de golpe a la gélida realidad del tanatorio. Su madre seguía allí, mirándola con ojos de furia, sin tener la más mínima idea del peso que Patricia cargaba sobre sus hombros.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.