El Último Sagrado

Capítulo 9:Tormenta familiar 2 parte

Tras la discusión entre Juana, Adrián y Patricia, los tres se metieron dentro de la sala. Allí se encontraron a Griselda y Marc, quienes sospechaban que algo estaba pasando. Una vez dentro, Juana quiso hablarles a sus cuatro hijos:

—Quiero deciros a vosotros que me duele la muerte de vuestro padre. Pero tampoco me gustan las cosas que estoy descubriendo... Y no me refiero solo a vuestro padre —en ese momento se hizo un silencio incómodo, sobre todo por la sorpresa de los hijos ante las palabras que acababa de decir su madre.La primera en romper el silencio fue Griselda:

—No sé qué es lo que está pasando entre vosotros, pero lo único que quiero decir es que yo no voy a entrar en vuestro juego —tras unos segundos, siguió hablando—.Y lo único que no me parece normal es el ocultamiento por parte de Patricia y tus secretos ahora, mamá. Quisiera saber lo que está pasando.

El resto de la familia se tomó unos segundos para responder. Marc, que era el único que no se había pronunciado, por fin decidió hablar:

—Lo único que voy a decir es que, una vez que se entierre a papá, quiero saber toda la verdad, porque hasta ahora no me habéis contado nada nunca —tras estas palabras, que sorprendieron a los demás, se volvió a su sitio y se sentó.La tensión familiar en la sala se podía cortar con un cuchillo. Todos sabían que les quedaban muchas horas por pasar juntos, pero a la vez estaban completamente incómodos unos con otros.

En ese momento llegó José, el empleado de confianza de Julián. Abrió la puerta de la sala donde se encontraba la familia y, en cuanto entró, notó que algo pasaba. Se dirigió primero a Juana, a quien le dio un abrazo y un beso, pero ella enseguida se apartó; sabía que José nunca le había dicho toda la verdad sobre lo que hacía su marido.

José siguió dando el pésame a toda la familia. Una vez acabó, se quedó de pie mirando a Julián, que estaba metido en la caja tumbado boca arriba. Cuando ya llevaba unos segundos contemplando a su jefe, se le acercó Juana:

—Tenemos que hablar, José. Hay algo muy importante que tengo que decirte.En ese momento él no supo qué decir; las palabras de Juana le dejaron bloqueado.A la vez, su cabeza iba a mil por hora: «¿Qué quiere hablar conmigo? Quizástiene la intención de echarme... Porque si quiere hacerlo, le va a salir caro».Mientras iban andando los dos hacia la cafetería, se notaba en el ambiente que no eran muy amigos. Ya estaban en la puerta cuando, en ese mismo instante, llegó Patricia corriendo detrás de ellos. Juana rápidamente le dijo:

—¿Tú qué haces aquí? Creo que esta conversación no te importa.Se notaba en la voz de Juana que no quería que su hija se enterase de lo que iba a hablar con José, porque sabía que luego lo liaría todo.

Patricia le contestó a su madre sin arrugarse:

—Sí que me importa esta conversación. Él trabaja para papá y, si se va a tomar alguna decisión sobre la empresa, quiero ser la primera en escuchar.Lo que menos le importaba a Patricia era la empresa; lo que realmente no quería era que José le contase a su madre lo del hijo secreto. Quería encontrarlo ella antes para actuar y que nadie se enterase.

Sin embargo, al ver a su madre tan enfadada, Patricia decidió dar media vuelta y regresar a la sala, consumida por la desconfianza de que José pudiera desvelar el secreto.Una vez dentro de la cafetería, Juana y José se sentaron en una mesa apartada del resto de la gente, uno enfrente del otro. Fue Juana la que tomó la palabra: —José, quería que habláramos a solas porque, tras la muerte de mi marido, la que está a cargo de la empresa ahora soy yo.

Mientras hablaba Juana, en la cabeza de José no dejaban de resonar las mismas palabras: «Esta mujer no sabe que su marido tiene un hijo secreto».

—...Y quiero decirte que quiero que te vayas de la empresa, porque no me fío de ti —sentenció Juana. José le contestó con una sonrisa tensa:

—Te conviene que yo siga en la empresa. Sé muchas cosas que ni tu hija conoce delo que hacía Julián. Juana, al escuchar esas palabras, sintió un escalofrío de miedo. Ya había visto los papeles en la caja fuerte y sabía que había bastante lío oculto para la familia,pero no quería desvelarle a José lo que había descubierto.—Me da igual lo que tú sepas, no me fío de ti —respondió Juana, sosteniéndole la mirada—. Y, en todo caso, si te quedas, tienes que demostrar que has cambiado y contármelo todo a mí antes que a mi hija Patricia.




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