Tras las palabras que había tenido con José en la cafetería. Juana se dirigió a la calle para llamar por teléfono y hablar con Óscar y su madre para contarles la noticia.Todos los demás se encontraban en la sala. Allí estaban casi todos en silencio.La llegada de familiares como el hermano de Julián, sorprendió un poco a todos pero sobre todo a Juana.
Ella nunca había tenido mucho trato con él, le consideraba una persona interesada,a él sólo le movía el dinero. En una ocasión cuando él trabajaba en la empresa de su hermano.
Años atrás, un día cualquiera trabajando en la empresa, él se encontraba en su despacho, justo al lado del de su hermano Julián. Las paredes no lograron amortiguar los ruidos y, de pronto, escuchó que Julián hablaba por teléfono,alzando la voz más de lo normal.
Se pegó un poco para escuchar mejor.—No, eso no me lo puedes hacer —decía Julián, y en su tono se notaba un cabreo monumental, pero también una tensión extraña, como si alguien estuviera acorralado—. Ya he pagado suficiente todo este tiempo y te he dado bastante dinero.
Escuchando tras la puerta, el hermano de Julián lo entendió todo: al gran patriarca de la familia lo estaban chantajeando. Y un secreto tan valioso, para alguien a quien sólo le movía la ambición, era una oportunidad demasiado buena como para dejarla escapar…El chantaje que estaba sufriendo el patriarca venía de la madre del hijo secreto, quien le pedía más dinero o se lo contaba todo a su mujer.
La cantidad de dinero era elevada: le pedía 400 000 euros, pero Julián no estaba por la labor de pagar dicho chantaje.
El hermano de Julián llamó a la puerta del despacho.—¿Puedo pasar? —Hubo unos segundos de silencio, pues a Julián no le gustaba mucho que le molestase. —Pasa, pero rápido, que tengo cosas que hacer—respondió Julián, como queriendo quitárselo de encima.
Carlos, el hermano de Julián, pasó al despacho y se dirigió a la mesa para decirle:
—No he podido evitar escucharte y quiero decirte que tienes que hacer algo.Julián, que no quería dar detalles, solo le dijo:
—Si no pago**, hay** algo… que puede contar esta persona que me puede perjudicar.Carlos no entendía nada, por eso le preguntó directamente:
—¿Pero se puede saber qué es eso que puede salir que te puede hacer daño?El patriarca tenía dudas de si contárselo a su hermano, pero a la vez necesitaba desahogarse con alguien. ¿Y con quién mejor que con su hermano? Él nunca pensó lo que le esperaba cuando le contase a su hermano el secreto que podía salir a la luz.
Procedió a desahogarse con su hermano.
—Tuve una novia antes de casarme con quien tuve un hijo. Yo no quería tenerlo, pero ella decidió seguir adelante. En aquella época yo no estaba pasando por mi mejor momento, lo que me llevó a abandonarla estando embarazada. Ella no tenía nada y su familia no podía hacerse cargo de ese bebé.
Carlos, según escuchaba la historia que le contaba su hermano, no dejaba de alucinar. Aquel hermano mayor, el que parecía que nunca se salía del guionporque era tan formal y tan educado, tenía un pasado bastante oscuro del cual su familia no sabía nada.Carlos le preguntó:En ese momento, el teléfono volvió a sonar, interrumpiendo la conversación.
—Perdona, tengo que cogerlo —le dijo Julián a su hermano. Descolgó el aparato—: Vale, enseguida voy para allá.Era su secretaria para recordarle que tenía una reunión. Los dos salieron del despacho: Julián se marchó a su cita y Carlos regresó al suyo. Una vez allí, se sentó a reflexionar a solas:
«Así que, hermanito, tienes un poco de mierda en tu pasado... Tú, el que decían que era el modelo a seguir. Y por la historia que me has contado, creo que sé quién es esa mujer. Juana no tiene muchas amigas. Tu silencio no te va a salir barato».
Carlos siempre le había tenido envidia a su hermano, el cual no había contado con él para abrir el negocio; solo le dio trabajo, pero en un puesto de poca relevancia.Ahora lo tenía más que claro: le iba a exigir a Julián que le cediera la mitad de la empresa.Julián salió de la empresa para reunirse con un detective privado para que hiciera un espionaje a la madre de su hijo secreto.
Julián salió de la empresa a toda prisa, pero no se dirigió a una reunión de negocios. Su destino era mucho más oscuro. Conducía con la vista fija en el retrovisor, con la paranoia de sentirse vigilado a cada kilómetro. Aparcó en una calle solitaria a las afueras del pueblo y se subió rápidamente al asiento del copiloto de un coche familiar de color gris, con los cristales tintados.
Dentro lo esperaba Peña, un detective privado de pocas palabras y mirada afilada que ya le había hecho un par de "trabajos limpios" a la empresa en el pasado. El olor a tabaco frío y café inundaba el vehículo.—Gracias por venir tan rápido, Peña—dijo Julián, bajándose la visera del sombrero para ocultar su rostro.
—Usted paga bien, don Julián, y yo no hago preguntas—respondió el detective, sacando una pequeña libreta—. Me dijo por teléfono que es un asunto de máxima prioridad. ¿Cuál es el objetivo?
Julián tragó saliva. Le costaba soltar el nombre, pero no tenía otra opción.—Quiero que investigues a una mujer. Se llama... —Julián pronunció el nombre conrabia—. Está intentando extorsionar. Me pide una cantidad absurda de dinero acambio de su silencio por un asunto del pasado.
Peña anotó el nombre sin inmutarse. Ni una mueca de sorpresa.
—¿Qué busca exactamente? ¿Que la asuste?—No, no, nada de violencia —le cortó Julián de golpe, nervioso—. Quiero información. Quiero saber con quién habla, dónde guarda los papeles que me amenazan, si tiene deudas, secretos, amantes... lo que sea. Necesito algo con lo que poder presionarla yo a ella. Si me va a hundir, tengo que tener una soga con la que poder frenarla.
El detective guardó la libreta en la chaqueta y arrancó el motor del coche,indicando a Julián que la reunión había terminado.
—Deme dos días, don Julián. Si esa mujer tiene una sola grieta en su vida, yo la voy a encontrar. Pero vaya preparando el talonario, porque escarbar en el fango cuesta caro.