Mientras Ramona se encontraba en su sitio de siempre en la nave abandonada. Se acercó a lo lejos un coche que no se podía saber quién era por la niebla. Venía a bastante velocidad. Dio un frenazo y se detuvo delante de donde se encontraba Ramona.
Aquel coche de alta gama tenía un azul brillante y unas luces led. Era del hermano de Julián. El cuál que quería lo mismo que Ramona vengarse de Julián lo que esté por celos.
Ella como siempre estaba comiendo lo que le habían dado los vecinos. Mientras pensaba “Quién será que se acerca a estas horas aquí” “porque no creo que sea Julián ese no se atrevería a venir hasta aquí y mucho menos rebajarse” “pero un momento ese es el hermano de Julián” “a qué vendrá este solo puede venir por una cosa querer ayudar a su hermano “.
Eso pensaba Ramona pero el hermano de David. Venía con otra idea sacar tajada del momento que estaba pasando Julián. No le bastaba con lo que ya le había sacado.
Tras aparcar el coche muy cerca de Ramona. Se bajó del coche venía muy trajeado pues siempre le gustaba aparentar de rico. Aunque nunca tuvo ningún duro.
El sonido de los zapatos elegantes de David —si es que se llamaba así— resonó contra el suelo de cemento agrietado. Se sacudió una mota de polvo invisible de la chaqueta del traje y miró a su alrededor con una mueca de asco, deteniendo los ojos en Ramona.
—Y tú no has cambiado de sastre, aunque dudo que ese traje esté pagado —respondió ella con voz fría, lanzando el envoltorio de su comida a un lado—. ¿A qué has venido? Si buscas a tu hermano, te has equivocado de nave. Julián no tiene el valor de pisar este barro.David soltó una carcajada seca, dando un paso hacia ella.
—¿A Julián? A ese cobarde que le den. No he venido a salvarlo, Ramona. He venido a terminar lo que tú empezaste. Quiero hundirlo, y sé que tú tienes exactamente lo que necesito para conseguirlo.David le propuso un trato.
-Tengo algo que te puede interesar-dijo David-Ramona sorprendida porque sabía que David tenía poco o nada que ofrecer-no se que puedes ofrecer tú qué me interese- le contestó Ramona.Se produjeron unos segundos de silencio.Hasta que David comenzó hablar.
-Mi hermano me acaba de dar la mitad de la empresa. Puedo ofrecerte mucha más información para que puedas hundirlo.
Ramona guardó silencio durante unos segundos largos. Miró detenidamente la figura de David recortada contra la penumbra de la nave, evaluando el valor real de sus palabras. Sabía de sobra cómo funcionaba la mente de los dos hermanos: Julián jamás habría cedido el cincuenta por ciento de sus propiedades por mero afecto familiar.
Si David tenía esas acciones en su poder, no había sido un regalo de hermano mayor, sino el resultado de una extorsión en toda regla.—¿La mitad de la empresa? —repitió Ramona con un hilo de voz helada, rascándose el borde gastado de la manga de su abrigo—. Julián prefiere quemar cada billete antes que darte a ti un solo céntimo. Cuéntame la verdad, David, porque los dos sabemos que tú no tienes la capacidad de convencerlo de buenas maneras.
David apretó la mandíbula, haciendo que el músculo de su mejilla diera un leve tirón. El desprecio en las palabras de Ramona le había dado de lleno en el orgullo, pero se esforzó por mantener la compostura, acomodándose el nudo de la corbata con un gesto rápido.
—No me lo ha dado por las buenas —admitió él, bajando el tono de voz para que solo resonara entre las cuatro paredes desconchadas de la estructura—.Lo tengo contra las cuerdas con el desfalco de las cuentas de la constructora.Si la auditoría saca a la luz los pagos que hizo en B el mes pasado, él acaba en los juzgados. Para callarme la boca y evitar que fuera a hablar con los inspectores, me firmó la cesión esta misma tarde.Ramona dejó ir una risa corta, amarga y sin rastro de diversión.
—Vaya dos alimañas... Así que al final estabas esperando el momento justo para morderle el cuello a tu propio hermano.—A mí no me hables como si fueras santa, Ramona —replicó David, dando unpaso al frente que hizo crujir varios pedazos de cristal roto sobre el hormigón—. A ti te da igual cómo caiga Julián, siempre que caiga. Con el acceso que me da el cincuenta por ciento de la empresa, puedo entrar en la caja fuerte de la sede, revisar los archivos privados y sacar los nombres de las personas a las que pagó para destruirte.
Ramona se puso en pie sin prisa. Aunque su aspecto era el de una mujer castigada por la calle y el abandono, sus ojos reflejaban una lucidez implacable. Se acercó a David hasta quedar a escasa distancia. El aroma a perfume de marca que desprendía el hombre chocó de lleno contra el olor rancio a óxido y humedad de la nave.
—Si ya tienes la mitad de la empresa y las pruebas del desfalco... ¿para qué venir a buscarme a mí? —le espetó ella fijando sus ojos en los de él—. Podrías hundirlo tú solo mañana si quisieras.La firmeza de Ramona hizo mella en David. Por un instante, la fachada de hombre de negocios impecable se agrietó, dejando traslucir el miedo que intentaba ocultar tras su coche de lujo y su traje a medida.
—Porque la junta directiva no me va a respaldar a mí —confesó apretando los puños dentro de sus bolsillos—. Me consideran un inútil que solo sabe gastarse el dinero que no tiene. Si yo voy solo a los tribunales, los abogados de Julián dirán que he falsificado los documentos para chantajearlo. Necesito algo más. Necesito la prueba física de la noche de la fábrica.
Al escuchar la mención de "la fábrica", Ramona sintió un latigazo en el estómago. Era el secreto que llevaba meses guardando bajo llave, la pieza que lo cambiaba todo.
—Tú guardaste el cuaderno antes de que Julián mandara limpiar la zona —insistió David en un susurro apresurado—. Dame ese cuaderno. Con mis documentos contables y tu prueba, Julián no tendrá dinero suficiente en el mundo para librarse de la cárcel.
Ramona contempló la niebla que se colaba a través de los ventanales rotos del techo. La propuesta era tentadora; significaba poner en marcha la venganza que llevaba planeando desde el día en que lo perdió todo. Sin embargo, no tenía la menor intención de fiarse de alguien que acababa de traicionar a su propia sangre.—Tú te quedas con el control total de la empresa y el dinero de las acciones —dijo Ramona hilando la jugada en voz alta—. Y yo me quedo mirando cómo se lo llevan detenido. ¿Ese es tu gran plan?—Es el mejor trato que vas a conseguir nunca —respondió David extendiendo la mano derecha con una sonrisa confiada—. Ganamos los dos.