El último sobreviviente.

CAPITULO I: Soy Brad.

Carta a los sobrevivientes.

Mi nombre es Brad soy un hombre caucásico de 38 años de edad, les escribo esta carta para que sepan que hay alguien más con ustedes.

La noche se siente más fría de lo normal, mi abrigo ya no me da calor como antes, todo se está tornando más complicado para mí.

Camino solo por estas calles vacías en ruinas buscando algún sobreviviente del apocalipsis el cual ocurrió hace unos meses o quizás hace algunos años, en realidad no lo recuerdo ya que ni calendarios existen, no sé si es sábado o domingo o algún otro día de la semana, solo sé que estoy vivo en un mundo de caos total..

La maleza se está consumiendo las casas, creo que son los únicos seres vivos que me acompañan ya que ni animales he visto, bueno, solo algunas cucarachas que se pasean a veces sobre mis pies.

Muchos creerían que lo que ocurrió fue culpa de alguna invasión alienígena o de algún meteorito que impacto con la tierra. Nada de eso, todo fue causa de nosotros mismos los humanos tras la guerra del año 2067 en la cual al sentirse derrotado los Estados Unidos lanzaron un misil nuclear acabando con toda la vida en el planeta. ¡Qué imbéciles! Se mataron ellos mismos junto a toda la raza humana simplemente para que todo el mundo quedara derrotado.

Quizás se pregunten ¿Y cómo sobreviviste Brad? ¿Cómo? ¿Cómo lograste ser el último hombre en el mundo? Jajajajaja aun no creo ser el único humano vivo en este planeta, pero les diré mi secreto.

En el momento en el que comenzó la 3ra guerra mundial me metí en mi bunker bajo tierra que había hecho años atrás antes de que comenzara la misma, lo había creado por ser un militar retirado y sabía que me funcionaria para algo, pero jamás pensé utilizarlo para esto.

En el momento en el que exploto la bomba nuclear mi bunker sintió el temblor y hubo un silencio total. Salí de mi casa y vi el lugar donde vivía en ruinas, casas caídas, calles agrietadas por la mitad, coches quemados y claro postes caídos. Salí para ver cómo estaba mi vecino el señor Will era un hombre bueno que siempre me prestaba su podadora, pero al ir a su casa caída y destrozada estaba muerto y quemado junto a su familia. Me dio dolor verlo así pero desde entonces he estado tratando de buscar a alguien vivo.

Se los digo, estar solo no es nada fácil a pesar de ser un hombre solitario y sin tener a mi familia cerca, siempre se extraña escuchar las gracias de aquel vagabundo que vivía cerca de la iglesia cuando le daba una limosna.

Sé que nadie me leerá o quizás sí, bueno no lo sé, pero espero y si me leen entiendan que aun estoy vivo y que estoy vagando por este mundo en busca de personas como ustedes, sobrevivientes que quieran nuevamente comenzar desde cero en un mundo sin guerras donde todos seamos iguales.

                                                                                    Firma: Brad Bautista

– Bien, dejare mi carta sobre el escritorio del presidente y seguiré mi camino.

Dije mientras colocaba la carta en la mesa y salía de la casa blanca vuelta un caos total. Seguí mi camino sobre toda la ciudad de Washington tratando de buscar algún sobreviviente. Solo mi linterna y mi arma mágnum .357 me acompañan mientras reviso cada casa en la oscuridad de la noche.

Pero todo es en vano solo consigo lo mismo, casas vacías en ruinas y con gente putrefacta dentro de ellas.

Luego de revisar y revisar toda la noche, me tomo la dicha de descansar un poco sobre un colchón manchado por la sangre de alguien muerto, pero me da igual solo quiero dormir un poco.

A la mañana siguiente me dirijo hacia una tienda donde hay mucha variedad de alimentos, algunos con su fecha de caducidad pasada como algunos que aun siguen intactos y por su puesto voy por esos los cuales son enlatados. Los meto en mi mochila, saco una botella de agua y empiezo a beberla.

–  Ay Dios, no supimos valorar nuestra propia casa.

Digo en voz baja mientras observo todo el local, el cual empieza a temblar, pero ya es costumbre para mi pequeños sismos se han detectado desde lo ocurrido a causa de la bomba nuclear. Suspiro y sigo mi camino pensando que quizás aun alguien se encuentre vivo en este mundo el cual ya no llamo tierra si no desastre total.

Voy caminando sobre toda la carretera agrietada y destrozada observo un local de ropa y veo que dentro de él se mueve un vestido. Me dirijo de inmediatamente entrando con cautela mientras apunto mi arma.

–  ¿¡Hay alguien aquí!? –Digo mientras observo el lugar–

Nadie parece contestar así que lo vuelvo a decir.

– ¡No tema quien esté aquí, soy alguien bueno y prometo ayudarlo!

– Si eres alguien bueno ¿Por qué apuntas con un arma?



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En el texto hay: apocalipsis demonios

Editado: 10.04.2018

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