El último sobreviviente.

CAPITULO VIII: Dogma y Paymon.

Pequeños retazos de recuerdos pasan por mi mente. Observo mi juventud cuando jugaba a la pelota con mis amigos, cuando tuve mi primer amor “Carmen” tan hermosa con su piel morena y sus ojos miel que me dejaban hipnotizado de momento.

Observo mi graduación, el baile junto a ella, nuestro primer beso bajo esa noche totalmente estrellada fuera de la institución, la sonrisa que me regalo después del mismo, sus siete pasos que dio alejándose un poco de mi y el auto que la choco justo frente a mis ojos. Grito de terror, voy a ver como se encuentra pero está totalmente hecho trizas su cuerpo ¡Solo era una joven comenzando a vivir! ¿¡Por que murió!? ¿¡Porque no pude salvarla!?

Abro mis ojos despertando de aquella pesadilla la cual era un recuerdo de mi pasado que había borrado hace mucho, pero que ahora ha regresado a atormentarme nuevamente la vida.

Observo el techo y a mí alrededor, estoy en una cueva que esta alumbrada por varias velas incrustadas en las paredes. Intento mover mi cuerpo pero no reacciona ¿Estaré muerto?

– No hombre, no estás muerto.

Escucho una voz que se aproxima hasta donde estoy, logro observan quien me ha dicho esas palabras y es un hombre de estatura mediana, obeso, con la cara arrugada, el cabello largo rustico y sus ojos totalmente rojos.

¡Es un maldito demonio! Pero no puedo moverme, solo puedo observarlo con odio y a la vez con un poco de temor.

– ¡Que quieres de mi! –Grito mientras observo cómo se acerca.

– Tranquilo Brad no te are daño, más bien sane tus heridas y deje que entraras a mi hogar para mantenerte a salvo.

Me agarra de la mano y me la sube hasta mi rostro, la observo y esta cocido el lugar donde fue agujerada por el clavo. Me la baja con cuidado y comienza a vendármela. No entiendo nada ¿Es un demonio bueno?

– ¿Quién eres?

– Mi nombre es “Paymon” y soy un demonio de rango “F” el rango más alto que puede existir en el inframundo. –Me dice mientras termina de vendar mis heridas.

– ¿Eres bueno?

– No soy ni malo ni bueno, soy neutral.

– ¿Por qué me ayudas?

– Porque veo potencial en ti, soy un demonio maestro y sabio, el antiguo consejero y mensajero de Belcebú. Por esa razón no me equivoco cuando digo que posees algo que los demás humanos no.

– ¿Cuánto tiempo llevo dormido?

– Tres semanas completas.

Me sorprendo al escuchar que llevo tanto tiempo dormido, siento mi cuerpo otra vez reaccionando poco a poco, pero el dolor comienza a sentirse insoportable.

– No te sobre esfuerces hombre. –Me dice mientras me ayuda a sentarme.

– ¿Cómo me consiguieron?

– Brad el preguntón…

– ¿Cómo sabes mi nombre? –Interrumpo mientras lo observo seriamente.

– Una pregunta a la vez. La primera; Te encontró “Dogma” y te trajo hasta aquí, según me cuenta que estabas en una camioneta sangrando e inconsciente. La segunda; Cuando a un humano le ponen un nombre es como un sello que lleva marcado en su frente, cualquier demonio o ser divino puede verlo sin esfuerzo alguno.

– Por eso aquel demonio que me crucifico sabía mi nombre.

– No exactamente, quizás solo lo sabía porque estaba en el cuerpo de tu compañero y como sabia tú nombre…

– ¿Cómo sabes que mi a compañero lo poseyó un demonio si no te he contado eso?

En ese instante observo como sonríe y me mira directamente a los ojos.

– Brad, tengo el poder de ver la oscuridad que ha vivido un humano, por esa razón me daba cuenta del castigo merecedor del mismo en el infierno, puedo ver lo que viviste en el pasado, tantas muertes de seres queridos, lo que viviste en el bosque y en ese lugar llamado la SSC. Hombre no subestimes al sabio de las tinieblas.

Agacho mi mirada observando mis pies vendados.

– Vamos necesito que conozcas a alguien.

Me dice mientras me apoyo en sus hombros y su cuerpo se siente totalmente frio, me ayuda a colocarme de pie y comienzo a caminar muy lentamente mientras él me lleva.

Vamos caminando por toda la cueva la cual está muy bien estructurada, es como un túnel de barro con velas que le dan la iluminación que merece. De pronto comienzo a escuchar unos latigazos con unos gemidos bestiales, los cuales mientras más nos adentramos más fuertes se escuchan.

Llegamos a una habitación cerrada con una puerta de madera incrustada en la pared de barro, es el lugar donde provienen los sonidos. Paymon abre la puerta y observo a tres personas. Dos hombres desnudos, guindados mientras están amarrados de pies y manos con unas cadenas en forma de equis. Mientras el otro hombre esta vestido con un pantalón blanco, un chaleco negro, descalzo, poseyendo una espada plateada en su cintura y dos látigos uno en cada mano con los cuales está azotando a los hombres.

Con mí mirada un poco apagada logro observar como los azota dejándoles marcas desgarradoras, Paymon solo se ríe mientras ve como el hombre castiga a los otros dos.

De repente uno de los que está siendo castigado gira su cabeza ciento ochenta grados y me observa, yo lo veo y me sorprendo al reconocer que es Samir.

– ¡Brad ayúdame! –Me grita.



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En el texto hay: apocalipsis demonios

Editado: 10.04.2018

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