El último sobreviviente.

CAPITULO XIII: El guardián de la santa.

Los seres se acercan lentamente hacia donde estamos nosotros, me levanto y saco mi arma apuntándoles, solo espero que se acerquen un poco más para darles un tiro de gracia a los dos.

De un momento a otro observo cómo se detienen a escasos quince metros de nosotros, me les quedo viendo mientras empiezan a caminar de para atrás como si algo los estuviera alejando.

Me siento un poco extrañado mirando a Dogma el cual da un suspiro y voltea su mirada hacia atrás de nosotros, hago lo mismo y observo a una mujer con un vestido blanco largo hasta sus pies, con un cinturón dorado y un manto azul el cual va desde su cabeza hasta sus tobillos. La observo cómo se acerca a nosotros y se para frente a mí, su mirada me produce calma, sus ojos totalmente azules, su cara blanca como la nieve y su cabello el cual se observa poco de un color castaño me indican que es alguien bueno, una mujer totalmente hermosa.

Me mira directamente a los ojos, me agarra mis manos y me da un beso en la frente curando mis heridas por la caída ¿Fue un beso sanador? Qué raro pero me siento mucho mejor.

La mujer se acerca a Dogma intentando hacerle lo mismo pero en el momento que le agarra las manos este se las suelta bruscamente y le da la espalda.

– ¿Qué haces aquí María?

Al escuchar su nombre me sorprendo un poco ¿María la santa? Que visita más inesperada.

– Dogma, déjame curar tus heridas por favor.

Su voz es demasiado dulce, como el cantar de un pájaro en la mañana, produce calma a mi alma.

– No necesito que me cures, deberías irte u Omnipotentis se enojara contigo.

– El jamás se enoja conmigo y sabe que vine para ayudarlos, así que no temas mi querido ángel.

– Ya no soy un ángel, ahora soy un humano el cual está salvando su mundo, no como algunos que simplemente ven el desastre desde lejos.

Veo como Dogma me hace una señal para irnos mientras comienza a caminar, lo sigo y observo como la mujer se queda en el lugar con la cara agachada, creo que mi amigo fue muy duro con ella.

– Oye Dogma ¿No crees que fuiste un poco rudo con María?

– No lo creo, ella es un humano pero se le olvido continuar tal rol, ahora solo observa la destrucción del lugar donde ella nació y no hace absolutamente nada para evitarlo, no sabes cuánto me enoja eso.

– Pero nos ayudo amigo, deberíamos agradecerle.

– No te preocupes por eso Brad, voltea y veras que ya no está.

Giro mi cabeza y en definitiva no está, es como si se hubiera desvanecido.

– Además debemos retirarnos rápidamente Brad, antes de que aparezca el protector de María y lo que menos queremos es toparnos con ese ser.

– Demasiado tarde Dogma. –Dice una voz encima de nosotros–

Alzamos nuestras cabezas y observamos al que nos dijo esas palabras, es un ser con alas totalmente plateadas, con una armadura del mismo color, un cinturón dorado y una espada que lleva en su mano del mismo color del cinturón, por la descripción es uno de los siete arcángeles el cual se acerca lentamente bajando frente a nosotros, esta sonriendo, su cara es totalmente blanca resplandeciente, sus ojos azules intenso y su cabello largo hasta sus hombros totalmente castaño claro, su mirada trasmite algo de paz pero no puedo confiarme, los ángeles también están destruyendo el mundo según me dijo Paymon y Dogma.

– Gabriel, pensé que estabas escoltando a María hasta el cielo.

– El ángel caído Dogma, eso no es de tu interés, te estaba buscando era a ti.

En ese segundo observo como el arcángel apunta su espada a mi amigo mientras este solo sonríe.

– ¿De qué te ríes Dogma? ¿Te parece gracioso que estés a punto de morir?

– ¡No! Lo que me causa felicidad es que no está Rafael y Remiel para defenderte el culo, esta vez seremos solos tu y yo Gabriel, y saboreare la victoria cuando te arranque tus alas y esa estúpida sonrisa de tu rostro.

– Terminemos lo que comenzamos en el cielo entonces desterrado.

Observo a Dogma mientras este me mira de reojo dándome una señal de que me vaya del lugar, pero no pienso dejarlo solo en el estado que esta, no hace mucho acababa de pelear contra un demonio y ahora va a luchar contra un arcángel y no cualquiera uno de los siete legendarios que acabaron con la guerra ente el cielo y el infierno.

– No te dejare solo amigo. –Apunto mi arma al arcángel mientras lo observo con enojo–

– ¡Que te largues Brad! –Me dice enojado–

– ¡No! He aprendido muchas cosas estos días y una de ellas es jamás abandonar a tu compañero, me quedare luchando junto a ti.

– Pero que bonita es la amistad no lo crees Gabriel. –Se escucha una voz entre las sombras del bosque–

– Por supuesto que si Satanás. –Dice el arcángel mientras sonríe–

En ese momento observo como sale el rey demonio de las sombras y se para justo al lado del arcángel.

– Bien, bien, bien, Brad y Dogma los felicito, sobrevivieron a Caym y Merihim, pero creo que ya su camino se les acorto y tendrán que morir aquí. Por cierto Gabriel recuerda nuestro trato, te ayudare a acabar con Dogma y Brad pero a cambio quiero a Miguel en la tierra, quiero luchar contra él.



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En el texto hay: apocalipsis demonios

Editado: 10.04.2018

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