Un mes ha pasado desde que cerraste la brecha entre los tiempos. Ahora, cuando miras por la ventana de tu apartamento en el norte de la ciudad, ya no ves la casa amarilla frente a ti – pero sabes que está ahí, en el centro histórico de Cali, esperando. Cada vez que sientes que la ‘T’ de tu teclado se calienta o que el papel de tu cuaderno empieza a moverse solo, sabes que alguien necesita ayuda para contar su verdad.
Hoy decides volver a la Calle 10A. Cuando bajas del carro, notas que la calle ya no está vacía – ahora hay personas caminando por sus adoquines, hablando, riéndose, llevando libros y cuadernos bajo el brazo. El puesto de arepas de la señora está de vuelta en la esquina, y cuando te acercas, ella te sonríe con calidez: “¿Una arepa con queso, mijo? Ya sabía que volverías – esta calle siempre espera a quienes la necesitan”. Pero al darte la arepa, sus manos tiemblan ligeramente, y sus ojos se vuelven por un instante vacíos antes de recuperar el brillo.
La casa amarilla luce diferente. Su fachada amarilla está renovada, pero conserva el herraje de serpientes en la puerta – ahora las serpientes parecen bailar en lugar de estar quietas, aunque de vez en cuando se detienen como si estuvieran escuchando algo. Al entrar, el olor ya no es de madera húmeda y jazmín muerto, sino de madera fresca, flores nuevas y café recién hecho. La mesa de roble sigue en el segundo piso, con el libro viejo abierto sobre ella – pero ahora las páginas se llenan solas con historias que llegan de todos lados: de personas que han guardado secretos durante años, de familias que han perdido sus historias, de lugares que han desaparecido de los mapas.
“Siempre habrá quien necesite escribir la verdad”, dice una voz detrás de ti. Giras y ves a Juan – ahora parece tener la edad que debería tener si hubiera crecido, pero sus ojos siguen teniendo la claridad del niño que conociste. “La entidad nunca desaparece del todo – siempre existirá donde el miedo sea más fuerte que la valentía. Pero ahora tenemos algo que no teníamos antes: personas dispuestas a contar lo que pasó.” Mientras habla, notas que en la pared detrás de él aparecen marcas oscuras que parecen arañazos – las mismas que vieron en las paredes de la casa cuando llegaste por primera vez.
Miras por la ventana del segundo piso: la Calle 10A ahora aparece en los mapas – no solo en los de Cali, sino en los de todas partes donde alguien ha escrito o leído esta historia. Pero cuando abres Google Maps en tu teléfono, la calle se duplica: una versión está en el centro histórico, y otra aparece en un lugar que no existe en ningún mapa oficial – un punto entre Colombia, México y Argentina, donde el mapa se vuelve borroso y aparece el mensaje: “Otra calle está esperando a ser descubierta”.
Los vecinos que antes no podían hablar ahora organizan talleres de escritura, enseñando a otros cómo encontrar la verdad en sus propias vidas. Pero algunos de ellos se quedan callados de repente durante las clases, sus ojos cerrándose lentamente como los del hombre mayor que conociste en la esquina. Cuando los llamas por su nombre, responden con tu nombre secreto: “Marcial”.
Doña Elvira está en la cocina, preparando hierbas como hace cien años – ahora las usa para hacer infusiones que ayudan a las personas a encontrar las palabras que necesitan. “Tu abuela estaría muy orgullosa”, te dice, pasándote una taza caliente. “Ella sabía que algún día la responsabilidad pasaría a ti, y que tú sabrías que las historias no se escriben solo para el presente, sino para todos los tiempos que vendrán.” Al dejar la taza en tu mano, su collar de plata – el mismo que tu abuela usaba – se convierte por un instante en una ‘E’ en lugar de una ‘M’.
Subes de nuevo a la habitación principal. El libro viejo está abierto en una página en blanco, pero esta vez no necesitas escribir en él – la pluma de ave grande se mueve sola, registrando la historia de una mujer que acaba de llegar a la calle, buscando ayuda para contar cómo su pueblo fue olvidado por el mundo. Mientras la pluma escribe, notas que la página tiene tres fechas en la esquina superior: 1926, 2026 y 2126. Y debajo de la historia, aparecen palabras que no escribiste: “La entidad no estaba solo. Hay más – muchos más – en otros lugares, en otros tiempos. Ellos han sentido que la brecha se cerró aquí, y ahora están buscando nuevas formas de entrar.”
Miras tu mano – la marca en la muñeca sigue ahí, pero ahora cambia de forma constantemente: ‘V’ para verdad, ‘J’ para Juan, ‘M’ para Marcial, y una nueva letra que no reconoces. Tus dedos ya no se cuentan solos, pero cuando tocas el libro viejo, comienzan a moverse en un ritmo de ocho latidos por cada nombre importante – un número que nunca antes habías sentido.
En ese momento, tu teléfono suena varias veces seguidas. Son mensajes de texto de diferentes números desconocidos – todas las letras brillan con luz cálida, pero cada mensaje dice lo mismo: “Estamos en la Calle 10A. No en Cali – en otra parte. Necesitamos ayuda para escribir nuestra historia.” Abres Google Maps y ves que aparecen decenas de calles llamadas 10A en todo el continente, todas marcadas como “Ubicación no disponible. Zona restringida.”
Sabes qué hacer. Cierras el libro viejo – las páginas se cierran suavemente, pero escuchas un crujido como si algo estuviera tratando de salir de dentro – y bajas las escaleras. Al salir a la calle, la señora del puesto de arepas te hace una señal con la cabeza, pero esta vez su sonrisa es extraña, con siete dedos en cada mano: “Otras calles están esperando”, dice. “Esta no fue la primera, y no será la última.”
Miras hacia el final de la Calle 10A, donde se une a la Carrera 5. Ahora la gente cruza libremente entre la calle y el resto de la ciudad, llevando consigo las historias que han contado o escuchado. Pero algunos de ellos desaparecen cuando cruzan la esquina, reapareciendo segundos después con los ojos vacíos, contando letras en el aire. La casa amarilla brilla bajo el sol, y en su ventana del segundo piso se ven las sombras de todas las personas que han formado parte de esta historia – pero ahora aparecen sombras nuevas, de personas que nunca has visto, en lugares que nunca has conocido.
Editado: 01.04.2026