Salía a prisa de la oficina después de quedarme hasta tarde, enfocada en terminar mis pendientes antes de terminar la semana. Apenas y pude tomar el siguiente tren para dirigirme a la reunión de ex alumnos de la universidad Acadia.
A la cual fui arrastrada a última hora por mi mejor amiga y compañera de la empresa donde trabajo: Kaira Valeska. Mi complemento desde los días escolares en donde nuestros caminos se cruzaron en la misteriosa magia del destino.
El restaurante para la cena era una parrillada popular que frecuentaban los más jóvenes, era como regresar a mi época universitaria. En el camino me veía en el reflejo del tren, intentando acomodar mi largo cabello oscuro y retocar mi maquillaje para verme más “presentable”, en ese traje del uniforme color gris.
Al salir de la estación, corroboré el mapa para estar en el lugar correcto, sin embargo, Kaira ya me saludaba para que entrara.
Le sonrío al verla llamar mi atención desde el ventanal.
En automático, las miradas de aquellos compañeros que no veía hace casi diez años, se posaron en mí.
Por lo que, decido entrar y terminar con esta incomodidad.
—¡Hia, llegaste! —Kaira sonríe ebria, veo la mesa y parecía que ya habían empezado por la comida. Estaba a medias la carne asada, el pollo frito y los tarros enormes de cerveza.
Llegaba tarde.
Saludo con timidez a mis ex compañeros de clase y es increíble que a pesar de tener los mismos rasgos, todos inevitablemente, nos veíamos diferentes. Éramos diferentes.
—¡Hia Koren! —una voz masculina que hacía mucho no escuchaba, me esperaba con un asiento al lado suyo. Enfrente de donde estaba.
—¡Ruan! —le contesto con emoción y me dirijo a mi asiento.
Ruan Asael, uno de los compañeros con el cual hice varios trabajos durante la carrera y solía gustar de mí. A pesar de nunca confesarse, sus intenciones estaban claras, sin embargo; no era recíproco.
—¿Cómo has estado? Te ves diferente a las fotos que subes, más “corporativa” —me sonríe con esa usual espontaneidad mientras me acomodo en mi silla.
—Acabo de salir de la oficina. Es un milagro que pude llegar con ese maratón de diseños que debía entregar —le comparto después de pasar el día entero diseñando, contestando correos y enviar el resultado final.
Me presta atención en lo que me ayuda a incorporarme al pasarme mis cubiertos y mi cerveza artesanal del lugar.
—Ya estás aquí. Es momento de tu descanso, déjame ayudarte —Ruan cuida de mí y me pasa un poco de todo del banquete de la mesa.
Le agradezco y dudo en si beber o no de la cerveza ya que debería comer antes para evitar que se me suba tan rápido. Aunque ellos ya están ambientados.
—¿Ya están todos? Debería esperar si falta alguien más —me dirijo a los demás y algunos murmuran entre sí, sin entender la razón.
—Aralyn no pierde las viejas costumbres, ya sabes. Debe estar esperando a alguien más —Kaira rodea los ojos y bebe más para pasar el mal trago de traer de nuevo al presente su molestia con Aralyn Naviera.
Una vieja compañera que nunca fue de su agrado por su personalidad en constante búsqueda de atención y validación externa. En especial, con los chicos.
Y de pronto, la sonrisa divertida que iba formando se esfuma al presenciar una escena que hace tantos años no veía y sentía, al tratarse de la otra parte que inevitablemente, no abandonaba mis pensamientos desde que nos conocimos.
—¡Miren quién llegó! —Aralyn regresa a la mesa y sostiene a nuestro viejo compañero del brazo.
Todos lucen auténticamente conmocionados por el regreso del individuo que lo único que sabíamos, es que se había ido muy lejos. Al extranjero y de la nada, estaba hoy aquí frente a nosotros.
Kaira me mira con arrepentimiento y junta sus manos pidiendo perdón por la situación. No tengo idea de si fue intencional o no, nada cambiará el resultado final.
Niego sin más.
Ambos se integran a la mesa, al lado mío. La tensión crece cuando mi mirada se cruza con los ojos oscuros de la persona que jamás creí encontrarme de nuevo: Cassimir Koen.
El pasado me da un golpe de realidad, lo que creí enterrado y superado, me hace revivir los sentimientos que tenía por él. Mi corazón se acelera y no puedo fingir delante suyo.
Los segundos parecen eternos, comienzo a temblar, las risas, el alboroto, lo escucho todo lejos. La incomodidad aumenta y llega a tope cuando él se sienta al lado mío.
Paso saliva y sin poder soportarlo, me dedico a terminar mi cerveza como si fuera el único oxígeno que necesitara para sobrevivir a este momento infernal; reencontrarme con mi romance universitario el cual dejó una gran huella al de pronto, desaparecer por una eternidad que no sabía que terminaría esta noche.
Ruan me toca el brazo y es cuando por fin, regreso en sí.
—¿Un refill? —apunta a mi cerveza con una gran sonrisa, atento y asiento con una leve sonrisa.
—Por favor. Tengo que hacer una llamada, ya regreso —le susurro y me levanto sin hacer contacto visual con nadie, fingiendo que lo que digo es cierto para poder escapar de ese ambiente asfixiante.