No todos los que llegan al borde lo recuerdan. No todos vuelven con conciencia de haber estado ahí.
Antonio volvió. No con respuestas definitivas, sino con una certeza: la vida no le había sido devuelta para repetir el error, sino para ser compartida. Comprendió que su misión no era solo sobrevivir, sino difundir, concientizar, acompañar.
Ser como un río que lleva agua a lugares desérticos. Llevar vida donde parecía no haberla. Y seguir fluyendo.
Porque, a veces, lograr cruzar el UMBRAL no es el final de una historia... sino el verdadero comienzo.