El Umbral Del Olvido

El Original

El silencio después del apagón fue diferente.

No era el silencio del miedo.

Era el silencio de algo que había terminado.

Por unos segundos, nadie se movió.

Daniel miraba al hombre que había salido de la puerta de acero.

Era su rostro.

Su cuerpo.

Su voz.

Pero había algo que lo hacía distinto.

No había confusión en sus ojos.

No había culpa.

Solo cansancio.

Como alguien que había esperado demasiado tiempo para volver a respirar.

---

El primer Daniel fue el primero en hablar.

—No deberías estar aquí.

El hombre lo miró.

—Tú tampoco.

La tensión llenó el laboratorio.

Elena permanecía inmóvil.

Daniel la observó.

—Dime la verdad.

Ella bajó la mirada.

—No sé cuál de todos nosotros puede soportarla.

—Inténtalo.

Elena respiró profundamente.

—Él es Daniel Rojas.

Señaló al hombre que acababa de salir.

—El primero.

Daniel sintió un vacío.

—¿Y yo?

Nadie respondió.

Esa era la respuesta.

---

El hombre original se acercó lentamente.

—Tú eres una reconstrucción.

Daniel sintió una punzada en el pecho.

Aunque ya lo sospechaba, escucharlo era diferente.

—¿Una copia?

El hombre negó.

—No.

Miró al primer Daniel.

—Una copia intenta imitar.

Después miró a Daniel.

—Tú naciste de mis recuerdos.

Silencio.

—De mis emociones.

Pausa.

—De mi culpa.

---

Daniel apretó los puños.

—Entonces nada de lo que siento es mío.

El original lo miró fijamente.

—Eso es lo que él quiere que creas.

Señaló al primer Daniel.

—Porque si aceptas que eres real, él pierde el control.

---

El primer Daniel soltó una risa baja.

—Qué conveniente.

Se acercó a ellos.

—Dile la verdad completa.

El original no respondió.

—Dile que tú también fallaste.

El laboratorio quedó en silencio.

Daniel miró al original.

—¿Qué hiciste?

---

El hombre cerró los ojos.

Y por primera vez pareció vulnerable.

—Cuando Elena murió, no abrí la puerta para traerla de vuelta.

Daniel frunció el ceño.

—Entonces ¿por qué?

El original miró a Elena.

—Porque quería despedirme.

Ella se quedó inmóvil.

—Pero la puerta no me mostró la muerte.

Pausa.

—Me mostró una posibilidad.

---

Las pantallas del laboratorio se encendieron.

Aparecieron imágenes.

El mundo destruido.

Ciudades vacías.

Personas desapareciendo.

Y en medio de todo...

Daniel.

Una y otra vez.

Abriendo la misma puerta.

—La entidad detrás del umbral no concede deseos —dijo el original.

Las imágenes cambiaron.

—Intercambia posibilidades.

---

Daniel observó las pantallas.

—¿Qué significa?

El original respondió:

—Cada vez que intentamos cambiar algo, creamos una realidad nueva.

Elena añadió:

—Y cada realidad necesita un Daniel.

La frase cayó como una sentencia.

---

El primer Daniel caminó hacia el centro del laboratorio.

—Por eso estamos aquí.

Miró a los tres.

—Porque todas las versiones llegaron al mismo punto.

Señaló la puerta de acero.

—El final.

Un golpe sonó detrás del metal.

Todos se quedaron quietos.

Otro golpe.

Más fuerte.

La puerta comenzó a deformarse.

---

—¿Qué hay ahí dentro? —preguntó Daniel.

El original respondió:

—La primera versión del error.

—¿La criatura?

Negó.

—No.

Su mirada se volvió oscura.

—Nosotros.

---

La puerta vibró.

Una grieta apareció en el metal.

Por ella se filtró una voz.

Una voz conocida.



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En el texto hay: misterio, suspense, ciencia-ficción

Editado: 28.07.2026

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