El Umbral Del Olvido

El Deseo Que Creo El Infierno

La oscuridad no era completa.

Daniel podía sentir algo.

No era frío.

No era calor.

Era una ausencia.

Como si el lugar donde estaba hubiera sido creado antes de que existiera la luz.

Frente a él, los fragmentos del espejo flotaban en el aire.

Cada pedazo reflejaba una versión distinta de su rostro.

Un Daniel llorando.

Un Daniel furioso.

Un Daniel aterrorizado.

Un Daniel que sonreía.

---

—¿Cuál de ellos soy yo? —preguntó.

El reflejo roto respondió desde todos los cristales.

—Todos.

Daniel apretó los puños.

—No.

—Sí.

Una pausa.

—Ese fue tu error desde el principio.

Los fragmentos comenzaron a moverse.

Cada uno mostró una escena.

Una vida.

Una posibilidad.

---

En el primer fragmento, Daniel veía a Elena viva.

Estaban en una casa pequeña.

Sin laboratorios.

Sin experimentos.

Sin miedo.

Ella sonreía.

Daniel sintió un dolor profundo.

—Esa era la vida que quería.

La voz respondió:

—No.

El fragmento cambió.

Ahora Elena estaba enferma.

Daniel estaba desesperado.

—Esa era la vida que no aceptaste perder.

---

El segundo fragmento mostró otra realidad.

Daniel había destruido el laboratorio.

La puerta nunca se abrió.

Pero Elena seguía muerta.

Él envejecía solo.

Años de culpa.

Años de arrepentimiento.

Daniel apartó la mirada.

—Basta.

—No.

La voz se volvió más fuerte.

—Necesitas recordar.

---

El tercer fragmento apareció.

Era la noche del incidente.

Pero esta vez Daniel vio algo que nunca había recordado.

Después de que Elena murió, él no lloró.

No gritó.

No pidió ayuda.

Se quedó mirando el cuerpo de Elena.

Y habló.

—No puedo vivir en un mundo donde tú no existes.

---

Daniel sintió un golpe en el pecho.

Ese era el momento.

La decisión.

El verdadero origen.

No había sido amor.

Había sido rechazo.

Rechazo a aceptar una realidad sin ella.

---

El recuerdo continuó.

Daniel del pasado entró a la sala de control.

El doctor Vega intentó detenerlo.

—Si abres esa puerta, no sabes qué va a salir.

Daniel respondió:

—No quiero saber qué sale.

Pausa.

—Quiero saber qué puedo traer de vuelta.

---

La puerta se abrió.

La energía llenó el laboratorio.

Pero algo inesperado ocurrió.

No apareció una criatura.

Apareció una voz.

La voz de Daniel.

—¿Qué estás dispuesto a entregar?

El Daniel del pasado quedó inmóvil.

—Cualquier cosa.

La voz respondió:

—Entonces entrega lo único que nunca has querido perder.

---

Daniel abrió los ojos.

Ahora entendía.

—Mi memoria.

El reflejo apareció frente a él.

—Exacto.

—¿Me quitó mis recuerdos?

—No.

Negó.

—Tú los entregaste.

---

La habitación comenzó a cambiar.

El espejo desapareció.

Daniel estaba otra vez en el laboratorio.

Frente a él estaba el primer Daniel.

El original.

El que había estado controlándolo todo.

—Ahora lo recuerdas.

Daniel lo miró con rabia.

—Tú eras el precio.

El primer Daniel guardó silencio.

—La puerta no quería una vida.

Daniel dio un paso adelante.

—Quería un testigo.

El hombre asintió.

—Y por eso seguimos existiendo.

---

En las otras habitaciones, los demás Daniels observaban.

Elena también.

Ahora todos escuchaban.

La verdad finalmente estaba completa.

---

El primer Daniel habló:

—Cuando entregaste tus recuerdos, la puerta creó una versión que pudiera cargar con la culpa.



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En el texto hay: misterio, suspense, ciencia-ficción

Editado: 28.07.2026

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