El Umbral Del Olvido

La Ciudad De Los Recuerdos

Nadie bajó del autobús.

No porque no quisieran.

Porque ninguno entendía qué estaba viendo.

Frente a ellos se extendía una ciudad completa.

Edificios.

Calles.

Semáforos.

Ventanas iluminadas.

Todo parecía normal.

Excepto por un detalle.

No había una sola persona que no tuviera el rostro de Daniel.

---

Lucía se acercó lentamente al cristal.

—Esto no puede ser real.

Daniel permaneció en silencio.

Porque sabía que sí lo era.

No era una ciudad.

Era una memoria.

Una construcción hecha con fragmentos de vidas.

—¿Qué es este lugar? —preguntó Héctor.

Daniel bajó la mirada.

—Mi mente.

La respuesta provocó un silencio incómodo.

—¿Tu mente creó todo esto?

Daniel negó.

—No exactamente.

Miró las calles vacías.

—Es lo que quedó de todo lo que intenté arreglar.

---

Las puertas del autobús seguían abiertas.

Nadie quería cruzarlas.

Hasta que una de las figuras de la ciudad se acercó.

Era un hombre.

Mismo rostro.

Misma edad.

Pero diferente expresión.

Parecía confundido.

Como alguien que acababa de despertar.

Se detuvo frente al autobús.

Miró a Daniel.

Y sonrió.

—Finalmente volviste.

---

Los pasajeros retrocedieron.

Iván apretó los puños.

—¿Otro más?

La figura negó.

—No soy una copia.

Miró a Daniel.

—Soy un recuerdo.

Daniel sintió un escalofrío.

—¿De quién?

La figura respondió:

—De todos los que intentaste salvar.

---

La ciudad comenzó a moverse.

Las personas con el rostro de Daniel salieron de los edificios.

Miles.

Algunas caminaban.

Otras corrían.

Algunas lloraban.

Otras simplemente observaban.

Cada una tenía algo diferente en los ojos.

Una emoción.

Un fragmento.

Un momento perdido.

---

Marta miró a la multitud.

—¿Son personas?

Daniel tardó en responder.

—No lo sé.

La figura frente al autobús habló:

—Esa fue siempre tu pregunta.

Todos lo miraron.

—¿Qué hace que alguien sea una persona?

Silencio.

—¿Los recuerdos?

Pausa.

—¿El cuerpo?

Otra pausa.

—¿El dolor?

---

Daniel bajó del autobús.

El suelo bajo sus pies cambió.

Por un instante era asfalto.

Después tierra.

Después el piso del laboratorio.

La ciudad no podía decidir qué forma tener.

—¿Por qué nos trajiste aquí? —preguntó Lucía.

Daniel miró las calles.

—Yo no los traje.

La figura sonrió.

—No.

Miró a Daniel.

—Él nos trajo.

---

Una pantalla gigante apareció sobre uno de los edificios.

Mostraba una imagen del laboratorio.

La puerta de acero.

El momento exacto en que Daniel había decidido abrirla.

Pero esta vez había una diferencia.

Junto a él no estaba Elena.

No estaba el doctor Vega.

No estaba nadie.

Solo Daniel.

Tomando la decisión.

---

—Toda tu vida intentaste encontrar a quién culpar —dijo la figura.

Daniel observó la pantalla.

—A la puerta.

La imagen cambió.

—Al experimento.

Otra imagen.

—A la entidad.

Otra más.

—A tus copias.

La pantalla se apagó.

—Pero nunca te miraste a ti mismo.

---

Héctor se acercó a Daniel.

—¿Qué se supone que debemos hacer ahora?

Daniel no respondió.

Porque la respuesta apareció en el cielo.

Una frase escrita con letras oscuras:

**EL CREADOR DEBE ELEGIR.**

Debajo aparecieron dos opciones.

**DESTRUIR LA CIUDAD.**

**QUEDARSE CON ELLA.**

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En el texto hay: misterio, suspense, ciencia-ficción

Editado: 28.07.2026

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