El Umbral Del Olvido

El Daniel Que No Solto

La ciudad dejó de temblar.

Por unos segundos, todo quedó inmóvil.

Las figuras con el rostro de Daniel permanecían en las calles.

Los edificios dejaron de cambiar.

La lluvia quedó suspendida en el aire.

Como si la realidad entera estuviera esperando una decisión.

Frente al edificio, dos Daniels se miraban.

Uno había aprendido a soltar.

El otro había pasado años luchando para recuperar lo perdido.

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—Tú no entiendes nada —dijo el Daniel más joven.

Su voz estaba llena de cansancio.

—¿No?

El otro Daniel negó.

—Crees que aceptar la pérdida te hace fuerte.

Sonrió con amargura.

—Pero solo significa que te rendiste.

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Daniel sintió que esas palabras dolían porque una parte de él las había pensado muchas veces.

La parte que había llorado.

La parte que había buscado respuestas.

La parte que había abierto puertas que nunca debieron abrirse.

—No vine a pelear contigo —dijo Daniel.

El otro soltó una risa.

—Claro que sí.

Se acercó.

—Todos estos años intentaste destruirme.

Pausa.

—Cada vez que olvidabas.

Cada vez que seguías adelante.

Cada vez que aceptabas que Elena se había ido.

—Me estabas matando.

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Elena observaba en silencio.

Daniel la miró.

—¿Tú sabes quién es?

Ella asintió.

—Es la primera parte de ti que apareció después de la pérdida.

Daniel frunció el ceño.

—¿La primera?

—Sí.

Elena bajó la mirada.

—Antes de las copias.

Antes de la ciudad.

Antes del laboratorio.

—Era solo dolor.

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El Daniel joven extendió una mano.

La ciudad comenzó a cambiar.

Las calles desaparecieron.

En su lugar apareció una escena del pasado.

El laboratorio.

La noche del accidente.

Pero esta vez no era un recuerdo.

Era una invitación.

—Míralo otra vez.

Daniel se quedó quieto.

—Ya lo vi.

—No.

El otro Daniel negó.

—Viste lo que querías recordar.

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La escena mostró a Elena en el suelo.

Pero había algo diferente.

Ella no estaba muerta todavía.

Respiraba.

Débilmente.

Daniel del pasado corría hacia ella.

—Elena.

Ella abrió los ojos.

—Daniel...

La imagen se detuvo.

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Daniel sintió que se le cortaba la respiración.

—Eso no pasó.

El otro Daniel sonrió.

—Sí pasó.

—Yo recuerdo que murió.

—Porque elegiste ese momento.

Pausa.

—No el siguiente.

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La imagen continuó.

Elena tomaba la mano de Daniel.

—No abras la puerta.

La frase hizo que Daniel quedara inmóvil.

Porque él nunca había recordado eso.

Nunca.

Elena seguía hablando:

—Prométeme que no intentarás traerme de vuelta.

El Daniel del pasado lloraba.

—No puedo perderte.

Ella respondió:

—Entonces tendrás que aprender a perderme.

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La imagen desapareció.

El silencio fue absoluto.

Daniel miró al otro.

—Tú naciste porque no acepté esa promesa.

El otro Daniel asintió.

—Exacto.

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El doctor Vega apareció detrás de ellos.

—Por eso el experimento falló.

Todos lo miraron.

—No creamos una forma de revivir a los muertos.

El doctor observó al Daniel joven.

—Creamos una forma de mantener vivo el momento antes de la despedida.

---

La ciudad comenzó a romperse.

Las personas con el rostro de Daniel empezaron a desaparecer.

Una por una.

Pero algunas permanecieron.

Lucía miró alrededor.

—¿Por qué ellos siguen aquí?

Daniel observó a las figuras restantes.

Eran diferentes.

No tenían miedo.

No parecían confundidas.

Parecían estar esperando.

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En el texto hay: misterio, suspense, ciencia-ficción

Editado: 28.07.2026

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