El silencio después de la puerta fue más aterrador que cualquier alarma.
Nadie hablaba.
Nadie se movía.
La última frase seguía flotando en la mente de Daniel.
**"Tienes que matarme antes de que yo exista."**
No era una amenaza.
No era una orden.
Era una petición.
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—Eso no tiene sentido —dijo Héctor.
Su voz rompió el silencio.
—¿Cómo puedes matar a alguien que todavía no existe?
Daniel miró la puerta cerrada.
—Porque él ya estuvo aquí.
Lucía negó lentamente.
—¿Y si estaba mintiendo?
Daniel no respondió.
Porque esa era la parte que más miedo le daba.
El futuro Daniel no parecía un enemigo.
Parecía alguien que había perdido una guerra.
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La pantalla del laboratorio volvió a encenderse.
Un nuevo mensaje apareció.
**ADVERTENCIA: PARADOJA TEMPORAL DETECTADA.**
Después:
**DOS VERSIONES NO PUEDEN OCUPAR EL MISMO CAMINO.**
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La grabación de Vega comenzó otra vez.
El doctor apareció con expresión grave.
—Si están viendo esto, ya conocieron al último Daniel.
Daniel se acercó.
—¿El último?
Vega asintió desde la pantalla.
—La versión que nació cuando decidió corregir algo más grande que su propio dolor.
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Las imágenes cambiaron.
Mostraban una ciudad destruida.
Calles vacías.
Edificios partidos.
La misma ciudad que habían visto a través de la puerta.
Pero ahora era real.
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—Después de cerrar la primera puerta, Daniel creyó que había aprendido la lección.
La voz de Vega sonaba cansada.
—Pero hay una diferencia entre aceptar el pasado y aceptar que el futuro también puede perderse.
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Daniel observó la imagen.
—¿Qué ocurrió?
La grabación respondió:
—Intentó salvar a todos.
Pausa.
—Y terminó quitándole a todos la posibilidad de elegir.
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Lucía miró a Daniel.
—Eso no eres tú.
Daniel permaneció en silencio.
Porque una parte de él sabía que sí podía serlo.
Ya había cruzado esa línea antes.
Había abierto una puerta para evitar una pérdida.
¿Qué haría si la pérdida era el mundo entero?
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Una vibración recorrió el edificio.
La puerta volvió a aparecer.
Esta vez no estaba cerrada.
Estaba bloqueada por una cadena metálica.
Sobre ella había una frase:
**NO ABRAS LO QUE YA TE DESTRUYÓ.**
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Daniel se acercó.
En el suelo encontró algo.
Una fotografía.
La recogió.
Era él.
Pero junto a él estaba el futuro Daniel.
Ambos sonreían.
Como si hubieran sido amigos.
Como si alguna vez hubieran trabajado juntos.
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—No entiendo.
La sombra ya no estaba.
Pero una nueva voz respondió.
La voz de Vega.
—Porque todavía no recuerdas la parte más importante.
Daniel levantó la mirada.
—¿Cuál?
La pantalla mostró una fecha.
Una fecha futura.
Y debajo:
**DÍA 1 DEL SEGUNDO EXPERIMENTO.**
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Daniel sintió un escalofrío.
—¿Segundo experimento?
La voz continuó:
—El primer experimento intentó recuperar a los muertos.
La pantalla mostró la puerta.
—El segundo intentó evitar que alguien muriera.
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Las luces se apagaron.
Una alarma comenzó a sonar.
Pero esta vez no venía del laboratorio.
Venía del autobús.
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Todos corrieron hacia la salida.
Al abrir la puerta del edificio, encontraron algo imposible.
El autobús estaba esperando afuera.
Exactamente igual que la primera noche.
La lluvia.
La carretera.
Las ventanas oscuras.
Todo había regresado.
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Pero había una diferencia.
En el asiento del conductor había alguien.
Un niño.
Daniel se quedó inmóvil.
Porque lo reconoció.
Samuel.