Siempre había pensado qué sería de nosotros si tan solamente pudiéramos tener un final en paz.
Y lo digo en paz porque cada vez que aparezco en tu vida pasa lo mismo.
Siempre mueres.
Mueres en todas partes.
-Siempre volvía a ti de forma inmediata. Sabía que tenía que esperarte. Sabía que tú estarías ahí. Sabía que nos íbamos a reconocer, aunque tú no recordaras. Sabía que volverías a amarme. Simplemente lo sabía..
Pero lo que tú no sabías era que yo siempre volvía a perderte.
No importaba cuánto cambiara.
No importaba el universo.
No importaba la situación.
No importaba absolutamente nada.
Siempre encontraba una manera de perderte.
Y lo intenté.
Dios, cómo lo intenté.
Intenté tantas cosas para no perderte.
Ya ni siquiera sé qué rostro estoy buscando cuando pienso en ti.
Siempre cambiaba algo de ti.
A veces tu cabello era diferente. A veces tu voz. A veces tu forma de mirarme. A veces incluso tu manera de quererme.
Pero yo te conocía.
Yo sabía quién eras.
Y no me importaba.
Porque siempre iba a amarte.
¿Cómo podría no amarte, si después de todo, sigues siendo tú?
Aunque ya no recuerdo el color de tus ojos...
Quizá eran verdes.
Quizá grises.
Puede que cafés.
O quizás azules.
No lo sé.
Y eso me aterra, no me deja dormir..
¿Cómo puedo olvidar algo tan importante?
¿Cómo puedo olvidar tus ojos después de haberte encontrado tantas veces?
Después de haberlos mirado durante miles de vidas.
Después de haberlos buscado en tantos rostros.
A veces ni siquiera sabía quién eras.
Y eso me daba miedo.
Porque podía vivir mi vida.
Podía alejarme.
Podía fingir que nunca te había conocido.
Podía hacer las cosas diferentes.
Y hubo veces en las que lo hice y esta fue una de tantas...
Me rendí.
Decidí no buscarte.
Decidí evitarte.
Decidí que esta vez no iba a acercarme a ti aunque eso significara romper mi corazón.
Pero entonces te veía.
Y no podía.
Porque cuando te veía solamente quería pasar mi vida entera contigo aunque acabará en una miseria.
Aunque fueran unos minutos.
Aunque fueran unas horas.
Aunque supiera exactamente cómo iba a terminar.
Así como existen tantos universos, también hubo veces en las que esperé.
Viví.
Soñé con alguien más.
Esperé.
Viví.
Disfruté.
Y no te busqué.
Realmente pensé en algún punto que lo había conseguido.
Pensé que había aprendido a estar lejos de ti.
Pensé que finalmente había tirado a la basura todo aquello que alguna vez sentí por ti.
Pensé que te había olvidado.
Finalmente.
Pero entonces empecé a recordar.
Primero fueron cosas pequeñas.
Unos chocolates.
Un regalo.
Una palabra.
Una forma de abrazar.
Una manera de mirar.
Y después comencé a darme cuenta de algo que me hizo sentir enferma.
Yo también hacía esas cosas contigo.
Les daba los mismos regalos.
Les decía las mismas palabras.
Los abrazaba de la misma manera, sin darme cuenta.
Por un momentos me sentí asquerosamente paranoica.
Que todo esto era mentira.
Que solamente estaba buscando tu recuerdo donde no existía.
Hasta que entendí cómo se sentía exactamente abrazarte.
Cómo sentirme cuando te soñaba.
Cómo sentirme cuando despertaba a tu lado.
Cómo sentirme cuando estaba sentada contigo.
Cómo sentirme cuando comenzaba a llorar después de ti.
Y entonces volvió él.
Lo miré a los ojos.
Y no pude verlo.
No realmente.
Porque detrás de sus ojos solamente estabas TU.
Tu sombra
Tu recuerdo.
Tu amor.
Y entendí algo que me dolió mucho más admitir...que nunca te había olvidado.
Que nunca había avanzado.
Que nunca podría olvidarte.
Que nunca voy a superarte.
No era que hubiera aprendido a amar a alguien más.
Era que, sin darme cuenta,
te había vuelto a amar a ti.