El V día de Febrero

PRIMERAS CASUALIDADES

- 5 años atrás -

Estaba llegando tarde... Otra vez.

Lamentablemente se había vuelto una muy desagradable rutina, pero no había podido evitarlo, trabajar a las seis de la mañana fue una de las peores decisiones que había tomado en mi vida, justo por debajo de decidir no solo fingir ser un adulto responsable, si no también se buscar un futuro con una carrera universitaria.

Aunque si July me escuchara decir eso se reiría de mi.

Tomar decisiones cuando me encontraba con un subidón de optimismo era un fatídico error.

Me encontraba abriendo la cafetería media hora tarde ... como siempre.

Comencé a bajar las pocas sillas que se encontraban encima de las mesas para luego proceder a limpiarlas un poco. Me gustaba siempre apreciar el lugar cuando llegaba. Una de las razones por las que había aceptado este empleo hace unos seis meses, había sido por el diseño de este, porque era la misma cafetería de Barbie y la escuela de princesas; Fede, el dueño del local, lo diseñó en honor a sus trillizas. Y como no, mientras tabajaba aquí me imaginaba que llegaba un carruaje para llevarme al maravillloso castillo.

Esto de tener que trabajar tan temprano por la mañana me estaba pasando factura, mi imaginacación se iba demasiado lejos en ocasiones. Pero no era tan malo, podía aprovechabar el resto del día cuando no tenía clases, aunque los madrugones que tenía que realizar no eran tan emocionantes como las películas que me montaba en la sobre la vida de cada cliente.

Al mismo tiempo en el que me agachaba a recoger uno de los trapos con el que estuve limpiando la encimera, escuché la campanilla de la entrada que anunciaba la llegada de los primeros clientes. Intenté salir lo más rápido posible y terminé golpeandome la cabeza con una de las esquinas.

- Eso debe de haber dolido.

- Como no tienes idea - reí, me levanté con lentitud mientras me sobaba la parte lastimada - Buen día, bienvenido a café ... - no pude terminar la frase matinal al sentir un aumento de dolor en la zona dañada.

Sin mirar aún al nuevo cliente, y como conocía el lugar bastante a la perfección, me acerqué un poco más a la barra para poder atenderle como era debido. Lo miré por un segundo y recordé que no llevaba puesto el mandil de la cafetería. Le hice una seña con el dedo y me giré a colocarmelo lo más rápido posible.

Y como me gustaba hacer dos cosas al mismo tiempo, le dije - ¿Qué deseas ordenar?

- ¿Qué me recomiendas?

- Pues café - respondí con gracia justo cuando me giraba a mirarlo. ¿A qué vas a una cafetería un poco más seis de la mañana si no es por café?

- No me gusta el café - respondió y por fin lo miré.

Era alto; bastante realmente, aunque para mi metro cincuenta y cinco todo el mundo era alto. Llevaba puesto un traje guinda que le quedaba bien, y unos lentes de sol oscuros que hacían un bonito contraste con su cabello negro.

Espera....

Lentes de sol oscuros... en pleno invierno.

- Mmmmm.... - miré la lista de bebidas del lugar que se encontraban detras de mi y alcé un poco la mirada - Podrías tomar un jugo de maracuyá, es bastante refrescante - sonreí - cuando es verano.

Sonrió, supongo que había entendido a lo que me refería - Dame uno por favor - era guapo, no podía negarlo, y eso que aún no le había visto bien la cara por los lentes - Y ....

- Si deseas otra recomendación, podrías probar el croissant brioche, son muy buenos - comenté - y bastante baratos.

- ¿No deberías intentar vender los productos más caros? - preguntó con una rara curiosidad.

- No me pagan más por vender los más caros - reí - Tu pediste una recomendación y yo te la he ofrecido.

- No te pedí una con respecto a que comer.

- Pues no comas nada - sonreí.

La campanilla volvió a sonar.

- Dame dos por favor - respondió. Le hice un "OK" con la mano y comencé a preprarle el pedido.

- ¡Buenos días, Bea! - la voz demasiado alta de July se hizo presente - Buenos días querido primer cliente del día.

July era de las típicas dependientas que si no le decías "Buenos días" "Buenas tardes" antes de ralizar tu pedido no te atendía. Lo único que obtenías era una sonrisa demasiado practicada y una mirada fija.

La educación iba por delante de todo y yo le daba la razón.

- Buenos días, July - respondí aún de espaldas a ella.

- He dicho BUENOS DÏAS YA NO QUERIDO PRIMER CLIENTE DEL DÍA - su voz sonó mucho más cerca a mí.

- Buenos días - respondió por fin el querido primer cliente del día.

Me giré con el pedido del muchacho - Disfrute su desayuno, querido primer cliente del día.

- Muchas gracias, Bea.

Me sorprendí por la confianza de decir mi nombre, pero sonreí porque era el querido primer cliente del día, y estaba segura que no iba a volver a verlo.

La campanilla volvió a sonar y mi día comenzó a ser como siempre.

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#5061 en Novela romántica

En el texto hay: romance, amor, olvido

Editado: 24.03.2026

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