Una boda.
Esto era una bendita boda. Esto es absurdo, se suponía que sería una simple reunión de ensayo, pero al ver como estaba decorado todo el lugar, comprendo la insistencia de Sara en que me colocara un vestido de gala que ella me había comprado.
No juzgaba por haber elegido el castillo para la celebración. Siempre había sido precioso, su edificación era lo que me impulsó a estudiar arquitectura, con ganas de contruir muchas cosas similares. A pesar de que la entrada no mostraba ni un solo atisbo de que aquñi dentro se estaba celebrando un ensayo, el interior de la casa parecía la celebración principal.
Pero no podía negar que todo había quedado de maravilla; de lejos podía apreciar a Luna, la diseñadora de interiores, quien se encargaba de cada evento organizado por mi familia. No tenía sentido, baja mi crítica, pero a la señora de le daba bien decorar.
Sara, quien me tenía tomada del brazo, me peñizcó para que le prestara atención.
- Hola Mía - saludó con una sonrisaque yo no era capaz de imitar - Te ves muy bien hoy.
- Bea - intenté que mi sonrisa sea la más sincera pero yo no estaba muy feliz de estar aquí. Su vestido blanca hacia un muy buen contraste con su nuevo cabello rojo - Jamás pensé que iba a volver a verte.
- Bueno, no he muerto - reí - Y yo tampoco, a decir verdad - miré a Sara de reojo y había comenzado a reírse - Felicidades por la boda.
- ¿Gracias? - su nerviosismo era evidente - A decir verdad, lo único raro de todo esto es que no ha sido decisión propia.
- Hasta donde yo tengo entendido, no necesitamos dinero como para hacer este tipo de estupideces - comenta Sara con fastidio - ¿Por qué aceptaste? Pensaba que por primera vez, tomaría tus propias decisiones.
- Milagros - la llamo por su segundo nombre. Siempre lo hago cuando considero que se está excediendo.
Sin embargo, la reacción de Mia no fue de molestia. Tomó nuestras manos y nos llevó a una de las mesas del lugar, la más cercana, no obligó a sentarnos junto con ella y cuando pensé que iba a decirnos la verdad, Sara Milagros se adelanta.
- Ahórrate el numerito de que es tu madre y no puedes decirle que no - Dios bendito con esta mujer - Tienes 27 años, ya va haciendo hora que seas tú quien decida que hacer con su vida.
Suspiré. Las cosas seguían siendo igual; Mia, y probablemente Luciano, no habían dejado de ser los títeres de sus madres, lo cual era bastante curioso porque ambos siempre anhelaban un poco de libertad.
Pero si era sincera, no me interesaba en lo más mínimo la razón por la que Mia había aceptado este acuerdo sin sentido, claro está, no me sorprende que su madre haya sido la de la brillante idea.
Comencé a prestarle más atención al lugar. definitivamente era una boda, ya no tenía dudas.
- ¡Bea! - la voz de Sara me hizo regresar a una conversación en la que no tenía muchas ganas de participar - Supongo que no puedo reprocharte que estés tan atenta al lugar.
- LLevo sin pisar el castillo unos diez años - me encogí de hombros - Creo que tengo derecho a prestarle un poco de atención.
- El castillo es tuyo, así que más que derecho tienes - y ahí estaba Luciano, con su cabello rubio peinado hacia atrás y un traje azul que le sentaba bastante bien. Su sonrisa llegaba a sus ojos caramelo. Me extendió los brazos - Permíteme abrazarte, por favor.
- Buen intento, pero Bea no...
- Solo por esta vez - interrumpí a Mia. Me acerqué a primo con una sonrisa sincera, estaba feliz de volver a verlo, después de tanto años, ya no era el muchacho lleno de granos que anhelaba conseguir alguna chica, ahora estaba segura que tenía la agenda llena.
El suspiro de Mia nos hizo separarnos. - Nani decidió que se celebre aquí, yo quería celebrarlo en la finca.
- Entonces ... ¿por qué?
- No lo sé - una sonrisa triste asomó por su rostro - No se decirle que "NO" a mi madre, y supongo que esto ayuda un poco a la familia.
- A una familia que es dueña de por los menos tres ciudades - contestó Sara - El abuelo no es presidente porque no quiere.
- Ser dueño de una ciudad no te da la autoridad para poder ser presidente... - comenté riendo.
- Da igual - Mia rió - Dentro de unos minutos haremos la presentación oficial. Mi prometido al menos me cae bien, y lo mejor de todo es que es guapísimo.
Comenzamos a reír. Supongo que eso era bastante rescatable, teniendo en cuenta que uniría su vida a la de alguien a quien apenas conoce.
La futura novia se disculpó y se levantó al tiempo en que Tia Lupe, su madre, se acercaba al estrado que habían colocado al final del salón.
- Es un placer inmenso tenerlos a todos ustedes aquí hoy. La familia Thurmans está muy agradecida de compartir esta indescriptible felicidad porque sabemos que se alegran junto con nosotros - esa sonrisa era la más fingida que había visto. Gracias a Dios llevaba un vestido esmeralda precioso, y estaba segura que el rojo de su cabello fue una muy mala decisión - Mi niña, la bebe de la familia, está a punto de unir su vida para siempre - recalcando el SIEMPRE - al lado del magnífico hijo de los Aldobrandeschi - ese apellido creo que lo conozco - Felicidades Mia y Valentino.
Esto no podía ser cierto. Era imposible que mis ojos estuvieran mintiendo.
El dolor fuerte en el pecho comenzó a extenderse por todo mi cuerpo. Todo era una broma, lo sabía, seguramente habían cámaras en algún lugar del castillo. Él no podía estar aquí, no podía hacerme esto, no después de romperme el corazón. Espera, seguramente me estoy volviendo loca, como hace unos tres años que imaginaba verlo en todos lados.
Pero es que se ve tan real... Y esos ojos podía reconocerlos en cualquier lugar.
Así que él estaba aquí, muy feliz, saludando a cada uno de las miembros que habían dispuesto su tiempo para estar aquí. Verlo tan sonriente me hacía doler el corazón, aunque estaba segura que esa no era la principal razón.