En lo alto de la colina se alzaba el castillo, con sus torres de piedra gris y sus murallas altas como si quisieran tocar el cielo . Alli vivia elisa, la única hija del noble señor del reino. Era hermosa, de cabello oscuro y ojos grandes y llenos de curiosidad. Tenia vestidos de seda, joyas de plata y todo lo que el dinero podia conprar. Pero no tenia libertad. Cada dia era igual: bordear, recibir bisitas, escuchar consejos sobre còmo debia conportarse y aquién debia sonreir. Y en el fondo de su alma, sentia que le faltaba algo, algo que no podia explicar.
_Elisa, no salgas al bosque_ le decían sienpre-. Alli hay peligros, hay gente que no es como nosotros.
Pero una tarde , cuando el sol caia dorado y suave sobre los árboles, ella decidió escapar. Se puso una capa sensilla, bajó por las escaleras traseras y salió al bosque, sintiendo por primera vez que el aire era libre, que el viento le acariciaba el rostro sin pedir permiso. Caminó y caminó, maravillada con el canto de los pájaros, el sonido del arroyo y el aroma de las flores silvestres.
Hasta que lo vio .
Estaba sentado bajo un gran roble, con la espalda apoyada en el tronco, tocando una flauta de madera tosca pero llena de música dulce y triste. Su ropa era vieja y gastada, su cabello revuelto, y en sus ojos oscuros brillaba una mirada profunda, como si hubiera visto el mundo entero. No tenia nada a su alrededor,ni casa, ni sirvientes, ni riquezas. Pero su música... su música tenía algo que la hizo detenerse, que le tocó el corazón de golpe.
Él dejó de tocar y levantó la vista. Sus miradas se cruzaron y ninguno dijo nada durante un largo instante.
-No sabía que tenia conpañía- dijo él con voz suave, sin asombro, sin humildad ni arrogancia.
-yo... yo vine a caminar- respondió Elisa, acercándose un poco-. Tu música es hermosa.
El joven sonrió, una sonrisa sincera y linpia.- Gracias, doncella. No tengo mucho, pero lo poco que sé, lo conparto con el viento y con quien quiera escuchar.
-¿Quien eres ?- preguntó ella.
-Solo soy un caminante - dijo él, poniéndose de pie -. No tengo nombre, ni hogar, ni pasado que inporte. Camino de pueblo en pueblo, de bosque en bosque. El mundo es mi casa y el cielo mi techo. Soy lo que tú llamarías un bagabundo.
Elisa sintió curiosidad, una curiosidad inmensa y estraña.-¿Y no te duele no tener un lugar al cual volver?- Preguntó ella con sinceridad -. Yo tengo un techo, pero siento que estoy encerrada. Tú no tienes nada... y pareces más libre que yo.
El joven la miró con ternura. -La libertad no es tener un techo, doncella -dijo él suavemente- es tener el corazón ligero. Yo no tengo miedo a perder nada, porque no poseo nada . Y eso... eso me hace rico de una forma que el oro no puede comprar.
Elisa se quedó sin palabras. Por primera vez, algien le hablaba sin halagarla, sin pedirle nada, sin berla como la hija de un noble, sino solo como una persona. Y en ese instante, bajo la sonbra del roble, dos mundos muy distintos se tocaron por primera vez.
FIN DEL CAPITULO 1💛
CAPITULO 2: El secreto del bosque y el corazón que despierta
Desde ese dia, algo cambió en Elias. El castillo, que antes le parecía solemne, haora le pareció frio. Las paredes, que la protejían, ahora encerraban. Las conversaciones de politica y bodas arregladas sonaban vacías y lejanas. Cada tarde, cuando el sol enpezaba a bajar, encontraba una excusa para salir al bosque: que iba a buscar flores para el altar, que queria ber el arroyo, que necesitaba aire fresco. Y sienpre, entre los árboles, bajo el mismo roble, lo encontraba a él.
Al principio hablaban poco: ella le contaba del castillo, de las fiestas, de las rreglas escritas que debia cunplir. Él le hablaba de cosas que ella podia imajinar: de montañas tan altas que las nubes vivian en sus cimas, de rios tan anchos que no se veia la orilla opuesta, de desiertos donde el sol pintaba la arena de mil colores al atardecer. Le contaba de pueblos donde la jente se saludaba sin saber el nombre del otro, donde conpartian el pan sin preguntar quién eras, donde nadie era más que nadie por que todos eran iguales ante el cielo.
-¿Y la gente es feliz ahi?- le preguntó ella una tarde, sentada sobre el musgo verde y suave a su lado.
-La jente es sencilla- respondió él, tallando con cuidado una rama de madera -. No tiene mucho, pero se tienen los unos a los otros. Y eso, Elisa, eso vale más que todos los tesoros del mundo.
Ella se estremeció al escuchar su nombre. Nunca se lo habia dicho . -¿Cómo sabes cómo me llamo?
-Lo escuché cuando una de tus sirvientas te llamó desde el linde del bosque, hace tres dias- dijo él sin dejar de tallar -. Es un nombre hermoso. Suena suave, como el viento entre las hojas.
Elisa bajó la mirada, sintiendo que el calor subía a sus mejillas. Cada día que pasaba, sentia que su corazón se abria mas, como una flor que despierta a la luz del sol. No solo le gustaba por lo que decia, sino por cómo era: tranquilo, valiente, humilde sin ser dévil. No la miraba con admiracíon por su vestido ni con codicia por su padre. La míraba a ella, a los ojos, como si fuera lo único que inportara en el bosque.
Una tarde, ella le preguntó: -¿Has visto el mar? Me an hablado de él, pero nunca he podido ir. Dicen que es inmenso, que no se ve el final.
Él levantó la vista y sus ojos brillaron con una luz nueva, lejana y ermosa. -Si. Lo vi hace dos años. Es tan grande que el horizonte no lo alcanza. Cuando estas frente a él, sientes que tus problemas son pequeños, que el mundo es mucho más grande de lo que cres, el agua es azul y verde, y cuando el sol cae sobre ella, parece que todo el mar estuviera ardiendo en luz. Algún dia... algun dia te lo mostraria, si pudieras venir conmigo.
Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas. Ambos se quedaron callados, sabiendo lo que eso se significaba. Ella, una doncella prometida a otro, encerrada en su destino. Él, un caminante sin nada que ofrecer más que el viento y su corazón.
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Editado: 17.08.2026