El Valor De La Amabilidad

Prologo 1

 

Me despierto por los llantos de Jayden, son apenas las cinco de la mañana y no me siento descansada del todo. Mi día da comienzo a esta misma hora de la mañana cuando mi hijo se levanta por leche, pero en si es una vida muy sencilla. Dejar a Jayden en la guardería, ir al trabajo, volver por Jayden y regresar a casa con algunas cuantas compras.

Flashback

Tras quedar embarazada de mi hijo con 18 años, mis padres me dieron la espalda y me negaron a mí y a su nieto de su casa.

– ¡Siempre te dimos la mejor educación May! ¿Cómo es posible que nos hicieras estos? – mi madre se negaba rotundamente a lo que me había pasado. Alegando que siempre hacia las cosas de bien cuando no era así.

–Por favor Margot, no trates así a tu hija – mi padre era mi salvador en todas las ocasiones de mi vida, pero ya era suficiente.

–¡Basta papá!, ella no quiere que este aquí entonces así será, pero una cosa si te diré madre – ella me miraba con enojo y recelo – No quiero saber que me buscas, el único que tiene derecho de saber de mí en este momento es papá, así que espero que vivas una buena vida. ¡Porque no se necesitan dulces en el infierno!

–¡¿MAY¡? – y tras oír los gritos de mi madre saliendo de su casa, así encamine mi vida con la mejor compañía del mundo, mi hijo.

Fin del Facksb

–Ya bebé, mama está contigo – al calmar a mi hijo y darle le biberón este me mira con sus ojos llorosos – Eres un niño hermoso

Fin del Flashback

–Ya bebé, mama está contigo – al calmar a mi hijo y darle le biberón este me mira con sus ojos llorosos – Eres un niño hermoso.

 

Las calles de la ciudad están abarrotadas y caminar entre ellas no es nada fácil, es difícil dejar a Jayden en la guardería, ya que todavía es un niño muy pequeño, pero tengo que hacer un esfuerzo de trabajar duro, darnos un techo caliente y comida en la mesa todos los días. Al llegar a la cafetería que trabajo “Home Coffee” me espera en la puerta de empleados mi compañera Gabriela.

–May ¿Cómo va todo?

–Muy bien Gabi – al parar a los vestidores me encamino a mi casillero y de ahí saco un vestido amarillo y mi delantal blanco – ¿Cómo está la clientela?

–Bastante bien, espero que tengamos buenas propinas hoy, además – al salir de los vestidores llegamos al mostrador y de ahí empiezo a ver las personas del local – Esta el señor Adams – dice con disjunto. El señor Adams tiene alrededor de unos 60 años, todos los días se sienta en la misma mesa a beber café negro.

–¡Oh vamos Gabi es un señor tierno!

–¿Tierno? – me mira con incredibilidad – Si casi derramar tu café en tu vestido se llama ser tierno, pues no quiero conocer su parte en el amor.

–Solo hay que atenderlo con educación y paciencia, mira – al decir esto tomo un bolígrafo y un cuadernillo y me camino a la mesa 11 – Señor Adams, es un gusto tenerlo otro día por acá, ¿Le gustaría que tomara su orden?

–Si gracias, me gustaría un café negro, solo eso.

–Con mucho gusto, en unos minutos traeré su orden – vuelvo a mi lugar con Gabi y esta me mira seria – vistes que sencillo es.

–No levanto su vista del periódico May.

–Con el tiempo cambiara su humor, lo veras

–Si tú lo dices…

El Señor Adams no es muy cordial con las personas que digamos, pero sé que en el fondo esconde un hombre comido por el dolor y la soledad ya que por alguna razón lo siento de esa manera.

Tal vez en su vida las cosas no van de buena manera y por eso se comporta así, yo no soy quien ni para juzgar ni tratarlo mal. Al contrario, soy la única de las camareras que lo atiende y cada vez que lo hago, trato de hacerlo con mi mejor sonrisa.

 

Cuando termina mi jornada laborar, recojo a mi hijo y nos dirigimos a nuestro apartamento. Vivo en una fila de apartamentos algo descuidada, pero con tal de que no nos caiga la lluvia creo que está bien. Al abrir la puerta y dejar a Jayden en el piso, voy al interruptor a encender la luz y me acuerdo de algo.

–El recibo de la electricidad – miro a mi hijo que ahora está en el sofá con su mono de felpa – Creo que hoy haremos una pijamada con candelas.

Extraño la universidad, siempre me ha gustado estudiar y sobre todo hacer lo que te gusta. Me gusta la música, mis padres fueron una muy buena influencia en ellos ya que desde los 5 años toco piano, pero desde que deje la universidad no he vuelto a tocar ni una sola tecla.

Me levanto para hacer el desayuno de mi hijo y el mío. La mayoría de veces me levanto con los llorosos de Jayden pero esta mañana no es así.

–¿Qué tienes cariño? – al tocar la frente de mi hijo me doy cuenta de que está ardiendo en fiebre. Creo que tendré que llevarlo conmigo al trabajo.

Al llegar a la cafetería le dijo a la gerente el porqué de que este Jayden conmigo, y ella me dice que no hay problema con tal de que no moleste a la clientela ni interfiera en mi trabajo. Al salir de su oficina puedo ver después del mostrador que el señor Adams ha llegado.



E.D. Umaña

#23701 en Novela romántica
#3905 en Chick lit

En el texto hay: esperanza, romance, amor

Editado: 25.04.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar