El Velo De La Rosa

Capítulo 10: Una Prisión Dulce

La mañana llegó sin prisa a la habitación.

La luz del sol comenzaba a filtrarse entre las cortinas cerradas, dejando entrar un resplandor dorado que poco a poco empujaba a la oscuridad de la noche fuera de la estancia. El silencio de la mansión todavía era profundo, ese tipo de quietud que solo existe antes de que los sirvientes comiencen a moverse por los pasillos.

Anna despertó lentamente.

Al principio no entendió qué la había sacado del sueño. Su mente aún estaba envuelta en la neblina tibia del descanso, y durante unos segundos permaneció completamente quieta, respirando con calma mientras intentaba orientarse.

Entonces lo sintió.

Primero fue el aroma.

Un perfume suave, natural, algo que no provenía de ninguna fragancia costosa sino de algo más simple y sereno. Un olor que ya había empezado a reconocer sin darse cuenta.

Después llegó la calidez.

No era el calor de las sábanas ni el de la habitación cerrada. Era algo más cercano, más vivo, como si estuviera apoyada contra otra persona.

Y finalmente lo notó.

La suavidad.

Algo blando y cálido presionaba contra su rostro con una insistencia que no parecía casual.

Anna abrió los ojos.

Durante un segundo su mente simplemente observó lo que tenía frente a ella.

Tela clara.

Una curva suave.

Y justo allí, a escasos centímetros de su cara…

un escote.

Su cerebro tardó un instante en conectar todas las piezas.

Su rostro pasó por varias fases en rápida sucesión: confusión, sorpresa, incredulidad… hasta que finalmente la realidad se asentó con una claridad devastadora.

Eliana.

Eliana la estaba abrazando.

Y no de cualquier forma.

Sus brazos la rodeaban con una fuerza sorprendente para alguien de su tamaño, manteniéndola atrapada contra ella con una naturalidad absoluta, como si aquella posición hubiera sido la más cómoda del mundo durante toda la noche.

Anna sintió cómo el calor subía por su cuello hasta llegar a sus mejillas.

Un segundo después…

—¡¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?!!

El grito atravesó la habitación con una potencia que seguramente habría despertado a cualquiera en el ala de la mansión.

Los ojos de Anna estaban completamente abiertos, su rostro rojo como una antorcha mientras intentaba levantar la cabeza, aunque el abrazo firme de Eliana no hacía que la tarea fuera precisamente fácil.

—¡¿POR QUÉ ME ESTÁS ABRAZANDO ASÍ?!

Eliana se movió un poco, despertando lentamente ante el escándalo. Sus párpados se abrieron con calma, como si el grito no fuera más que una molestia menor que interrumpía un sueño agradable.

Miró hacia abajo.

Y allí estaba Anna.

Con el rostro completamente rojo, atrapada entre sus brazos y mirando hacia arriba con una mezcla de vergüenza y desesperación.

Eliana parpadeó una vez.

Luego sonrió.

—Buenos días.

Anna casi se atragantó.

—¡NO ES UN BUENOS DÍAS! —susurró con furia contenida, intentando mantener la voz baja ahora que su primer grito ya había resonado por media casa—. ¡¿Por qué me estás abrazando así?!

Eliana inclinó ligeramente la cabeza, observándola con tranquilidad.

—Porque estabas temblando anoche.

Su voz seguía siendo suave, casi adormilada.

—No quería que estuvieras sola.

Anna abrió la boca… y la cerró otra vez.

Durante un segundo no supo qué responder a eso.

Pero el problema inmediato seguía allí.

—¡Podías haber dormido del otro lado de la cama! —susurró con urgencia, intentando empujar ligeramente con las manos para ganar algo de espacio—. ¡No así!

Eliana no pareció convencida.

De hecho, en lugar de soltarla…

la abrazó un poco más fuerte.

Anna sintió cómo su cara volvía a hundirse contra aquel lugar cálido y suave.

Su cerebro dejó de funcionar durante un segundo.

—Hmm… —murmuró Eliana con tranquilidad—. Pero así era más cómodo.

El rostro de Anna volvió a encenderse.

—¡ESO NO ES EL PUNTO!

Eliana dejó escapar una pequeña risa.

—No pareces tan incómoda.

Anna se congeló.

—¡ESTOY MUERTA DE VERGÜENZA!

Eliana alzó una mano con calma y comenzó a acariciar suavemente el cabello de Anna, como si estuviera intentando tranquilizar a alguien demasiado alterado.

—Entonces prometo no decirle a nadie que la temible Anna busca refugio en mis brazos al dormir.

Anna emitió un sonido extraño, mitad gruñido mitad queja desesperada.

—¡YO NO BUSQUÉ NADA!

Intentó incorporarse de nuevo.

El abrazo no cedió.

—¡Eliana!

—¿Sí?

—¡APÁRTATE DE UNA VEZ!

El segundo grito atravesó la habitación con la misma intensidad que el primero.

Y seguramente, en ese momento, todos en la mansión volvieron a escucharla.

—Mas tarde despuesde que Anna se calmara y se vistiera—

El incidente de la habitación había terminado… al menos técnicamente.

Pero Anna no había terminado con él.

Caminaba por el pasillo principal de la mansión con pasos firmes, casi marciales, como si cada pisada fuera un intento de recuperar la dignidad que sentía que había perdido hacía apenas unos minutos.

—Increíble… —refunfuñaba entre dientes—. Absolutamente increíble…

Sus mejillas todavía conservaban un ligero tono rosado, algo que solo empeoraba cada vez que recordaba exactamente cómo había despertado.

Detrás de ella caminaba Eliana.

Con una sonrisa tranquila.

Una sonrisa peligrosamente satisfecha.

No parecía tener la menor prisa, ni tampoco el más mínimo remordimiento por el caos matutino que había provocado.

—No entiendo por qué estás tan molesta —dijo finalmente con un tono inocente que claramente no era tan inocente—. Dormiste bastante bien.

Anna se detuvo en seco.

Se giró lentamente.

—¡Ese no es el punto!

Eliana inclinó la cabeza, como si realmente estuviera reflexionando sobre aquello.




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