La mañana en el despacho de Demian había comenzado tranquila.
Demasiado tranquila, de esa calma pesada que a veces antecede a cualquier cosa importante, como si el aire mismo estuviera esperando algo.
Selene estaba sentada junto a la ventana, revisando varios informes gruesos relacionados con la reconstrucción de la ciudad: cálculos de materiales, listas de familias que necesitaban ayuda, planos de calles que debían ser reabiertas. Mientras tanto, Demian permanecía tras su escritorio de madera oscura, terminando de leer y firmar las cuentas de suministros y rutas comerciales, muchas de las cuales todavía seguían parcialmente dañadas o bloqueadas semanas después de haber pasado la epidemia.
El único sonido en la habitación era el rasgueo suave de la pluma sobre el papel y el viento que movía apenas las cortinas.
Hasta que unos golpes secos y rápidos sonaron en la puerta.
Ambos levantaron la vista al mismo tiempo. Antes de que alguno de los dos dijera "adelante", la puerta ya se abría.
Pocos segundos después, Lyra entró en la habitación.
Llevaba ropa de viaje, gruesa y práctica, con algo de polvo fino acumulado sobre la capa y las botas, y una expresión de absoluto fastidio que parecía indicar claramente que llevaba demasiadas horas sobre un carruaje incómodo y que no había sido un viaje agradable.
—Vine solo porque me obligaron —dijo apenas cruzó el umbral, sin saludar, caminando directo hacia el centro de la habitación—. Si vuelvo a escuchar a Anna decir que "no quiere molestar", que "es poca cosa" o que "no necesita ayuda", voy a lanzarla al río más cercano y dejaré que Garoum la rescate si le da la gana.
Selene soltó una pequeña sonrisa, negando con la cabeza. Demian dejó la pluma a un lado, recostándose en el respaldo de su silla con las manos entrelazadas sobre el pecho.
—Me alegra verte también, Lyra. Qué amable recibimiento.
Lyra rodó los ojos con dramatismo y sacó de entre su ropa un sobre grueso, de papel de buena calidad, doblado con cuidado para que no se arrugara.
—Lady manipuladora mandó esto. Dijo que era "importante y urgente", aunque yo creo que solo quería asegurarse de que no me perdiera en el camino.
Selene reconoció de inmediato la letra de Anna, ordenada y elegante, en la cabecera del sobre. Lo tomó casi demasiado rápido, con una mezcla de ansiedad y curiosidad. Demian se acercó por detrás de ella, apoyando una mano en el respaldo de su silla, mientras Selene rompía el sello de lacre y desplegaba las hojas.
Por unos segundos ambos guardaron silencio mientras leían, recorriendo las líneas con la mirada.
Y poco a poco, las expresiones serias y tensas que llevaban marcadas en el rostro desde hacía semanas comenzaron a relajarse, a suavizarse.
Anna estaba bien.
Eso era lo primero que dejaba claro, escrito casi al principio, como si fuera lo único que realmente importaba.
Contaba que la mansión estaba mejorando más rápido de lo que nadie había esperado. Que las reparaciones seguían avanzando con ayuda de gente que llegaba por voluntad propia desde la ciudad. Que los jardines, antes descuidados y tristes, ahora estaban llenos de vida. Que Garlan ya había comenzado a trabajar con las nuevas semillas que ella había traído, plantando hierbas medicinales, hortalizas y flores por todas partes. Y con una nota pequeña y alegre al margen, decía que las rosas blancas y rojas que había plantado junto a él meses atrás comenzaban finalmente a abrirse, llenando todo de color y perfume.
También hablaba de todos ellos: de Lady Altheria, que ahora pasaba las tardes leyendo y conversando animadamente; de Lira, que ya era parte de la casa y ayudaba en todo lo que podía; de Eliana, que estaba siempre a su lado, tranquila y firme; y de Garoum, que seguía siendo el mismo muro inamovible, aunque confesaba entre líneas que ahora sonreía más seguido.
Decía que la mansión volvía a sentirse viva poco a poco. Que ya no era un lugar frío ni solitario.
Selene sonrió apenas al leer aquella parte. Era extraño, casi increíble. Porque hacía meses, aquel lugar enorme y silencioso parecía una tumba de lujo, el refugio de una mujer a la que todos odiaban o temían. Y ahora Anna hablaba de él como si fuera el hogar más cálido y perfecto del mundo.
Pero la sonrisa de Selene duró poco.
Porque más abajo, entre explicaciones y detalles, Anna mencionaba con mucha calma y educación que se había quedado corta de materiales para terminar las reparaciones más importantes.
Madera de buena calidad para los marcos de las ventanas.
Vidrios claros y gruesos.
Algunas herramientas que se habían roto o perdido.
Muebles sencillos para las habitaciones de invitados y el personal.
Pinturas y barnices para proteger las paredes y la madera.
Y por supuesto, en un párrafo aparte y muy marcado, Anna aclaraba que llevaba la cuenta de todo, que les devolvería cada moneda gastada apenas pudiera vender algunas cosechas o resolver ciertos asuntos antiguos, y que no quería que pensaran que abusaba de su ayuda.
Demian soltó una risa seca y corta apenas terminó de leer esa parte, sacudiendo la cabeza.
—Claro que iba a decir eso. No podía ser de otra forma.
Selene también negó un poco con la cabeza, con una mezcla de ternura y exasperación.
—Después de haber salvado una ciudad entera, de haber puesto en riesgo su vida y su salud por todos nosotros… todavía cree que vamos a cobrarle unas tablas de madera o un poco de pintura.
Lyra, que se había quedado de pie observando, cruzó los brazos sobre el pecho y puso los ojos en blanco otra vez.
—De hecho, me hizo repetir tres veces, antes de dejarme venir, que les dijera exactamente eso. Que lo anotaran, que ella pagaría, que no era un favor gratuito… ya me tenían harta con el tema.
Demian tomó la carta de las manos de Selene y siguió leyendo hacia el final, buscando algo más, algo que le dijera más allá de los materiales y las reparaciones.