El Velo De La Rosa

Capítulo 56 La Barrera del Depredador

El aire no se movía.

La niebla seguía colgando entre los árboles como una sábana vieja y sucia, atrapada entre las ramas, y el bosque entero parecía contener el aliento, como si incluso Gravenwald estuviera esperando, en un silencio antinatural, ver qué ocurría a continuación.

Cinco estudiantes.

Una zona manchada de sangre.

Bestias de clase media partidas por la mitad con cortes tan limpios que parecían obra de una guillotina invisible.

Y arriba, sobre una rama gruesa como un muro, aferrada al tronco con patas que parecían pilares negros, se alzaba la araña.

No se sentía como una criatura viva.

Se sentía como una sentencia.

Sus múltiples ojos brillaban con un hambre que no tenía prisa, un hambre que no nacía del miedo a quedarse sin alimento, sino de la absoluta certeza de que el plato jamás iba a huir.

Cedric tragó saliva, sintiendo la garganta seca como arena.

Su espada temblaba apenas, pero él ni siquiera lo notaba, porque sus ojos estaban clavados en esa cosa como si apartar la mirada fuera equivalente a perder la cordura.

Mireth sostenía el bastón con tanta fuerza que los nudillos se le habían vuelto blancos.

Lyra respiraba corto, superficial.

Rolando apretaba la mandíbula con una tensión casi dolorosa, como si mantenerse firme sin retroceder fuera, por sí solo, un acto de fe.

Y Anna…

Anna no podía sentir las manos.

Solo el corazón golpeándole el pecho con violencia, como un tambor de guerra.

Aun así, no apartó la mirada.

Porque sabía que, si lo hacía, no solo perdería la compostura.

Se perdería a sí misma.

—No es una bestia para nosotros —murmuró Rolando con voz baja, contenida.

—No… joder, no lo es —respondió Cedric, con una risa temblorosa que no tenía humor.

—Rango alto… —susurró Lyra.

—Eso no está en la evaluación —añadió Mireth.

Anna no respondió.

Porque su mente ya estaba en otra cosa lo único lógico en esta situación imposible, en lo único sensato para sobrevivir, la piedra.

Rolando llevó la mano al cinturón, sus dedos encontraron el artefacto frío, liso, con runas dormidas. Lo sacó con cuidado, como si fuera una reliquia sagrada… o una granada.

Cedric lo miró con desesperación.

—Úsala.

Mireth asintió de inmediato, casi suplicando.

—Tenemos que volver… tenemos que avisar a la Academia de Arcanum Veridian.

Lyra apretó los dientes.

—Evacuar. Sacar a los demás grupos.

Rolando no dudó.

Alzó la piedra y activó el sello, las runas brillaron envolviendo al grupo en una luz, un sello se formo debajo de ellos, la bestia miraba sin atacar solo esperando, como si supiera algo.

El aire vibró, por un segundo, la esperanza se encendió como una chispa en el pecho de los cinco.

Y entonces…

Nada, no hubo tirón esa sensación de ser enviados a otro sitio nunca llego, como si esta hubiese sido borrada en el momento que fue activada. No hubo nada, solo… silencio.

Un silencio cruel.

Rolando frunció el ceño y apretó la piedra otra vez, con más fuerza.

—Vamos…

Nada.

Cedric dio un paso hacia él, uno discreto como si se moviese muy bruscamente llamaría la atención de la bestia.

—¿Qué pasa?

Rolando miró el artefacto como si lo hubiera traicionado.

—No responde.

Mireth abrió los ojos, incrédula.

—Eso es imposible…

Lyra levantó la mano lentamente, y el viento a su alrededor intentó moverse. Pero también se sintió raro, como si algo invisible impidiera que los artefactos funcionasen, como si chocara con algo invisible. Como si el aire estuviera… encerrado.

Anna lo sintió. no como magia, como presión como una pared alrededor de la zona.

Una barrera.

Y entonces lo entendió no con lógica académica.

Con instinto de presa.

—…Nos encerró.

Cedric se quedó helado.

—¿Qué?

Anna habló sin apartar la vista del árbol.

—La teletransportación está bloqueada.

Rolando apretó los dientes, aun sosteniendo el artefacto como si apretarlo fuerte hiciera que funcionara milagrosamente.

—Una barrera…

Mireth tembló.

—¿Por qué…?

Lyra respondió con una voz tan fría que sonó peor que un grito.

—Porque no quiere que escapemos.

Cedric retrocedió un paso.

—Esto… esto no puede estar pasando.

Anna respiró hondo, la garganta le ardía, su cuerpo se tensaba solo con la presencia asesina de aquella criatura que tenia en frente, pero aun así su lógica se revelo en contra de su miedo, porque el miedo te paraliza… o te vuelve peligroso.

Y Anna ya había pasado demasiado tiempo paralizada en su vida.

Miró a la araña otra vez.

Y notó algo.

Algo que, en medio del pánico, parecía una grieta en la muerte, la araña no se movía, no los atacaba, no descendía de aquel árbol, solo… los observaba como si viera a una mosca atrapada en su tela de araña, y en parte asi era, si intentaban escapar ella los alcanzaría, si atacaban sus navajas de aire acabarían con ellos rápido sin tiempo de usar sus armas. y su único medio de escape había sido bloqueado, ante sus ojos ya estaban en su nido y para ella era como si estuviera… disfrutando ya que no tenia prisa.

Cedric apretó la espada.

—¿Por qué no nos mata?

Mireth susurró:

—Tal vez está esperando…

Lyra tragó saliva.

—O tal vez…

Rolando no terminó la frase.

Porque en ese instante, la araña se movió, no hacia ellos, hacia un cadáver.

Una de las bestias cortadas en dos, u pata se flexionó, y de su abdomen salió un hilo grueso, brillante, húmedo… que voló como una lanza.

La tela se pegó al cuerpo muerto y con un tirón lento, casi pereza esta lo arrastro, lento pausado como si supiese que al hacerlo generaba mas miedo a sus presas que ya tendría próximamente, después de unos segundos que parecieron eternos para el grupo, esta lo elevo hasta llegar a sus fauces, comenzando a alimentarse dejando que el sonido de carne, huesos y tendones sonaran en todo momento, una amenaza directa a quien lo escuchara.




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