El Velo De La Rosa

Capítulo 57 Segadora de Bruma

La Segadora de Bruma bajó el cuerpo.

No como un animal herido, ni atrapado, esta sabia que aun tenia el control de la situación.

Pero ahora dejo de ser solo espectador y paso a ser un depredador que por fin decidió dejar de fingir.

El barro vibró bajo sus patas.

Sus ojos múltiples se clavaron en el grupo como si ya no los viera como presas… para ella esto ya eran un estorbo que merecía ser borrado de su presencia.

Y entonces el aire cambió.

No con viento.

Con intención.

Una presión invisible se reunió alrededor de su abdomen, subiendo como una tormenta contenida a punto de ser liberada como un huracán desenfrenado.

Lyra lo sintió primero.

Su rostro se tensó.

—Está acumulando…

Mireth tragó saliva, sin apartar el bastón de su espalda.

—Mana…

Rolando levantó el escudo.

Cedric apretó la espada, con el pecho todavía ardiendo por el golpe anterior.

Anna no dijo nada, ya estaba preparada, corrió directo hacia ambas chicas colocándose justo delante de Lyra.

Lyra parpadeó.

—¿Qué haces?

Anna no la miró.

—No te muevas.

Lyra frunció el ceño.

—Anna, si te quedas ahí—

La Segadora de Bruma soltó un chillido agudo, tan agudo que hizo vibrar el aire mismo a su alrededor. Entonces como si fuera la dueña del mundo este se partió en todas direcciones.

Cuchillas de aire, decenas de ellas salieron disparadas desde el abdomen rompiendo todo a su alrededor. A su pieza la piedra era cortada como mantequilla, cuchillas invisibles, pero reales, atravesando el campo como si el aire fuera una espada gigante despedazada en fragmentos.

Cedric rodó hacia un lado.

Rolando se agachó tras el escudo, sintiendo impactos que no se veían, pero que golpeaban como martillos.

Mireth gritó una palabra de soporte, reforzando músculos y reflejos.

Lyra intentó levantar su viento…

pero el ataque era demasiado.

No era un duelo de magia.

Era una ejecución.

Y entonces, justo cuando una cuchilla de aire iba a atravesar el lugar donde Lyra estaba…

Anna activó su artefacto.

Un clic seco.

Un brillo blanco.

Y una cúpula de luz se desplegó sobre ella como un escudo cristalino.

Las cuchillas chocaron contra la barrera y explotaron en destellos, desviándose en el aire como chispas cortantes. Anna apretó los dientes soportando el impacto en el escudo, a pesar de que estos frenaban las cuchillas, el impacto hacia que los brazos de Anna salieran resentidos, el impacto se sintió como si le estuvieran golpeando el cuerpo con piedras invisibles.

Pero la barrera resistió.

Lyra abrió los ojos, sorprendida.

—¿Eso es…?

—Alquimia —gruñó Anna, sin perder el equilibrio—. No hables.

Mireth, desde atrás, vio el brillo.

Y su corazón dio un salto.

No de alegría.

De incredulidad.

—¿Cuántos tienes…?

Anna no respondió.

Porque el ataque seguía.

El viento cortaba.

El suelo se levantaba en pequeñas explosiones de barro.

Los árboles cercanos se rajaban como si algo invisible los estuviera serruchando.

Y en el centro de todo, Anna sostenía la luz con el cuerpo, temblando, mientras Lyra reunía mana con desesperación.

Rolando gritó sin mirar atrás.

—¡Aguanta!

Cedric rodó de nuevo, esquivando por centímetros.

—¡Esto es una locura!

La Segadora de Bruma seguía atacando.

Y atacando.

Y atacando.

Como si quisiera pulverizarlos.

Y entoces… El viento se apagó.

No porque se cansara.

Sino porque decidió parar.

El campo quedó cubierto de una estela de humo y polvo, barro flotaba en el aire como lo pétalos después de un viento fuerte, cortezas partidas de los arboles cercanos partidas en varias partes.

El suelo lleno de marcas profundas, como si hubieran pasado cuchillas gigantes.

Un segundo de silencio.

Un segundo donde todos respiraron como si acabaran de volver a nacer.

Anna soltó el aire.

Y la barrera de luz se apagó con un destello final.

Su cuerpo se tambaleó apenas.

Lyra la sostuvo por el brazo, instintivamente.

—Anna…

Anna apartó la mano.

—Estoy bien.

Mentía.

Pero seguía de pie.

Rolando no perdió tiempo.

—¡Ahora!

Se lanzó con el escudo en alto.

Golpeó el costado de la araña con toda su fuerza.

Un impacto brutal.

La Segadora de Bruma perdió equilibrio por un instante y rodó por el barro, levantando tierra como una avalancha.

Cedric entró al mismo tiempo.

Su espada brilló.

Y esta vez no golpeó caparazón.

Golpeó carne.

Un corte profundo en el abdomen, la herida se abrió como una boca y la sangre que salió les dio la comprobación de que podían herirlo, pero la sangre no era común, era más… densa.

Tóxica.

La araña chilló, un sonido que perforó los oídos.

Mireth apretó los dientes.

—¡Sí…!

Pero Anna no se dejó engañar.

No era suficiente.

Esa cosa todavía tenía demasiado cuerpo, para caer asi… mientras Cedric se apartaba para no quedar bajo las patas…

Anna ya estaba moviéndose.

Un frasco en la mano.

Un líquido más oscuro, más agresivo que el anterior, mas toxico

Lo lanzó con precisión llegando directo a su objetivo, vidrio explotó contra la cara de la bestia esparciendo el veneno sobre sus ojos y colmillos.

La Segadora de Bruma se sacudió, arrastrando sus patas sobre el barro sintiendo como su visión se apagaba por unos segundos, su resistencia bajó.

No lo suficiente.

Pero algo cambió.

Su movimiento se volvió un poco más pesado.

Su respiración… más irregular.

Lyra lo sintió.

—Está afectándole…

Anna apretó los dientes.

—Un poco.

Rolando retrocedió, escudo alzado.

Cedric respiraba como un animal herido.

Mireth mantenía el soporte, sudando frío.




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