El viento recorría lentamente el camino, haciendo ondear los estandartes de ambas caravanas.
Durante unos segundos, nadie habló. No había armas desenvainadas, ni hechizos preparados, ni una sola gota de maná flotaba en el ambiente. Y aun así, todos los presentes sentían una presión difícil de explicar.
Garoum mantenía una mano sobre la lanza. No porque creyera que la Heroína fuera a atacar; simplemente, su instinto le decía que estaba frente a alguien extraordinario. A unos pasos de él, Lyra experimentaba exactamente la misma sensación.
Era como si dos fuerzas completamente distintas estuvieran frente a frente. No luchaban, ni siquiera discutían; solo existían, y eso bastaba para que el ambiente pareciera mucho más pesado.
Incluso los soldados imperiales intercambiaban discretamente algunas miradas. Los caballeros de la Iglesia tampoco hablaban. Nadie comprendía exactamente qué estaba ocurriendo, pero todos sentían lo mismo: como si dos mundos completamente diferentes acabaran de encontrarse.
Lysandra fue la primera en romper el silencio. Su sonrisa permanecía tranquila.
—Me quedaré algunos días en la capital imperial.
Anna levantó ligeramente la vista.
—¿Así es?
La Heroína asintió.
—La Iglesia tiene varios asuntos que tratar con el Imperio. Si el tiempo lo permite, me gustaría conversar con usted nuevamente. Esta vez, con un poco más de tranquilidad.
Anna sonrió con naturalidad.
—Será un placer —luego dejó escapar un pequeño suspiro—. Aunque me temo que durante los próximos días estaré bastante ocupada.
Lysandra inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Algún asunto importante?
Anna asintió.
—Debo reunirme con Su Majestad. Estamos preparando una nueva reforma relacionada con los territorios donde conviven distintas razas. —Miró un instante el estandarte de la Rosa Blanca—. Acepté convertirme en la representante de este proyecto, así que probablemente tendré bastante trabajo.
Los ojos dorados de Lysandra permanecieron unos segundos fijos en ella. No dijo nada; simplemente asintió.
—Entonces no la entretendré más.
Dio un pequeño paso hacia atrás y realizó una elegante inclinación.
—Ha sido un verdadero gusto conocerla, Lady Anna.
Anna respondió de la misma manera.
—El gusto ha sido mío, Lady Lysandra.
La Heroína giró lentamente y regresó junto a los caballeros de la Iglesia. Tomó las riendas de su caballo, pero antes de montar volvió la cabeza por última vez.
—Espero volver a verla pronto.
Anna sonrió.
—Igualmente.
Lysandra montó de un solo movimiento, y los caballeros comenzaron a avanzar tras ella. Poco a poco, la caravana de la Iglesia desapareció por el camino.
El silencio permaneció unos segundos más, hasta que Garoum habló.
—¿Qué le pareció?
Anna seguía observando el camino por donde se habían marchado.
—Es... extraña.
Garoum levantó una ceja.
—¿Extraña?
Anna soltó una pequeña risa.
—Sí. No sabría explicarlo, pero no me cayó mal. De hecho, creo que es una buena persona.
Garoum no respondió, solo volvió a montar. La caravana retomó lentamente su marcha hacia la capital.
Mientras tanto, al otro lado del camino, uno de los caballeros de la Iglesia acercó su montura a la de Lysandra.
—Lady Lysandra.
Ella giró ligeramente la cabeza.
—¿Sí?
El caballero dudó unos instantes antes de preguntar:
—¿Qué opinión tiene de Lady Anna?
Lysandra permaneció en silencio, todavía recordando aquella breve conversación: la tranquilidad con la que hablaba, la forma en que trataba a quienes la rodeaban, Nada coincidía con la imagen que había leído en los antiguos informes.
Finalmente respondió:
—Es... extraña.
El caballero parpadeó, confundido.
—¿Extraña?
Lysandra dejó escapar una pequeña sonrisa.
—Muy diferente a lo que esperaba. Los rumores cuentan demasiadas historias distintas sobre ella, y por ahora no sé cuál de todas ellas es la verdadera.
Volvió la vista al frente, decidida.
—Supongo que tendré que descubrirlo por mí misma.
Los caballos continuaron avanzando por la ruta polvorienta. Sin que ninguna de las dos jóvenes pudiera imaginarlo, aquel encuentro aparentemente casual sería el primero de muchos. Y algún día, sus ideales terminarían enfrentándose en un conflicto capaz de cambiar el destino de todo el continente.
Las enormes murallas de la capital imperial finalmente aparecieron en el horizonte.
Después de tres largos días de viaje… habían llegado.
Los soldados que custodiaban las puertas reconocieron de inmediato el carruaje con el emblema de la Rosa Blanca y, tras una breve revisión protocolaria, permitieron el ingreso de la caravana.
El bullicio característico de la capital volvió a envolverlos: mercaderes ofreciendo sus productos a gritos, carruajes cruzando las amplias avenidas, caballeros patrullando las calles y cientos de ciudadanos caminando de un lado a otro sin detenerse.
Garoum dejó escapar un largo suspiro de alivio.
—Al fin…
Lyra estiró los brazos con fuerza mientras descendía de su caballo.
—Tres días seguidos montando… necesitaba volver a sentir el suelo firme bajo mis pies.
Incluso Anna sonrió, compartiendo ese mismo sentimiento.
—Creo que todos pensamos lo mismo.
Los soldados imperiales que los habían escoltado durante todo el trayecto comenzaron a formar filas ordenadamente. Su capitán desmontó y caminó hasta quedar frente a Anna, realizando un respetuoso saludo militar.
—Lady Anna, nuestra misión termina aquí.
Anna respondió con una ligera inclinación de cabeza.
—Les agradezco el esfuerzo y la dedicación.
El capitán sonrió con amabilidad.
—Ha sido un honor escoltarla.
Hizo una breve pausa antes de añadir:
—Y recuerde… si en algún momento vuelve a necesitar protección durante alguno de sus viajes, solo debe informar a Su Majestad. Los Guardias Imperiales acudirán de inmediato.