El Velo De La Rosa

Capítulo 70: El Reino que Desafió al Mundo

El salón principal del Palacio Imperial permanecía envuelto en un ambiente elegante y solemne. La música de cuerdas y viento llenaba cada rincón, mientras nobles de todos los rincones del Imperio conversaban en grupos, intercambiaban cortesías o observaban discretamente a la Familia Imperial en su zona reservada. Más allá, los nuevos alumnos de la Academia, junto con sus compañeros, comenzaban poco a poco a sentirse menos extraños entre tanta formalidad.

Frente al trono ceremonial, Anna se detuvo y realizó una reverencia elegante y respetuosa, sin excesos pero con toda la dignidad que su posición requería.

—Su Majestad el Emperador, Su Majestad la Emperatriz. Es un gran honor estar aquí esta noche.

El Emperador Aurelian le devolvió el saludo con una sonrisa amplia y satisfecha.

—Lady Anna. Me alegra mucho verla. Se nota que trae consigo un aire nuevo, incluso en esta sala.

A su lado, Seleneia asintió con una calidez que pocas veces mostraba ante personas ajenas a su círculo más íntimo.

—Siempre es un placer recibirla. Esperamos que esta noche se sienta como en su propia casa.

Detrás de ella, Garoum y Salen dieron un paso al frente al unísono y se arrodillaron al mismo tiempo, con la espalda recta y la mirada baja en señal de respeto.

—A sus órdenes, Sus Majestades.

El gesto no pasó desapercibido para nadie. A pesar de que ambos servían directamente a Anna, mantenían intacta la lealtad y el protocolo que debían al soberano de todo el Imperio. Era una muestra de equilibrio que muchos no esperaban ver.

Mientras tanto, Adrian desvió la mirada hacia Sylwen, que permanecía atenta a un lado, y una sonrisa divertida apareció en su rostro.

—Debo decir, Sylwen, que esa armadura te queda mucho mejor de lo que imaginaba. Combina perfecta con tu porte.

La elfa parpadeó sorprendida, sin esperar un comentario así en medio de la recepción.

—¿Eh…? Gracias, Príncipe. Yo… solo trato de cumplir con mi deber.

Lysandra también se unió a la broma con una sonrisa amable.

—Es verdad. Le queda ligera y elegante, pero se nota que está hecha para proteger. Un trabajo excelente.

Las mejillas de Sylwen comenzaron a teñirse de un tono rojizo, y bajó un poco la mirada sin saber muy bien qué más responder.

Anna, por su parte, desvió la vista intentando mantener la compostura, pero sus labios temblaban levemente. Estaba haciendo un esfuerzo enorme por no soltar la risa en medio de la formalidad. Adrian no tardó en darse cuenta.

—Lady Anna… sé que quiere disimular, pero se le nota.

Ella levantó la vista de inmediato, poniendo una expresión de total inocencia que solo consiguió hacer más evidente su intención.

—¿A mí? ¿De qué habla, Príncipe?

—De que está a punto de reírse de la situación. No se aguante.

Esa pequeña provocación fue suficiente. Una risa suave y clara escapó de sus labios, una risa sincera, nada forzada ni fingida.

—Está bien, lo confieso… es solo que no me esperaba que los elogios llegaran tan rápido.

Sylwen suspiró, cruzando levemente los brazos y poniendo cara de resignación.

—Ya lo sabía… en cuanto empiezan con los cumplidos, usted termina riéndose de mí.

Anna se calmó poco a poco y explicó con naturalidad, como si estuviera hablando con familiares cercanos:

—No es nada malo. Los artesanos de la Ciudad de la Rosa Blanca insistieron mucho en esto. Decían que quienes formaran parte de la Guardia de la Rosa debían llevar algo que representara el orgullo de todo el territorio, no solo algo para luchar.

Adrian asintió con aprobación.

—Y acertaron de lleno. Se ve imponente y a la vez elegante.

Garoum bajó un poco la mirada hacia su propia armadura, moviendo los hombros con suavidad para comprobar su ajuste.

—Además, son sorprendentemente cómodas. No pesan ni estorban para nada.

—Y aguantan mucho más impacto que las anteriores —añadió Sylwen con seriedad, aunque con un tono de satisfacción.

Anna sonrió con picardía y añadió:

—Aunque debo decir que todavía falta una.

Todos dirigieron la mirada al mismo tiempo hacia donde estaban los nuevos alumnos y compañeros. Allí, entre Brynja, Durgan, Seraphina y los demás, se encontraba Lyra, vestida con su uniforme habitual, sin la armadura ceremonial que lucían los otros. Al notar que todos la miraban, la joven caballera bajó la cabeza de inmediato, sintiendo cómo se le subía el calor al rostro.

Anna, desde su lugar junto a la Familia Imperial, no perdió la oportunidad y continuó hablando con esa sonrisa traviesa que ya le era conocida.

—La armadura de Lyra todavía no estaba terminada cuando salimos. Tuvo unos pequeños ajustes finales que no pudieron acabar a tiempo.

Hubo un breve silencio, y luego añadió con tono de broma:

—Dicen que se puso bastante triste cuando le explicaron que tendría que esperar unos días más para estrenarla.

—¡L-Lady Anna! —gritó Lyra, levantando la cabeza de golpe con el rostro completamente sonrojado, mientras sus compañeros empezaban a sonreír—. ¡Yo no me puse triste ni nada por el estilo! Solo… solo pregunté cuándo estaría lista, eso es todo.

Intentaba defenderse con todas sus fuerzas, pero sus mejillas encendidas y la forma en que se removía incómoda delataban que era verdad. Las risas no tardaron en extenderse por todo el grupo cercano.

La Emperatriz Seleneia se llevó una mano a los labios para reír con elegancia, sin perder la compostura.

—Pobrecita… ya le llegará su turno, no se impaciente.

Adrian soltó una pequeña carcajada, y hasta Lysandra negó con la cabeza sonriendo, sin poder evitarlo. Incluso Garoum y Salen dejaron escapar una leve risa contenida.

Lyra cruzó los brazos con fuerza e infló las mejillas, haciendo un pequeño puchero que solo la hacía ver más joven y enérgica.

—Todos son muy malos… ¡ya verán cuando tenga mi armadura, seré la mejor de todas!

Aquella respuesta solo consiguió que las risas aumentaran un poco más. Anna, desde lejos, le guiñó un ojo con complicidad.




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