El velo gris

Capítulo 19: El Pacto de las Sombras

El frío en el aserradero se sentía más punzante que de costumbre, una humedad que se filtraba entre las tablas de madera vieja y se enroscaba en los pulmones de Ethan como dedos de hielo. Sin embargo, el frío exterior no era nada comparado con la combustión interna que recorría su sistema. Desde que Thomas había cruzado el umbral del refugio, con el rostro desencajado y el rastro del ozono de Grey Hollow todavía impregnado en su ropa, el aire en el recinto se había vuelto denso, casi sólido. Ethan permanecía de pie, con los puños apretados hasta que sus nudillos, pálidos y tensos, amenazaban con rasgar la piel. Escuchaba cada palabra de Thomas con una atención que bordeaba la tortura, filtrando el ruido del viento exterior para concentrarse en el informe sobre su padre.

​—Está allí, Ethan. Lo vi —dijo Thomas, su voz recuperando la estabilidad tras el largo trayecto—. En el porche de la calle Roble. Sigue siendo él. Tiene miedo, un miedo que se puede oler a kilómetros, pero sus ojos todavía tienen esa chispa humana. No es un autómata. No han logrado quebrar su voluntad... todavía.

​El alivio que inundó el pecho de Ethan fue tan violento que sintió un mareo momentáneo, una oleada de calor que hizo que su esencia vibrara bajo la piel con una frecuencia errática. Saber que su padre seguía resistiendo, que no era una de esas cáscaras vacías que Thomas describía, era la única ancla que mantenía su cordura en su sitio. Pero la tregua emocional duró poco. Thomas se giró hacia Silas, quien permanecía en la penumbra con la mandíbula apretada, y su tono cambió a uno mucho más sombrío, cargado de una urgencia catastrófica.

​—Hay algo más, Silas. La estática en el pueblo es insoportable. Los Arcanos han terminado de posicionar los receptores. Todo está listo para el sábado. Mañana, durante el clímax del Festival de la Cosecha, bajo la luz de la Luna Llena, lanzarán el hechizo definitivo para restablecer el Nodo Artificial de forma permanente. Si ese ritual se completa, el Velo se rasgará para siempre y Grey Hollow dejará de ser un pueblo; se convertirá en una fuente de energía pura para el Círculo. No quedará ni una sola alma humana que no sea consumida por el engranaje de los cinco.

​Silas se adelantó, saliendo de las sombras. Su gabardina negra parecía pesar más que nunca sobre sus hilos, y el brillo dorado de sus ojos era una brasa agonizante en la oscuridad del aserradero. El Alpha guardó silencio durante un tiempo que a Ethan le pareció una eternidad, observando los mapas y los restos de madera vieja que los rodeaban.

​—Es el fin de todo —murmuró Silas, y su voz sonó como el crujido de una rama rompiéndose bajo la nieve—. Si restablecen el Nodo Artificial con esa magnitud, no habrá rincón en el bosque que pueda ocultarnos ni regeneración que nos salve de la asfixia espiritual. Debemos evitar que ese hechizo se lleve a cabo a toda costa. El problema es que el Círculo ha reforzado sus defensas. Con la fuerza que nos queda, con una manada diezmada por los encuentros anteriores, no seremos suficientes para romper el círculo de los cinco Arcanos y sus patrullas de espectros que vigilan desde el aire. No podemos ganar esta guerra solos.

​Ethan sintió un nudo en la garganta. La desesperación de Silas era un veneno que se contagiaba. Había visto a la manada entrenar, había sentido su fuerza bruta, pero la descripción de Thomas sobre el despliegue del Círculo pintaba un panorama suicida.

​—Entonces, ¿qué hacemos? —preguntó Ethan, y su propia voz le sorprendió por la firmeza que empezaba a adquirir—. No podemos quedarnos aquí esperando a que el sábado nos borre del mapa. Mi padre está en esa lista de sacrificios.

​Silas se giró hacia él, y por primera vez, Ethan vio en el Alpha una chispa de una determinación peligrosa, una resolución que nacía de la falta de opciones.

​—Hay una fuerza en el condado vecino que los Arcanos siempre han temido molestar —comenzó Silas, midiendo sus palabras—. Una fuerza antigua, elegante y tan letal como nosotros, aunque sus métodos sean diferentes. Vamos a convocar una reunión con el Rey de la Estirpe.

​Un silencio sepulcral cayó sobre el grupo. Elena, que hasta entonces había estado limpiando sus garras con una piedra de afilar, se detuvo en seco, mirando a Silas con incredulidad. Marcus intercambió una mirada rápida con Thomas. Los vampiros, la Estirpe, eran leyendas que Ethan apenas estaba empezando a procesar, y ahora Silas hablaba de pedirles ayuda como si fuera una visita de cortesía.

​—Es una locura, Silas —siseó Elena, dando un paso al frente—. Los de la Estirpe no mueven un dedo si no hay un interés político de por medio. Odiamos su arrogancia y ellos desprecian nuestro "olor a perro". Un pacto con ellos es un pacto con el diablo.

​—El diablo ya está en Grey Hollow vistiendo capas negras y vaciando el alma de nuestra gente, Elena —replicó Silas con una autoridad que no admitía réplicas—. El Rey de la Estirpe sabe que si los Arcanos logran estabilizar el Nodo Artificial de esa manera tan grotesca, llamarán la atención de los Guardianes del Velo. Esos seres no discriminan: si sienten que el equilibrio ha sido alterado de forma irreversible, vendrán a Grey Hollow y destruirán todo a su paso para "limpiar" la zona. Los Arcanos pueden huir y crear otro nodo en cualquier parte del mundo, pero nosotros y la Estirpe estamos anclados a estas tierras. No tenemos a dónde ir si los Guardianes deciden purgar el condado. Debemos partir de inmediato. Es un viaje de ida y vuelta rápido; si salimos ahora, cruzaremos la frontera del condado y llegaremos a su dominio antes del anochecer de mañana. Debemos estar de vuelta antes de que el sol se ponga el sábado, o el hechizo será imparable.

​Silas señaló a los presentes con un dedo enguantado.

​—Elena, Marcus, Ethan. Venís conmigo. Marcus, tu capacidad de rastreo nos mantendrá fuera del alcance de los espectros en la frontera. Elena, necesito tu velocidad si las cosas se ponen feas. Y tú, Ethan... —Silas hizo una pausa, clavando sus ojos dorados en los del joven—. Necesitas conocer más sobre este mundo si pretendes sobrevivir a la Luna Llena. Eres un niño bañado en plata, inestable, pero esa pureza metálica te da una sintonía que los de la Estirpe podrían respetar... o desear.




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