Para cuando los primeros rayos de luz atravesaron las finas cortinas y terminaron acariciando la tierna piel suya, aún dormido fue sorprendido, el resplandor insistía en posarse directo a sus ojos, para su mal gusto, nunca ha sido buen madrugador. Obligó a sus párpados despegarse de las cuencas y a observar el borroso cielo raso de su habitación. Los pájaros cantaban, avisando de un día extremadamente húmedo y caluroso, pero que prometía mucho movimiento.
Tan solo recordarlo el sonrojó sube a sus mejillas, dado que, en la noche del diluvio, experimento el erotismo estrechando su alma, la desnudo bajo la mirada contemplativa de la luna menguante, beso sus secretos en soledad y la acaricio consolidando su nuevo comienzo por el sendero del desasosiego interminable. No estaba a su alcance comprender tales cosquilleos trepando por su medula, había algo dentro suyo, era ese martirio que lo consumía a diario y que comenzaba a marchitarse con la falsa promesa de no volver a alcanzarlo. No eran meras dolencias porque si lo fuesen no sería capaz de verse cara a cara con la melancolía tan amiga suya. Si hubiese podido habría estado más en compañía de ella o se habría quedado en sus sueños.
Dicen que el tiempo es relativo, pero todos los días el reloj marca el fin de su descanso, de su única alegría, por lo tanto, si no se levantaba vendría alguien de su total desagrado a hacerlo. Se sentó en la cama con una mochila llena de cemento en la espalda, harto estaba del cansancio que asemejaba el no haber pegado un ojo en toda la noche; luego de cenar en un incómodo silencio con su familia fue directo a descansar, se acurrucó tras leer las últimas páginas de la Ilíada y soñó, no, vivió una pesadilla durante ocho horas ininterrumpidas.
Examino sus propios pensamientos, debatiendo en si cubrirse las marcas doradas que adornaban la piel de su cuerpo o ir en contra de todo lo que su abuela odia y no hacerlo, la respuesta vino sola, siempre debiendo de abstenerse de mangas cortas, algunas llegaban a su rostro, nada que el maquillaje no pudiera ocultar. Mantuvo su mirada en el reflejo tanto como le fue posible antes de despersonalizar lo que lo hacía él mismo. Desde su perspectiva sus rasgos inusuales eran perfectos tal y como estaban, deseaba que eso bastará y que lo dejarán ser. Reconoce que sería dejado de lado y despreciado por su apariencia o deseado e envidiado, eso, casi siempre hace que ideas erróneas y autodestructivas anden divagando y corrompiendo su percepción, incluso en un mundo donde los brujos a veces eran verdes con sombreros graciosos, elfos con cuatro ojos y Vampiros con fobia a los colores no dejaban de ser discriminados, él, aun siendo especial como quien dice la cosa seria señalado, avergonzados de que él sea un mago de luz nato y ni hablar de su linaje y situación financiera, pues en la actualidad los magos no estaban de acuerdo con que las élites siguieran teniendo poder, especialmente en ambos mundos. Eran juzgados en todo y algunos poco les importaba, pero a su familia si, debían de ser los más caritativos para ser aprobados por la gente—de todas maneras, nadie aceptaría que él tuviera aquel poder con el que otros sueñan y hasta matarían por tener. Entiende que, magos como el no deberían existir a menos que sean reprimidos, lo que lo lleva a ¿por qué si está destinado a salvarlos a todos lo tienen que privar de su libertad? ¿qué ganan ellos con eso? Ángel sospecha que tienen miedo de él, que se vuelva contra de ellos, pero no lo conocen, él quiere ser bueno, lo es, jamás dañaría a alguien.
Esa misma mañana se estresó al leer el periódico. Nunca fue de leerlo, siquiera oírlo por la radio ni mucho menos encender ese aparato que emite imágenes «siempre olvido su nombre», por ese motivo, lo que sucede fuera de su entorno solo demuestra aún más cuan aberrante eran los humanos con lo que era diferente a lo usualmente visto. Todavía seguía sin cuadrarle que el representante de los Mágicos les enviará un comunicado tan desagradable. Era la segunda vez en cincuenta años, según su detestable tía Nélida:
¡ULTIMAS NOTICIAS!
Miriam C.
…. No tenemos más remedio que limitarles el uso de magia, al menos en las visitas a la ciudad o algún lugar público de la provincia de Buenos Aires, también en cualquier otro lugar del mundo. Es de suma importancia que Brujas, Magos y demás—se detuvo, conteniendo la palabra «Monstruo» con todas sus fuerzas—Criaturas mantengan la calma y que las nuevas pautas de convivencia sean llevadas a cabo.
Aclaro, esto no es un acto de repudio ni algún plan para erradicarlos, esto es por la seguridad de nosotros y suya.
Llamar la atención de forasteros pondrá en peligro todo lo que se ha construido. En la semana pasada se han notificado desde Brasil y Uruguay objetos de orígenes desconocidos levitando en sus playas y ríos, abduciendo sus minerales y fauna marina las cuales fueron vendidas al mercado negro.
En caso de romper las reglas serán multados, si siguen rompiéndolas serán encerrados y forzados a trabajos comunitarios de tiempo indefinidos.
Las manadas tienen la obligación de usar un collarín con un chip de rastreo. Si se los ve saliendo de sus territorios sin notificarlo recibirán una descarga eléctrica y de inmediato serán apresados. Para los clanes de vampiros; el consumo de sangre directo de humanos será prohibido, no importa si la persona da su consentimiento pues no se sabe si están en sus facultades de modo que si no retiran su sangre en el hospital más cercano serán obligados a caminar durante el día. Y, por último, los aquelarres deberán de registrar cada nacimiento, presentarse para la colocación de un dispositivo que medirá el uso de sus magias. En cuanto al resto se irán enviando los nuevos acuerdos a sus jefaturas provinciales y a sus respectivos pueblos y barrios especiales.