— ¿Qué tal va todo, Layla? —preguntó Liam detrás de mí, apoyando una mano en el marco de mi mesa mientras observaba los archivos ordenados en la pantalla de mi computadora. Su mirada recorría cada una de las pestañas abiertas, como si pudiera leer en ellas el esfuerzo que había invertido en cada detalle.
— Ya está todo listo. Solo necesito consultar lo más importante con ROSE y así terminaré de dar los últimos retoques para la exposición —cualquiera podía notar la emoción en mi voz, que temblaba apenas un poco al mencionar el nombre del artista que había admirado unos meses después de lo sucedido con Eidan.
— Hoy podrás hacerlo —me dio una palmadita en el hombro, cálida y segura como siempre. Liam a veces solía parecer distante, pero cuando inconsciente hacía acciones muy diferentes a su habitualidad, podías ver ese lado vulnerable de él.
— ¿Hoy? —preguntó Luke entrando a la oficina con un par de papeles bajo el brazo. Su cabello castaño estaba un poco desordenado, como siempre, y llevaba su típico saco formal que tenía desde que lo conocí. Ambos estábamos sorprendidos, porque teníamos entendido que ROSE llegaba la siguiente semana.
— Sí. El agente representa a ROSE en París se puso en contacto conmigo esta mañana temprano —dejo su taza de café sobre su escritorio—. Me aviso que ROSE llegaría al medio día y que estaría disponible desde la tarde. Concreté una cita con él a las siete en punto, ya te envié todos los detalles por correo Layla. Incluí la dirección de un lugar discreto, para evitar que los medios se enteren antes de que avancemos lo suficiente con la exposición. Revísalo bien.
— Entendido, Liam. Entonces, Luke y yo nos pondremos en marcha ahora mismo —me levante de mi silla cerrando cuidadosamente todas las pestañas de mi escritorio. Tomé mi saco de cuero negro y la Tablet donde guardé todos los bocetos. Luke imitó mi acción, tomando su abrigo y abriendo la puerta de la oficina con una sonrisa amable. Sonreí en forma de agradecimiento, sintiendo cómo mis manos comenzaban a sudar un poco de la emoción.
La cita se concretó en una cafetería privada llamada “El jardín Secreto”, no muy lejos de la galería de arte. Estaba ubicada en una calle adoquinada, entre edificios de estilo clásico que parecían sacados de alguna película, era incluso difícil entrar en las calles con mi auto.
Después de encontrar un lugar donde estacionar, Luke y yo salimos de mi auto para caminar a la cafetería. La puerta era de madera oscura con un pequeño letrero de bronce, y cuando entramos, el aroma del café recién hecho y los pasteles caseros envolvieron nuestros sentidos. Luke actuaba con la profesionalidad que lo caracterizaba, saludando a la mesera y preguntando por la mesa que teníamos reservada. Yo por mi parte, intentaba ocultar la euforia que me recorría el cuerpo. Conocer a ROSE era sin duda una de las mejores experiencia que podía experimentar en mi vida, que tenía miedo de actuar como una tonta frente a él.
— ¡Ly! Date prisa —habló Luke tomándome suavemente del brazo para sacarme de mi ensimismamiento. Me había quedado observando las pinturas que colgaban de las paredes al punto de que me costó volver a la realidad—.Ese debe ser ROSE —señaló al hombre de espaldas que estaba junto a una de las ventanas más grandes mirando hacia afuera.
Aquella persona se volteo lentamente, y en ese instante sentí que el mundo se detuvo. El aire abandono mis pulmones de golpe, y mis piernas amenazaron con dejar de funcionar, así que me agarré a la espalda de una silla para evitar perder el equilibrio.
¿Sabes, Eidan? Muchas veces imaginé este momento en mi cabeza: cómo sería tenerte frente a mí, el cómo fingiría que todo aquel ese tiempo juntos no fue más que un pasatiempo, que simplemente había estado bien, que no existieron esas innumerables noches en las que lloré hasta quedarme dormida, ni aquellos días en los que me quedaba mirando al vacío, esperando un mensaje que nunca llegó. Nada de eso había existido, me repetía una y otra vez. Pero ahora tu estabas ahí, frente a mí, con el cabello más largo que cuando se fue, tenía mechones más claros que otros y vestías un elegante traje azul marino que seguramente costaba más que mi auto. Y por supuesto, no podía faltar aquella sonrisa que alguna vez legué a adorar…
— ¿Layla? —Luke sacudió su mano frente a mi cara, haciéndome volver a la realidad. Su voz sonaba preocupada, distante, como si viniera de muy lejos— ¿Estás bien? —preguntó, poniéndose a mi lado y mirándome con aprensión. Yo simplemente asentí, sin poder articular una sola palabra.
Me obligué a mí misma a reaccionar, a enderezarme y fingir naturalidad, aunque sentía cómo mi corazón latía tan fuerte que creía que todos podían escucharlo.
— Es un gusto conocerlo, señor Emerson o ¿simplemente debería llamarlo ROSE? —extendí mi mano con firmeza.
— Puedes llamarme solo Eidan —dijo, estrechándome la mano. Su tacto era tan cálido como lo recordaba, aun así, tuve que hacer un gran esfuerzo por no soltarla de inmediato. Sus ojos, de color café, no dejaban de mirarme, como si quisiera leer algo en mi rostro, algo que no podía descubrir.
— Entiendo. Él es Luke se encarga de todo el ámbito legal y será parte fundamental en el desarrollo de su exposición —señale a Luke quien aun estaba a mi lado.
— Es un placer conocerlo señor Eidan —ambos se estrecharon las manos—. Bien. Ahora que ya todos nos presentamos ¿por qué mejor no tomamos asiento y discutimos los detalles? —propuso, dirigiéndose a la mesa sin esperar una respuesta.