El verano que nos separó

9. Cita.

Los grandes ojos de su madre se abrieron de par en par cuando bajó de la camioneta de los Slate. La joven iba cubierta por una capa gruesa de un color blanquecino que, con el viaje, se había penetrado en su piel, apenas notándose los puntos de picaduras a ambos chicos. Julianne les aplicó una crema especial en todas las zonas afectadas.

Catalina no solo había regresado luciendo como un camarón que había pasado mucho tiempo en las brasas, también como un pequeño fantasma, lo que logró que Concepción solo pudiera cubrir su boca, viendo a su hija andar con cierta incomodidad hacia ella, quien no dudó en acercarse y acunarle el rostro, pero la jovencita pronto se pegó a su pecho.

La preocupación maternal era, sin duda, muy diferente a lo que Julianne había hecho con su hijo, a quien tildó de tonto en un par de ocasiones, aunque se lo dijo en inglés, como si Asher pudiera haber previsto que a esa hora o momento las pequeñas medusas tomarían esa zona de la playa. Él iba con la mandíbula apretada y solo pudo pasar saliva cuando la preocupada Concepción, de forma maternal, también empezó a revisarlo.

—Los dos ya tienen una crema especial que es para ese tipo de quemaduras —indicó Julianne; Concepción solo la miró unos segundos—. Ayuda a bajar las cosas, y creo que tu hija debería ir a casa a darse un baño.

Catalina miró a su madre, quien solo le acunó el rostro en dos manos, dándole un besito en la frente.

—Ya no me arde tanto —indicó la pelirroja—. En realidad, no fueron tantas como pensé, y eran pequeñas. De pronto se llenó de aguas malas en la zona donde estábamos.

Asintió ante su hija y luego miró a Asher.

—Él me sacó del mar, actuó más rápido que yo —agregó Catalina, viendo a su madre.

—Está bien, mi amor, ve a casa y date un baño, te refrescas y ponte el aloe que tenemos, el que es natural, porque vienes bien quemada. Para que estés mejor para tu cena.

La sonrisa en los dos jóvenes fue inmediata y eso mismo logró que Concepción suspirara de manera pesada. La pelirroja miró a su amigo, quien le asintió, pero luego agradeció a los Slate por el paseo, aunque todos notaron cómo Roscoe quiso saber si se sentía mejor, pero Neva no lo dejó ni hablar, ya que pronto se colgó de su cuello y lo besó.

Catalina salió de los terrenos de la casa en su bicicleta. Aunque no era aún de noche, el sol se estaba ocultando por completo, y además, si bien le ardía moverse mucho, sabía que caminando le hubiera tomado más tiempo. Cuando Asher se encontró con la mirada de Concepción, le agradeció que aún le diera el permiso a la chica para esa cita que él, después de todo lo que había vivido y sentido, sin duda quería tener.

La amable empleada lo invitó a pasar, le señaló que había hecho jugo de naranja con melón dulce, que a él le gustaba mucho, y así el joven pasó hacia el interior de la casa con su mochila apenas colgando de un hombro.

Si bien Julianne no ayudó en ningún momento, hizo los mismos viajes que su empleada Concepción, hablándole de lo que pasó con los chicos. De alguna manera puso quejas de que Catalina en realidad no fue de mucha ayuda y pasó más tiempo en la playa con Asher que ayudando a su tío o bien con ellos, que si la necesitaban, pero tuvieron que hacer las cosas por ellos mismos al verla reacia a atender las orientaciones.

Le aconsejó, lo que logró que Concepción pasara saliva, que hablara con su hija sobre los chicos y el amor, porque de manera clara Julianne dio a entender que hay algo que está naciendo entre su hijo y la pelirroja Catalina, por lo que Conny, cuando acomodó la hielera en la isla de la cocina, se volteó hacia donde su jefa.

—¿Puede usted intervenir en las cosas del corazón? —Julianne frunció el ceño—. ¿Sería capaz de decirle a su hijo que no sienta nada por mi hija?

—No, no claro que no, pero sabes bien que son dos cosas diferentes.

—¿Por qué?

—Lo mío es un hombre. Los hombres pueden venir, conquistar, tomar lo que quieren y se van —Concepción frunció el ceño—. Las mujeres somos más emocionales, Conny, y la verdad es que no quisiera que tu hija se vea afectada por las decisiones de Asher.

—Su hijo… —la respuesta logró que Julianne arqueara la ceja—me está hablando de su hijo, señora Slate, y créame que tengo un gran concepto de cada uno de sus hijos por el simple hecho de que pienso que usted, como su madre, les ha enseñado mucho más que solo eso que me ha dicho, lo de venir, conquistar y tomar lo que quieren —remarcó segura, con los puños apretados tras la hielera—. Claro que hablaré con mi hija, pero no voy a frenar sus sentimientos hacia su hijo, al menos que usted me diga que Asher es una mala persona y que no considera que debería estar al lado de mi Catalina.

—Responde…

La grave voz del joven logró que Julianne volteara hacia él, pero luego viera con seriedad a su empleada, quien bajó la mirada.

—Ni la mires a ella, que Concepción tiene razón, escuché muy bien lo que decías sobre los hombres. Respóndele, dile que no me quieres ver al lado de Catalina o dile que soy una mala influencia para su hija…

—No me faltes el respeto.

—Es que no lo hago, solo quiero que seas consciente de lo que has dicho y que lo sostengas, porque si le has advertido a la madre de mi mejor amiga de mí mismo, es porque tienes una idea clara del hijo que tienes.




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