El verdadero Albedrío

Capítulo 1

"A pesar de conocer desde un principio su naturaleza, no deja de sorprenderme cada vez que lo observo."

Edy salió, como todos los días, de su casa. Se despidió de su esposa, besó a su hijo y acarició a su fiel Ramsés, ese pequeño caniche francés que llevaba cuatro años con él y su familia, tan solo un año más que su pequeño hijo Andy. No se podía quejar. A pesar de los problemas económicos que enfrentó en sus primeros años de casado, logró salir adelante y conseguir un buen empleo en la ciudad de Nueva York, en un edificio relativamente cercano a lo que antes se conocía como las Torres Gemelas, donde actualmente hay un parque en memoria de ese evento que cambió al mundo a principios del siglo.

La empresa donde Edy trabaja es una tienda en línea dedicada a la venta de productos de electrónica y computación, un pequeño negocio que su jefe, Carlos, comenzó después de quedar desempleado y que en poco tiempo creció de una manera que nadie esperaba. Edy siempre había pensado que Carlos era una persona con una suerte muy particular, ya que lo único que hacía diferente era la forma de atender a los clientes, armando sus equipos de cómputo completamente a su gusto, además de vender consolas de videojuegos personalizadas. Nada del otro mundo, pensaba Edy. A pesar del éxito, Carlos era muy sencillo, no le gustaba presumir, trataba bien a sus trabajadores y tenía una muy buena relación con su community manager, cargo que desempeñaba Edy.

Ese día era particularmente caluroso, y en la oficina, la zona utilizada para las reuniones de inicio de semana sería especialmente "incómoda". Edy sabía muy bien esto, por lo que acostumbraba pedir bebidas frías para esos días. A pesar de la seriedad que debería tener cualquier junta laboral, las reuniones de Solanum eran bastante "alegres", producto del crecimiento constante del negocio.

Ese día, las noticias eran particularmente buenas. Carlos estaba presentando los resultados de la semana anterior y los nuevos esquemas de compensación para sus empleados. No había motivo para un mal ambiente. Sin embargo, Edy y sus compañeros, después de casi una hora de reunión, comenzaron a experimentar un profundo sentimiento de tristeza que no habían sentido antes. Incluso Carlos, que estaba mostrando una imagen de la nueva campaña en redes sociales, se quedó completamente en silencio, mirando fijamente la enorme ventana que daba hacia lo que en el pasado fue el World Trade Center.

Era algo completamente fuera de lugar. Todos observaron la ventana en silencio durante al menos cinco minutos. Carlos continuó su presentación como si esa enorme “pausa” nunca hubiera existido. Edy, por su parte, siguió escribiendo en la computadora, respondiendo a las preguntas de los usuarios en redes sociales, mientras recordaba que ese próximo fin de semana su pequeño Andy cumpliría cuatro años. Quizás fue ese pensamiento lo que le permitió sonreír por última vez, justo cuando una luz cegadora entró por la ventana principal de la sala de juntas.



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En el texto hay: #religiones, #nihilismo, #apocalipsis

Editado: 05.02.2026

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