El verdadero Albedrío

Capítulo 6

Después del incidente “Groves”, aquel agosto de 1945, el presidente de los Estados Unidos impulsó dos reformas:
La primera fue que ningún secretario de Estado podría tener información clasificada que el presidente no supiera.
La segunda fue la creación de un nuevo departamento dentro del gobierno: una entidad dedicada a investigar y controlar todo lo relacionado con la especie que se manifestó aquella mañana de 1945.

El gran Evanizer Black… Desearía decir que me da gusto verlo, pero tenerlo frente a mí nunca es sinónimo de buenas noticias.
General Watson, igual de directo que siempre —exclamó un cansado Black.

Evanizer Black era el último heredero de aquel puesto creado en 1945. La única posición dentro del gobierno estadounidense que se heredaba. Era nieto de Ferdinand Black, aquel joven agente federal que tuvo la “fortuna” de estar presente en el “incidente Groves”, y al cual el presidente tenía en alta estima.

Evanizer creció dentro de un pequeño círculo de personas. Su educación se centró en teología y física teórica, dos temas aparentemente opuestos, pero esenciales para su futuro. Viajaba constantemente a regiones consideradas “sagradas” por distintas religiones. Desde joven supo cuál era su destino, y aunque eso le garantizaba ciertas prestaciones y cuatro semanas de vacaciones al año, para él representaba una condena. Un destino macabro que su familia debía cargar.

Black, me sorprende que el presidente no te enviara antes. Todo este desastre tiene un enorme letrero con tu nombre —comentó el general Watson.
General, no todo lo que no tiene explicación “normal” está dentro de mi jurisdicción. De hecho, no estoy seguro de que este incidente tenga que ver con mi campo —respondió con indiferencia el capitán Black.

Bueno, capitán, entre más rápido lo averigüe, más rápido sabré si podré dormir tranquilo esta noche después de mis oraciones. Lo llevaremos a la zona cero —exclamó el general.

Ambos subieron a una camioneta. A los pocos minutos llegaron al lugar donde comenzaba aquel hermoso piso blanco. Evanizer, al observarlo a distancia, gritó:

¡Alto! ¡No avancen ni un metro más!

El conductor frenó en seco. El general volteó con un gesto de molestia.

¿Qué sucede, Evanizer? —preguntó, antes de quedarse en silencio al ver el claro gesto de miedo en el rostro del inmutable capitán.

General, tenía usted razón. Esta situación tiene mi nombre. Dígame, ¿este piso blanco parece brillar por las noches?
Sí, capitán —respondió un soldado.

Todos descendieron de la camioneta. Evanizer sacó un paquete de cigarrillos de su gabardina negra, encendió uno y comenzó a fumar.

General, ¿entre su personal hay alguien con alguna condición especial?
Sí, mi secretaria particular, Jenny Buttler. Perdió una pierna en Afganistán —comentó el general, con seriedad.
Necesito que la traiga aquí lo antes posible —pidió Black mientras tomaba fotos con su teléfono.

¿Para qué la necesitas, Evanizer?
Para comprobar si podremos dormir tranquilos esta noche, general.

Jenny llegó minutos después, confundida, pero como buena militar, no cuestionó las órdenes.

Muchas gracias por venir, Jenny. Necesito que entres en la zona del piso blanco y permanezcas quieta unos minutos. Pase lo que pase, no tengas miedo. No salgas de ahí bajo ninguna circunstancia —le indicó Evanizer. Jenny miró al general, quien asintió.

Entró ayudada por un soldado. Una vez dentro del piso blanco, una luz la rodeó por completo. Todos observaban desde afuera.

Jenny empezó a sentir una fuerte vibración recorriendo su cuerpo, incluso en su pierna derecha… la que no tenía desde hacía años. Intentó moverse, pero no podía. Solo podía mover los ojos. Al mirar hacia abajo, vio que algo comenzaba a crecer desde el muñón: lo que parecía ser un hueso. No pudo gritar: perdió el conocimiento.

Cuando despertó, vio que todos la rodeaban. Lo primero que notó fue la expresión de asombro en sus rostros. Bajó la mirada y, después de tantos años, ahí estaba: su pierna.

Horas después, Evanizer conversaba con el general dentro de un camper militar:

Hace dos años estaba siguiendo el rastro de uno de ellos.
—¿De un ángel? —preguntó intrigado el general.
Sí. Terminé en Etiopía, en una región muy alejada. Había leyendas locales sobre una piedra milagrosa que curaba a los enfermos. Decidí investigar. Entré a una capilla y encontré una pieza similar a este piso blanco, en el centro de una fuente. Vi cómo una madre colocaba a su hijo herido sobre él… y cómo el niño recuperaba su brazo.

Alguien me habló entonces y dijo: "Es impresionante lo que se puede hacer al conocer las leyes del Señor. Este es un pequeño obsequio. Nadie en toda la creación tiene dentro de su mundo un pedazo del Elíseo. Hermano Black, por favor, deje de seguirme."

¿Me estás diciendo que este piso blanco que apareció junto con la enorme cabeza… es una parte del Paraíso? —preguntó el general Watson, sorprendido.
Sí. Y al parecer, general… no vamos a poder dormir esta noche.



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En el texto hay: #religiones, #nihilismo, #apocalipsis

Editado: 05.02.2026

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