¿Nunca les ha sucedido que todo a tu alrededor es exactamente igual que siempre, pero dentro de ti hay una sensación de que algo no está bien?
HAYYANNA es un lugar dentro del universo que se encuentra en otro plano, por encima del mismo. El profundo azul del cielo contrasta con el verde y dorado, colores de sus edificaciones. Existir en este plano es un privilegio; pocos seres son elegidos en vida para habitar en la misma ciudad que el creador de todo.
Aquí vivimos en absoluta tranquilidad, sin problemas de ningún tipo. La comida, al igual que todas las necesidades “básicas”, no son necesarias, con excepción del dormir, todo esto gracias a nuestro traje que nos fue dado al llegar a esta ciudad. El traje es una especie de exoesqueleto que tenemos prohibido quitarnos bajo pena de muerte.
Nadie recuerda qué era antes de vivir en este plano. Al recibir nuestro “traje” aceptamos abandonar nuestro pasado con la promesa de vivir en el paraíso terrenal, donde no pasaríamos hambre ni dolor de ningún tipo. Todos los habitantes comunes de HAYYANNA somos iguales; nuestros trajes son dorados con vestimentas verdes. Nos diferenciamos de los habitantes de mayor “rango” por la altura y la forma de la parte superior del exoesqueleto. En los guardias del Sagrarium —donde habita nuestro creador— la cabeza es más grande y tienen un halo rodeándola, además de seis pares de ojos.
En los últimos días tenemos prohibido salir de nuestra morada. Al parecer, nuestro creador abandona con más frecuencia la ciudad sagrada de HAYYANNA, o eso supongo, ya que esa es la única razón para decretar toque de queda. Es irónico que en el paraíso terrenal existan tantas reglas que limiten nuestra libertad, aunque creo que es un precio justo para evitar el sufrimiento de vivir fuera de este plano.
Al asomarme por la ventana pude observar algo que nunca había visto: unos habitantes de la ciudad con diez pares de ojos en la cabeza del exoesqueleto, además de alas en la espalda, algo que me extrañó, ya que las alas están reservadas solo para los guardias personales de nuestro creador. En las manos llevaban lo que parecían lanzas con dos picos estilizados de color dorado. Marchaban rumbo a la puerta de Nabucodonosor, la salida que conduce a la parte media del universo, donde se encuentra la mayoría de la creación.
Más tarde me pregunté qué sucedía cuando en mis ojos apareció un mensaje avisándome de una grave falta que estaba a punto de cometer si no cerraba la ventana y dejaba de mirar hacia afuera. Mi corazón se aceleró; era la primera vez que me sucedía algo así. El exoesqueleto se adapta tan perfectamente a tu cuerpo que es fácil olvidar que estás dentro de lo que parece una obra de increíble tecnología. Inmediatamente cerré la ventana y pedí una gran disculpa, poniendo la rodilla derecha en el suelo y agachando la cabeza, todo esto con rumbo al Sagrarium.
Unas letras aparecieron nuevamente en mi campo de visión, indicándome que, por ser una primera violación, no tendría castigo, pero esperaban más discreción de mi parte, pues no debía olvidar dónde me encontraba.
Toda esta situación retumbaba en mi cabeza, pero tenía miedo de pensar en ello, así que decidí hacer lo que más me gusta: entrar a la librería dentro del empíreo y leer acerca de la creación —una manera elegante de decir que accedí a la base de datos de mi exoesqueleto para leer un poco.
Desperté y me percaté que me había quedado dormido leyendo sobre la teoría de los diferentes planos dentro de un mismo universo. Me despertó una enorme explosión; sin embargo, no pude moverme, ya que mi exoesqueleto fue bloqueado y en mi campo de visión apareció un mensaje que recordaba la regla de nunca quitarnos el traje bajo pena de muerte.
No sé cuánto tiempo pasó antes de que el traje quedara completamente apagado. No quise mover ni un dedo, pues al apagarse escuché cuando se soltaron los seguros del mismo y me dio pavor abrirlo por accidente y pagar el alto precio que eso ameritaba.
Por primera vez desde que estaba aquí, comencé a sentir hambre. Solo escuchaba gritos de terror afuera, donde me pareció oír a alguien exclamar que lo que habían hecho era algo terrible y que de alguna manera no merecían estar en este lugar. Solo cerré fuertemente los ojos, esperando que todo terminara.
No sé cuánto tiempo pasó ni cuántos gritos escuché, cuando por fin el exoesqueleto se reinició y pude moverme nuevamente. La sensación de hambre desapareció, pero un miedo invadió mi cuerpo porque escuché muchas cosas sin querer. Sin embargo, lo único que apareció en mi campo de visión fue un mensaje de disculpas, avisando que por el momento no podíamos salir de nuestros hogares, que no había fecha para el fin del toque de queda y que teníamos prohibido asomarnos por cualquier ventana.
Además, nos informaban que el traje había recibido una actualización y que no debíamos preocuparnos si veíamos algo diferente en él, pues pronto recibiríamos indicaciones.
Me levanté y, por curiosidad, fui al espejo que había en mi cuarto. Mi sorpresa fue enorme al ver que mi cabeza era más grande y que tenía otros nueve pares de ojos cerrados.
—¿Qué significa esto? —me pregunté—. Sin embargo, lo que más me inquietó fue la enorme lanza que estaba en la puerta de entrada de mi habitación, la misma que observé en aquellos guardias personales que vi marchando hace no sé cuántos días.
No me dio tiempo de razonar mucho, porque dentro de mi campo de visión empezó a mostrarse una imagen del creador, quien nos pedía que aquellos que fuimos elegidos fuéramos de inmediato al Sagrarium.
Por primera vez desde que llegué a este plano, sentí un gran miedo de lo que podía suceder.