El miedo es algo muy común; todos en algún momento lo hemos sentido de una u otra manera. Sentirlo es parte de lo que nos hace saber que estamos vivos. Sin embargo, para Evanizer Black, el miedo era como una especie de radar que le indicaba que iba por el camino correcto en su búsqueda de lo que comúnmente conocemos como ángeles. Sin embargo, en esta ocasión, ellos eran los que se dirigían hacia donde él se encontraba.
El general Watson se limitó a observar incrédulo hacia donde estaban aquellas criaturas. Los demás soldados no pudieron siquiera mover un dedo. La majestuosidad de la criatura que se posó frente a ellos era imponente.
Treinta y dos pares de esferas volaban a su alrededor; tenía tantas alas que no se podían diferenciar unas de otras. Black no podía creer lo que sus ojos veían. Él sabía que un ángel con siete pares de esferas tenía el poder de borrar de la existencia un planeta entero y con tres pares de alas la capacidad de viajar casi instantáneamente de un lugar a otro. No podía imaginar lo que ese ser era capaz de hacer. Solo un Dios tendría el poder para enfrentar a semejante criatura.
Evanizer, después de tanto tiempo, volvió a sentir miedo. La última vez que recordaba haber sentido ese miedo fue años antes, cuando se encontraba en Centroamérica buscando pistas de lo que pensaba que era un ángel.
En aquella ocasión estaba en un viejo rancho propiedad de un acaudalado vinicultor, cuyo vino se atribuía propiedades curativas. El joven Black tuvo un desafortunado encuentro con otra especie de “ángeles”, antagonistas de los que él conocía, seres prácticamente iguales, solo diferenciados por algunos detalles: primero, los colores. Mientras los ángeles de “luz” son blancos y dorados, los ángeles de “oscuridad”, por decirlo de alguna manera, son negros con vestimentas rojas. Además, las máscaras de ellos cuentan con dos protuberancias largas que sobresalen de la cabeza, lo cual explica la manera en que son representados en diferentes civilizaciones.
En aquella ocasión, Black salió vivo, literalmente de milagro, y aprendió que existen más de dos planos en el universo.
Luego de recordar fugazmente esa experiencia, Black observó al imponente ángel que se posó precisamente frente a él. Black solo se limitó a ponerse de rodillas. Los demás soldados junto con el general Watson quedaron petrificados.
—Tiene frente a usted lo que siempre ha buscado, capitán —exclamó la imponente criatura.
Black no pudo pronunciar ni una palabra.
—Aunque espero, por el bien de ustedes, que lo que vengo a buscar no esté aquí —añadió la criatura—.
La criatura caminó junto con su ejército rumbo a donde se encontraba aquella cabeza colosal.
Black les indicó a todos que siguieran a las criaturas, pero que no intentaran comunicarse con ellas ni mucho menos tocarlas. Aunque le pareció extraño que no volaran ni se transportaran, sino que una vez dentro del hermoso piso blanco caminaran de manera normal. Caminaron hasta llegar a la cabeza gigante.
El ángel que parecía ser el líder, junto con su ejército, al observar de cerca la enorme cabeza, solo pudo hincarse.
—¿Están llorando? —preguntó el general Watson.
—No puede ser —exclamó Black, quien se apresuró a llegar donde estaba aquel imponente ángel y, aun con el gran temor que lo invadía, se atrevió a preguntar—: ¿De quién es esa enorme cabeza?
La criatura solo se limitó a responder:
—ES DEL PADRE DE TODOS NOSOTROS.