El verdadero Albedrío

Capitulo 13

Observe a mi alrededor, el exoesqueleto me da menos información que la normal; no me puede ubicar geográficamente y solo me reporta objetos cercanos. Me da también datos de mi salud y la integridad de mi arma. La enciclopedia me indica que la alabarda tiene dos hojas y me repite sin cesar la función de cada una: la plateada la debo usar con seres mortales y la dorada con seres divinos. Sin embargo, no entiendo muy bien a qué se refiere todo esto, me supongo que al verlos podré reconocer las diferencias, los divinos tienen las esferas a su alrededor. Recordé las indicaciones que nos dieron antes de enviarnos a este lugar.

Al entrar a este plano recordé ciertos aspectos de mi vida pasada. Sé que estoy en el planeta Tierra, en medio de un bosque, no sé en qué parte o en qué país estoy; sin embargo, sé que no debo estar muy lejos de mi objetivo. Otro dato es que el exoesqueleto tiene bloqueada la función de vuelo y algunas otras funciones. Al parecer estoy usando la batería interna del mismo. En HAYYANNA se tiene una fuente de energía que alimenta a toda la ciudad y sus habitantes; sin embargo, aquí estamos por nuestra cuenta. Por lo que indica mi visor, tengo una autonomía bastante grande como para estar por mucho tiempo en este plano, que por cierto es bastante más ligero que HAYYANNA, es decir, la gravedad es menor, me puedo mover más rápido. También noto que la tierra es más "obscura". En HAYYANNA existe un brillo particular en todas las cosas, todo parece más vivo, parece más "divino", y aquí todo es más opaco, pero aun así me parece hermoso. A diferencia de la ciudad original, la Tierra es más natural; en HAYYANNA todo es más tecnológico.

No recuerdo nada de antes de mi llegada a HAYYANNA, pero al entrar a este plano se me permitió saber que soy originario de la Tierra y reconocer características de la misma. Conforme avanzo recuerdo más cosas: sé que los seres de la Tierra respiran oxígeno, que el agua es importante y que los únicos seres con capacidad de razonamiento alto son los seres humanos. ¿Entonces yo soy un humano? Pregunté al sistema, que solo se limitó a responder que aprovechara lo que sé para sobrevivir y cumplir la misión.

Avancé varios kilómetros hasta que en el horizonte pude visualizar una figura roja que volaba en mi dirección. El exoesqueleto me mandó un mensaje de alerta de una presencia divina, y que al juzgar no parecía ser una amenaza imposible, por lo que me daba dos opciones: usar mi arma con la punta dorada o encontrar a mis semejantes para poder combatir con una probabilidad mayor de victoria. Decidí correr alejándome de aquella criatura; sin embargo, de pronto la tenía frente a mí. No podía creer lo rápido que se había movido al percatarse de mí, sin embargo, la tenía a escasos metros. Era de mi mismo tamaño, de color en su mayoría rojo con vivos en negro, llena con símbolos que desconocía en todo su cuerpo, con dos protuberancias que salían de su cabeza en forma de dos cuernos. Observé que a su alrededor giraban dos esferas y de su espalda salían un par de alas de un hermoso color negro ónix.

Se acercó a mí lentamente. En su mano portaba una espada que al agitarla desprendió una especie de llamas de color negro. Tomé la alabarda usándola con el color dorado. Al verla, la criatura se detuvo y pronunció unas palabras que no entendí en ese momento. Las esferas que lo rodeaban se acercaron a mí y regresaron a su portador. Para mi sorpresa, la criatura me preguntó en mi mismo lenguaje qué era yo y qué hacía en este lugar maldito. Di unos pasos atrás y le dije que yo era un ángel del creador supremo y venía a acabar con aquellos que se atrevieron a atacarlo.

Las esferas que lo rodeaban se detuvieron y él, en un instante, se puso a escasos centímetros de mí y me dijo:

—¿Supremo? Qué palabra tan extraña. Los ángeles del creador son criaturas de un impoluto color blanco con vivos plateados o dorados que jamás se refieren al creador con la palabra “supremo”. Tú, sin embargo, eres de un extraño color esmeralda y usas esa extraña palabra. Tú no puedes ser un ángel del creador; sin embargo, tu presencia me dice que eres de origen divino pero también eres mortal. Eres un mestizo que poco tiene que ver con este mundo. ¿Acaso tú eres parte de los culpables de la muerte de mi señor?

Aunque el exoesqueleto presentaba frente a mis ojos estadísticas, puntos débiles y el porcentaje de éxito al enfrentarme a él, existía dentro de mí una voz que me decía que huyera, que no quería saber qué era esa criatura y menos de qué era capaz.

Agarré fuerte la alabarda y le respondí que no sabía qué quería, pero que si no quería conocer el filo de mi arma se alejara de mí. El ser dio dos pasos atrás y nuevamente encendió su espada, y con un movimiento rápido me atacó directamente al cuello; sin embargo, el traje en automático logró colocar mi alabarda deteniendo la espada.

—Integridad de arma al 75%, integridad del traje al 95% —indicó el sistema.

—¿Cómo puede ser que de un golpe me haya hecho tanto daño? —brinqué hacia atrás y nuevamente el ser intentó degollarme, pero esta vez la alabarda logró tocarlo y hacer un corte en un costado de lo que sería su abdomen. La criatura pegó un enorme grito y se alejó de mí.

—Es imposible, solo existen dos armas en esta realidad capaces de dañar a un ser originario, es imposible que una esté en tus manos —me gritó la criatura.

Yo volví a ponerme erguido y tomé la alabarda en tono amenazante.

—Integridad del arma al 0%, integridad del traje al 25% —me pregunté—, ¿qué fue lo que sucedió si yo fui quien lo dañó?

La criatura soltó una especie de carcajada:

—Mi trabajo aquí ya está hecho, fue un placer conocerte, extraño ángel esmeralda. Ya tengo suficientes cabezas humanas en mi colección. Por más armadura que trates de imitar a un ser originario tengas, no dejas de ser un simple humano —y se alejó volando de mí.

El traje empezó a mandar diversas alertas, pero la que más me impactó fue la que decía:



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En el texto hay: #religiones, #nihilismo, #apocalipsis

Editado: 05.02.2026

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