El verdadero Albedrío

Capítulo 16

Evanizer se encontraba fumando su cigarro, como siempre lo hacía cuando estaba inquieto. Aquel viejo vicio que tanto odiaba de su padre cuando era niño y que, de manera irónica, él también tenía. Ahora comprendía por qué su padre parecía más tranquilo cuando fumaba aquellos cigarros, y entendía perfectamente el porqué de esa eterna melancolía en los ojos de su padre cuando no estaba fumando o trabajando en su despacho.

Evanizer terminó su cigarro y ya se encontraba de camino a su habitación en aquel búnker cuando el general se acercó a él para decirle lo que había pasado con el presidente. Por primera vez desde que conocía al general Watson, lo veía perder la compostura.

—Evanizer, por suerte tenemos protocolos en estados de emergencia. La cúpula mayor del gobierno no puede estar junta. El vicepresidente y los subsecretarios se encontraban en diferentes lugares, pero el gabinete se encontraba reunido con el presidente, por lo que también están muertos —exclamó el general Watson.

Evanizer lo observó y, con una pequeña sonrisa, lo tomó de los hombros y le dijo:

—Felicidades, nuevo secretario de Defensa.

Watson observó a Evanizer y se limitó a decir:

—Esta no es la manera en la que quería llegar al cargo.

Evanizer le respondió de forma irónica:

—Los caminos del Señor son así.

Watson lo observó y le comentó que temprano por la mañana tendrían una reunión con el nuevo gabinete y el recién nombrado presidente, y que Evanizer había sido llamado para asistir a dicha reunión. Evanizer asintió con la cabeza, se despidió del nuevo secretario y continuó su camino hacia su habitación.

Llegó, se recostó y se dijo a sí mismo:

—Por lo menos esta reunión no será para cuestionarme por qué no he tenido descendencia.

Como miembro de la familia Black y como poseedor del único cargo que se hereda por ley dentro del gobierno de los Estados Unidos, sabía perfectamente que debía tener uno o más hijos; sin embargo, odiaba la idea de tener una familia. No porque pensara que sería una carga o porque creyera que perdería su libertad. Simplemente no quería tenerla porque no deseaba que sus hijos cargaran con una vida sin fe ni seguridad.

Desde pequeño fue preparado para su cargo. Se le enseñó teología no como una manera de entender la fe, sino como el estudio de unos seres que se sabían un peligro para el gobierno. Mientras otros niños disfrutaban de las historias de los antiguos dioses nórdicos y griegos, Evanizer sabía que esos seres en realidad eran ángeles rebeldes que buscaban recibir adoración propagando su propia forma de culto. Mientras otros niños jugaban en el parque, él tenía que cambiar de ubicación constantemente y solo podía tener maestros particulares.

Los domingos, cuando sabía que muchas personas salían a escuchar misa, entendía perfectamente que aquello no era una cuestión de fe, que Dios existía y que no era como la gente lo concebía. Irónicamente, una de las pocas personas que conocía la verdad sobre la existencia de Dios y el paraíso era alguien que no tenía ni un gramo de fe. Siempre se repetía que no se podía tener fe en algo que se sabe que es real.

Detestaba la idea de educar a un hijo de esa misma manera. Además, las cosas que había vivido durante las diversas “operaciones” en varios países hacían que no quisiera que alguien más conociera el peligro de los seres demoníacos, aquellos ángeles caídos para los cuales la humanidad es el error más grande de la creación.

Evanizer miraba el techo mientras pensaba todo esto. Además, sabía perfectamente que, si los humanos habían sido señalados como culpables por Metatrón, al planeta le quedaba realmente poco tiempo.

—No existe un arma humana capaz de matar a un ser divino —habló para sí mismo.

En ese momento se levantó y fue al baño a mojarse el rostro. Observó su reflejo por un instante.

—¿Qué demonios son esos ángeles de color esmeralda? ¿Por qué parecen tener tantas cosas en común con los ángeles, pero también tantas diferencias?

Se recostó nuevamente y recordó cómo su padre siempre le decía que, pasara lo que pasara, era primordial comprender completamente la naturaleza de estos seres, ya que lo que se sabía siempre parecía ser muy poco.

—¿Cómo carajos el abuelo y tú pensaban que podríamos comprender la naturaleza de Dios y de los seres divinos, si solo somos simples humanos? —se dijo a sí mismo, hasta que se quedó dormido.

El toc toc en la puerta lo despertó.

—Voy —dijo con voz molesta.

—Comandante Black, perdón por despertarlo —dijo la voz detrás de la puerta.

Al abrirla, Evanizer observó a un joven militar sumamente asustado.

—¿Qué sucede? —le preguntó al verlo de esa manera.

—Un ángel de color rojo con negro entró al búnker y exige verlo para hablar personalmente con usted, o de lo contrario va a degollar a todos aquí dentro.

Evanizer sintió un fuerte escalofrío recorrer toda su espalda.



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Editado: 05.02.2026

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