El verdadero Albedrío

capitulo 18

Metatrón ignoró los llamados de Evannizer y se dirigió hacia el Luminario, una de las edificaciones más grandes de todo el Elíseo y el lugar favorito de su Padre cuando no se encontraba observando la fuente que le mostraba toda la creación.

La primera habitación del Luminario es una enorme edificación de forma circular con pilares blancos y vivos plateados. Por encima de la misma se encuentra el asiento del guardián de dicha estancia: el ángel Raziel, un ser incluso más antiguo que el mismísimo Metatrón y a quien muchos consideraban el principal consejero de Dios; sin embargo, este nunca se movió de su puesto como guardián del Luminario.

—Metatrón, ¿qué te trae por este palacio? —preguntó Raziel.

Metatrón volteó y, con una mirada fría, le contestó: —Todos me llaman Maestro; eres el único que se dirige a mí de una manera tan poco respetuosa, Raziel.

El ángel guardián lo observó y se limitó a preguntar: —¿Qué deseas ver en este palacio? —Quiero entrar al bosque personal de mi Padre.

Raziel descendió de su silla y se plantó frente a Metatrón. —Ese bosque, esa fuente de información, solo está reservada para el Creador de todo. Una de sus creaciones no es digna de acceder a ella —sentenció Raziel, alzando sus múltiples alas y sus esferas en señal de amenaza.

Metatrón, sin mover un solo músculo, replicó: —Yo soy el nuevo Creador de todo.

Raziel, con furia, empujó a Metatrón y le gritó: —¡Tú eres un simple ángel de segunda generación! ¡No eres digno de ser el nuevo Padre de todos nosotros! —¿Y crees que no lo sé? —respondió Metatrón con sencillez.

En ese instante, Raziel bajó sus defensas y se apartó para que Metatrón pasara al Bosque del Creador. —Mi Padre eligió bien a su sucesor. Pase, Maestro.

Metatrón avanzó sin decir una palabra más, pero antes de que la puerta del bosque se cerrara, Raziel añadió con una voz más baja de lo normal: —No nos juzgues... todo lo hicimos por amor.

La puerta se cerró. El Bosque del Creador es el diario del Padre de Todo; el lugar donde se guarda la historia de la existencia. Es un enorme recinto circular con una fuente en el centro. Cada árbol a su alrededor representa una parte importante de la creación, y cada rama, un fragmento de la historia. Los árboles están ordenados de izquierda a derecha, formando círculos concéntricos según el orden de los acontecimientos. Los seres divinos, al tocarlos, pueden experimentar los recuerdos vividos del Creador.

Metatrón no sabía por dónde empezar, pues había miles de ejemplares y no existía marca alguna que indicara el contenido de cada uno. «Encontrar el árbol que hable de la Primera Guerra Impía será complicado», pensó. Así que decidió, aunque fuera un proceso largo, revisar todo desde el principio.

Se acercó al primer árbol y lo tocó. Pudo observar cómo, en un inicio, no había nada más que su Padre. Vio cómo Él, con el movimiento de sus brazos, empujó la materia para que se expandiera por el universo; cómo tardó seis eras en escribir las reglas de funcionamiento de dicha materia y cómo, en la séptima era, descansó para proyectar su morada. Metatrón continuó observando los recuerdos: los detalles de cómo cada raza inteligente de la creación se desarrolló en sus respectivos mundos, hasta que llegó a un árbol que albergaba los recuerdos de la fundación del Elíseo.

Ese recuerdo parecía ser muy cálido; Metatrón sentía la presencia de su Padre y el gran amor que profesaba a sus obras. Sin embargo, las imágenes contrastaban con lo que él sabía. «¿Dónde están los ángeles?», se preguntó. Se percató de que su Padre construyó la mayoría de las estructuras sin ayuda de nadie; el Elíseo estaba solo y Él era su único habitante. Siguió observando el crecimiento de los palacios hasta que, en un instante, su Padre regresó al palacio principal para contemplar su grandeza.

Para su asombro, la imagen de su Padre pareció mirarlo directamente. Metatrón estuvo a punto de reverenciarlo, como siempre hacía, cuando la figura proyectada volteó hacia arriba y, extendiendo las manos, creó materia dotándola de una forma idéntica a la suya, diferenciada solo por una túnica verde. Eran prácticamente iguales. Metatrón soltó la rama, impactado. No entendía quién era ese ser ni por qué su Padre lo había creado a su imagen exacta.

Retomó el contacto con la rama. Su Padre llamó a aquel ser "Yalda" y le pidió que lo acompañara para ayudarle a crear vida tanto en el Elíseo como en el mundo de los mortales. Aquel ser obedecía todas las indicaciones. Juntos crearon, en un inicio, a los ángeles. Pero estos eran diferentes: le recordaban más a Raziel y a Lucifer que a sus otros hermanos. Tenían una actitud menos solemne y más propositiva. Metatrón entendió que se trataba de los ángeles de primera generación, aquellos que nacieron antes de la Segunda Guerra Impía. Él, por el contrario, fue creado poco antes de dicho conflicto; recordaba que su Padre lo despertó y, en ese instante, ya era consciente de todo.

Metatrón continuó observando y vio cómo su Padre no se separaba de Yalda. Este último también podía crear materia, pero, a diferencia del Padre, Yalda se agotaba demasiado en el proceso. Su Padre le decía que con el tiempo mejoraría, pues controlar el Origen era complicado; sin embargo, Metatrón percibió cómo, con el paso de los siglos, la frustración de Yalda crecía.

Al ver que Yalda seguía decaído por el esfuerzo físico que le suponía crear materia, el Padre decidió crear al más bello y sabio de sus ángeles con la misión de ser el consejero principal de ambos. La idea era que, si Yalda se cansaba, este ángel le ayudaría a usar sus habilidades de una manera más práctica y menos pasiva. Así, Metatrón vio cómo su Padre alzó las manos y formó a Lucifer.

Yalda cambió su frustración por una gran emoción. La relación que forjó con Lucifer fue sumamente cercana. Por cientos de años, la estrategia del Padre funcionó a la perfección: Yalda creaba de forma más eficiente gracias a que la inteligencia y razón de Lucifer lo complementaban. Además, Lucifer resultó ser el consejero ideal; incluso el Padre tomaba muy en cuenta sus palabras. La organización del Elíseo parecía perfecta.



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Editado: 08.05.2026

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