El verdadero monstruo

El creyente

Me bañe rápido,guarde todo lo importante y salí a la casa de Simón… el solo hizo un gesto vago ,saco el auto de su mamá y salió… Bien… siete de la noche y debo conseguir que un niño de ocho años quiera dormir… plan fácil…¿Verdad? Entre a la sala ,Cris se encontraba enojado en el suelo pintando algo y con una pijama.

—¿Estás bien…?

—Jodido traidor…—Respondio el niño entre murmuros.

—Hey,el vocabulario… ahora vas y le dices a tus padres algo como “Damián me enseñó esa palabra” y me matan.

—¡PUES AHORA LES VOY A DECIR ESO!

—Cris…

—¿Dónde esta Simón…?

—Salio.

—¿¡De nuevo!?

—Ya sabes cómo es tu hermano

Cris regreso a lo suyo ,yo arroje mi mochila al comedor y me arroje al sillón con mi teléfono.

—Oye Damián…¿Que hace Simón..?

—Con una chica.

—¿Y es su novia…?

Me quedé helado unos segundos… luego me incorporé para ver a Cris mejor… el seguía dibujando… y se detuvo para mirarme.

—Estas muy de preguntón.

—¿Tanto te cuesta decir “no,no es su novia”.

—¡Pues yo no sé! Tu hermano es raro y desde que entro a la universidad se cree mucho para hablarme a mi o a Alina de sus cosas.

—Pues tu eres el niño llorón ahora…¡Yo estoy peor!¡Se supone que debe cuidarme por obligación y se fue con una chica…!

Cris se quedó un tiempo más pensando… luego arrojó el cuaderno donde estaba dibujando bajo el sillón.

—Odio a las chicas—murmuro bajito…

—Ja…¿Sabes que tu madre en teoría es una chica no? Además en el futuro —

—¡Yo las odio Damián!

—¡Wow,wow entendí el mensaje…!

—Quiero hamburguesas

Fruncí el ceño.

—Tu hermano dijo que hay macarrones con queso.

—¡Yo quiero hamburguesas!¡Es lo menos que me deben ustedes dos!

Bien… noche difícil. Me aseguré de que el niño hiciera su tarea, vio la tele, cenó y durmió tranquilamente.

—¡YA TE DIJE QUE NO TENGO SUEÑO! —gritó Cris.

—¡Pues yo te digo que no tienes opción! No soy tu mamá, ni tu papá, ni tu hermano para tener tanta paciencia, así que, por favor, a dormir. Ahora.

—¡NO! ¡NO QUIE—!

—¡Cris! A los niños que se quejan mucho se les caen los dientes.

—Pero a mí ya se me cayeron… estos son los permanentes… —mencionó bajito, como si eso rompiera mi lógica de “castigo”.

—Pues ahora se te van a caer los de verdad, y ya no van a crecer.

—¡Eso no funciona así!

—¡¿Por qué crees que a los grandes no se les caen los dientes!? Porque ya se portan bien. ¿Tú quieres que se te caigan como a los ancianos que se cansan de seguir reglas y se portan mal?

—¿Entonces a mis padres y a Simón se les van a caer también los dientes?

Sip. Perfectamente bien mi trabajo de niñero. Me senté esperando la llamada de Alina hasta que, horas después…

BRR BRR

—¿¡Eso fue una abeja!?

—No. Es mi teléfono… ¿Sí? —le contesté a Alina.

—¡Damián, ven ahora! Los padres de Cassidy se durmieron y logramos salir. Ven ahora a la escuela… Nosotras estamos en camino. No podemos hacer mucho ruido, así que te escribo más tarde. Nos vemos, ya sabes dónde.

—¿En ese baño? ¿De nuevo? ¿O te espero en la entrada?

—Ya veremos. Lleva tu teléfono… nosotras nos encargamos de lo demás.

—¡Voy!

Cerré la llamada, tomé mi mochila y levanté a Cris como si fuera un saco.

—¡OYE, NO! ¡SUÉLTAME!

Lo solté en su habitación, cerré ventanas de la casa y dejé las reglas claras.

—Tú te vas a dormir ahora. ¿Ok? Si no, le voy a decir a tus padres que te portaste mal.

—¡Eso no es cierto!

—¡Pues ellos sí me van a creer!

—¡No, no, no! ¡Tienes que llevarme a donde vas! ¡No me puedes dejar como Simón!

—Cris, entiende, no te puedo llevar conmigo ni aunque quiera. Voy a hacer una diligencia de adultos.

—Pero tú no eres adulto…

—¡SOLO ES UN AÑO!

Suspiré… definitivamente no lo voy a llevar. No sé cómo, pero no lo voy a llevar. Negocié con Cris para que se quedara; se resignó.

Salí hasta la escuela, me salté la cerca ,caí del otro lado y di pasos rápidos hacia atrás, intentando esconderme de cualquier cosa. Miré con atención a mi alrededor, vi esa figura pequeña… mis ojos se abrieron inmediatamente.

—¡¿CRIS!?

Cris estaba sujeto por la manga del suéter de su pijama a la cerca, aún aferrándose a ella entre gritos de auxilio… genial… Gran niñero, Damián. Me acerqué rápido a él, extendiendo mis brazos.

—¡Cris, no grites! ¡Tranquilo…! Solo… solo arrójate y yo te atra—

—¿¡QUÉ!? ¡CLARO QUE NO! ¡AYÚDAMEEEE! ¡DAMIÁN, LLAMA A LOS BOMBEROS!

—¿¡Qué!? ¡No! ¡Cris, solo arro—!

—¡Damián! ¿¡Qué es esto!?

Giré automáticamente… Cassidy y Alina salían de la escuela, preocupadas por lo que veían ante sus ojos. Sin embargo, mis ojos se fueron directamente a la tabla de ouija que se encontraba a un costado de Cassidy.

—¿Un… un niño…? ¡¿Damián, qué carajos te pasa?! ¡Es solo un niño! ¡No debería estar aquí! ¡Esto es entre nosotros!

—¡Cassidy, él vino detrás de mí! ¡Obviamente no iba a traer a un niño aquí!

—¡¿C-Cris?!

Alina intentó acercarse a él para ayudarlo, pero… Cris no quiso. Buen momento para ponerse de quisquilloso.

—¡No, no, no! ¡No quiero que me toque una mujer!

—Mira, Cris, no voy a hacer bromas sobre cómo suena eso porque tienes como ocho, pero… ¡suéltate ya! ¡Ahora!

—¡ME VOY A CAEEEER!!!

Hice una mueca al escuchar el grito de Cris… definitivamente estábamos en problemas. En un impulso, lo jalé rápidamente hacia abajo, no sin romper la manga de su pijama en el proceso.

—¡AHHHHHHHHHHH!

—¡Cris, cállate!

Cassidy me miró mal y Alina intentó acercarse a Cassidy. Ella extendió su mano, pero…

—¿Estás bien, peque?—

—¡No! —gritó Cris, apartando su mano—. ¡No quiero que me toques!

—Ok, definitivamente eres un niño malcriado… —murmuró Alina, alejándose.

—Alina, entiéndelo… es un niño.

—Cassidy, no tiene cuatro…




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